Las revelaciones han caído como una bomba entre los medios de comunicación de Hungría. El 18 de noviembre, el semanario Heti Válaszpublicó una investigación, fundamentada en cinco documentos que se conservan en los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores, que pretendía demostrar la colaboración del periodista con el régimen comunista.

Instalado en Viena desde el estallido de la insurrección húngara de 1956, Paul Lendvai es el comentarista de mayor relevancia de la vida política de su país. Recientemente ha publicado un libro titulado “Mein verspieltes Land” (Mi país perdido), en el que describe el panorama sombrío de una Hungría presa del rebrote del racismo y el antisemitismo.

Sorprendido por las revelaciones de Heti Válasz, Paul Lendvai se ha negado a responder a las preguntas de los periodistas, pero ha declarado que ha sido objeto de investigación por parte de la policía secreta. “No hay por qué esperar que alguien venga a declarar voluntariamente: ‘He sido un cabrón, lo siento’. Esa es la excepción, no la regla. Así es la naturaleza humana”, comenta László Tamás en la [página web de Hirszerzo](http:// http://hirszerzo.hu/publicisztika/20101123_lendvai_ugy).

Pero el editorialista, considerado de izquierdas, añade que “János Martonyi o Pál Schmitt prefirieron vivir, y vivir bien [antiguos privilegiados del régimen comunista, hoy de derechas, en la actualidad son ministro de Asuntos Exteriores y presidente de la República, respectivamente]. Paul Lendvai optó por lo mismo, debido a que era el mayor experto en política húngara en el oeste. Pagaron el precio que les había sido impuesto por la dictadura. De acuerdo. Sin embargo, ahora deben pagar el precio moral que les exige la democracia por su antiguo oportunismo”.

Seis meses después de la cómoda victoria del Fidesz (partido de centroderecha) en las elecciones legislativas, y mientras Hungría se prepara para asumir la presidencia de la UE, este asunto viene a sumarse a las polémicas sobre la política del primer ministro Viktor Orbán, que muchos consideran como una desviación autoritaria.

En su blog, el antiguo primer ministro socialista, Ferenc Gyurcsány, es uno de los pocos en salir en defensa de Paul Lendvai. “Estoy asqueado. En este asunto no se trata verdaderamente de Lendvai. En realidad, se trata de la derecha húngara. (…) Lendvai cuenta con mi apoyo en su lucha por conseguir que se comprendan los motivos que le llevaron a tomar las decisiones que tomó antaño. (…) Y ya va siendo hora de que se deje de hurgar en el pasado”.

En el semanario independiente HVG, János Pelle declara que “muchos esperan que Orbán, en lugar de sentar las bases para una democracia más sólida, introduzca un sistema autoritario y, siguiendo el ejemplo de Putin, se instale por perpetuidad en el poder. No logrará desmentir tales acusaciones a no ser mediante hechos y gestos concretos”. No obstante, el periodista y profesor de historia de la Escuela Rabínica de Budapest se pregunta: “¿Cómo es posible que los periodistas occidentales se muestren comprensivos en todo momento con los gobiernos de izquierdas y que, sin embargo, Orbán les remita a pensar inmediatamente en los peligros del fascismo?”.