Son escenas que desgraciadamente se han vuelto casi cotidianas en la vida política en Europa. Se pone en tela de juicio a unos dirigentes, en algunos casos en el más alto nivel del Estado, por casos de corrupción, falta de ética o financiación ilegal de su partido. A menos de diez meses de las elecciones europeas, que tendrán lugar el 25 de mayo de 2014 en Francia, Italia y España, estos hechos fomentan la desconfianza de la opinión pública en los políticos y perjudican a la democracia.

En Italia, Silvio Berlusconi ha visto cómo el Tribunal de Casación escándalos, el presidente tuvo que comparecer el jueves 1 de agosto ante los diputados, para realizar un confesión humillante. Sin convencer, Mariano Rajoy negó rotundamente las acusaciones del extesorero de su partido, Luis Bárcenas, en prisión desde finales de junio por fraude fiscal, sobre la presunta financiación ilegal del Partido Popular. Rajoy, que únicamente confesó haber cometido el error de confiar en Bárcenas, intentó "frenar la erosión de la imagen de España". La oposición socialista ha exigido su dimisión. Pero el Partido Socialista no ha logrado reconstruirse tras su fracaso electoral de noviembre de 2011, que implicó la caída del partido de José Luis Rodríguez Zapatero.

Maná para los populistas

Estos hechos aumentan la desconfianza de la opinión pública, que no deja de crecer encuesta tras encuesta, para deleite del Frente Nacional

Francia por desgracia tampoco ofrece una imagen mejor: en el país también son noticia una serie de asuntos que, con géneros y grados distintos, afectan a la derecha y a la izquierda. Un ministro de la República, Jérôme Cahuzac, mintió durante meses al presidente de la República y a la opinión pública sobre la existencia de una cuenta en Suiza. Su confesión tras su dimisión ha provocado un auténtico seísmo político. Un expresidente de la República, Nicolas Sarkozy, ha visto cómo ha invalidado sus cuentas de campaña el Consejo Constitucional, porque no respetó las normas del juego del que debía ser garante. Los casos se multiplican tanto en la derecha, afectando a la galaxia de Sarkozy, como en la izquierda, ya que se ha acusado de corrupción a socialistas notables. Estos hechos aumentan la desconfianza de la opinión pública, que no deja de crecer encuesta tras encuesta, para deleite del Frente Nacional.

En una Europa en crisis, en la que la paralización gana terreno cada día, Italia, España y Francia, por no mencionar los casos de Rumanía y Bulgaria, ofrecen imágenes abrumadoras de estas democracias.

En mayo, una encuesta de Ipsos encargada por Publicis, y realizada a 6.198 europeos arrojó unas cifras alarmantes. A la pregunta de quién propone soluciones constructivas ante la crisis, sólo el 21% respondió que el Gobierno en Francia, el 19% en España, y el 15% en Italia, en contraposición al 45% en Alemania. Si este clima nocivo perdura, nos tememos que en mayo de 2014 los populistas serán los más beneficiados.