El marido acaba de abrir la puerta en ropa interior y zapatillas. Su mujer está en la habitación, tumbada en una cama articulada. Está maquillada, con un poco de sombra en los ojos y brillo en los labios. Barbara Pitsillides, la enfermera, le trae una almohada más cómoda. “¿Se le han pasado las náuseas?”, pregunta.

La mujer no se acuerda de sus náuseas matinales. Le falla la memoria: ha aparecido metástasis en el cerebro. “Nuestra lucha dura ya 10 años y queremos que dure otros 10 más”, comenta su marido observándola, mientras la mujer esboza una sonrisa silenciosa. Este hombre dedica cada instante de su jornada a cuidar de la mujer con la que se casó hace 40 años. Le aterroriza la idea de cometer el más mínimo error.

Unirse a la Asociación de Enfermos de Cáncer y Familiares le tranquilizó. En cualquier momento, si tiene alguna duda, puede llamar al equipo de la asociación. Ellos le han proporcionado la cama articulada, la silla de ruedas, la reserva de oxígeno portátil.

Donaciones en caída libre

Barbara no sabe cuánto tiempo más podrán hacer llegar estos servicios hospitalarios a los hogares de los que intentan vencer al cáncer. Las donaciones están en caída libre desde el mes de marzo y desde que tuviera lugar la negociación entre el ejecutivo de la República de Chipre y la troika (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) para la concesión de un préstamo de 10.000 millones de euros a cambio de la reducción del sector bancario chipriota. Las actividades del Banco Laiki (Banco popular de Chipre), la segunda entidad bancaria del país, se dividieron entre un “banco malo” y un “banco bueno”; el primero se disolvió y el segundo fue absorbido por el Banco de Chipre, el número uno del sector chipriota. Las cuentas superiores a 100.000 euros se bloquearon y se redujeron a esa cantidad, con pérdidas tanto para los accionistas como para los acreedores.

“La situación es muy complicada. Ya nos hemos bajado los sueldos un 20 % para no tener que limitar nuestros servicios”

Barbara vuelve a subirse a su viejo coche oficial, que ha aparcado delante de la casa de la pareja. Hace 20 minutos se encontró con Nicolas Philippou, director general de la asociación, en la sede de ésta, un edificio alquilado a las afueras de Nicosia. “La situación es muy complicada. Ya nos hemos bajado los sueldos un 20 % para no tener que limitar nuestros servicios”, lamenta.

Además de los cuidados paliativos a domicilio, la asociación gestiona un centro de acogida de día y ofrece apoyo psicológico, formación sobre salud, fisioterapia y transportes hacia el centro de oncología. “En condiciones normales, disponemos en nuestra cuenta bancaria de dos a tres meses de presupuesto. Cuando se aplicaron los recortes, teníamos 170.000 euros en el Banco Laiki. Y de repente nos dijeron: ‘Ahora sólo tienen 100.000, el resto se ha retenido’”.

Los tiempos cambian

Las autoridades no hicieron ninguna distinción entre depósitos a plazo fijo y las cuentas corrientes. Esto se tradujo en una sequía de liquidez en el país. Posteriormente, “decidieron hacer una excepción con las asociaciones con fines no lucrativos y retenerles únicamente el 30% del tramo por encima de los 100.000 euros, en lugar del 100%. Nos devolvieron el dinero en mayo y así pudimos pagar los sueldos”.

En los dos bancos también se encontraba gran parte de los fondos de previsión de los trabajadores. En Chipre, donde el subsidio por desempleo sólo se paga durante 6 meses, muchos directivos animan a su personal a que coticen en este fondo común. Cuando el empleado deja la empresa, percibe la cantidad correspondiente a sus cotizaciones: es una forma de indemnización. “Aún no sabemos qué ocurrirá con este fondo”, comenta con preocupación Nicolas Philippou.

Este drama afecta a muchas empresas, como podemos comprobar al visitar el Sindicato de Empleados del Sector Bancario de Chipre (ETYK), en la ciudad nueva de Nicosia. Constantinos Hadjimavros, que trabajaba en el Banco Laiki desde hacía 13 años, tenía todos sus ahorros en el fondo de previsión. Ahora tiene miedo. Siempre había planificado su existencia con la idea de que tenía un empleo de por vida: se jubilaría en el banco a los 60 años, como imponen las normas, percibiría la parte del fondo que le corresponde y así podría saldar sus préstamos y conservar parte de sus ingresos para poder esperar a los 65 años y cobrar su pensión de jubilación. “Así es como funcionaba el sistema”, insiste.

En Chipre los tiempos cambian y es algo que se percibe al pasear por la capital, bajo un sol abrasador. En la Avenida Makarios, se ven muchas cortinas bajadas en los escaparates. En estos dos kilómetros de oficinas, tiendas de moda y grandes firmas internacionales que Chipre había convertido en la vitrina de sus ambiciones ahora la actividad se desarrolla a ralentí. Las tiendas cierran y dan paso a la vieja ciudad con bares y cafés en los que tanto chipriotas como extranjeros se sientan ante un café o un helado.

“El último verano de felicidad”

“Nadie sabe qué va a suceder, pero la sensación general es que vamos de mal en peor

Y, como surgido de la nada, se encuentra el singular café del poeta Stavros Lambrakis. “El conflicto con los turcos [desde la invasión del norte de la isla en 1974] permitió desviar la atención", opina este joven de aspecto descuidado. "Sirvió de excusa. Todo el mundo hacía lo que le venía en gana. Hoy la gente comprende que el verdadero enemigo es el sector bancario. Es la parte positiva de esta crisis: la gente por fin comprende lo que sucede. Por supuesto, la parte mala es que sufren”. Todo el país es presa del miedo: “Nadie sabe qué va a suceder, pero la sensación general es que vamos de mal en peor. No hay esperanza y es muy triste”.

Entre las mesas del café se encuentra un periodista freelance que trabaja para la cadena Al-Jazira, para el diario Politis y para el sitio web cyprusnews.eu. Tampoco corren buenos tiempos para los periodistas, a pesar de la acuciante necesidad de informar. Ioannis Sotirioa sólo puede constatar reducción de sus encargos, así como en las tarifas que le pagan por cada trabajo. Para sobrevivir, este joven delgado, de baja estatura, con el pelo rapado y gafas de montura gruesa, se levanta antes del amanecer el sábado para ir a vender frutas y verduras al mercado.

El agente de policía Themis Themistoklis está muy enfadado con el Gobierno. Se iba a jubilar en 2012, pero le aconsejaron esperar a febrero de 2013, para llegar a los 56 años. El 28 de diciembre de 2012 se adoptó una nueva ley sobre la jubilación que entró el vigor el pasado 1 de enero. “Iba a tener una pensión de 1.620 euros y ahora me encuentro con 1.469 euros: son 151 euros menos, 12 meses al año. ¡He interpuesto un proceso contra el Estado y he pedido al Tribunal Supremo que me explique por qué adoptaron esa mierda de ley tres día antes de Año Nuevo!”.

El país se está hundiendo. “Los chipriotas viven su último verano de felicidad. Hasta septiembre, entrará el dinero [del turismo]", predice Themis Themistoklis. "Pero cuando acaben las vacaciones estivales, los europeos comprobarán la furia de los chipriotas. Ya no veremos las mismas imágenes en Euronews.”