La comparación entre el funcionamiento de los transportes públicos en Tallin y en Tartu [la segunda ciudad de Estonia], permite sacar ciertas conclusiones sobre los cambios de hábitos.

En primer lugar, observamos que el precio no es el único criterio para utilizar los transportes públicos. Por otro lado, podemos determinar que nuestra elección por un medio de transporte también depende de los hábitos que teníamos anteriormente. Para los que ya habían optado por caminar, el precio tiene un impacto más importante. Para los que preferían el coche, la calidad de los transportes públicos constituye un factor decisivo.

En Tallin, se habían evaluado mal las preferencias de las personas que optan por el coche. Uno de los argumentos (dejando a un lado el populismo) que influyó más a la hora de instaurar la gratuidad de los transportes públicos, era el de lograr una ciudad ecológica: cuantos menos coches, menos contaminación del aire y menos ruido en la ciudad. Pero no es lo que ha sucedido. Según el Centro de Investigación sobre Transportes del Instituto Real Tecnológico Sueco, la gratuidad de los transportes públicos en Tallin ha hecho que aumente el número de viajeros únicamente un 1,2%, por lo que no se ha registrado una subida particular.

Factores determinantes

Con la gratuidad de los transportes públicos lo único que se ha logrado es detener el descenso constante de los usuarios

La diferencia de Tallin con respecto a otras ciudades estriba en que los transportes públicos ya eran más baratos aquí y en que el porcentaje de usuarios de los transportes públicos era ya mayor que en otros lugares. Con la gratuidad de los transportes públicos lo único que se ha logrado es detener el descenso constante de los usuarios.

Probablemente existan también otras razones. A principios de este año, el profesor Dago Antov de la Universidad Tecnológica de Tallin señaló en Postimees tres factores que influyen en la decisión de los usuarios. En primer lugar, el tiempo que se tarda en recorrer una distancia. A continuación, el coste y todo lo que se puede incluir en el término “calidad”: es decir, si el autobús o el tranvía van sobrecargados, cómo son los demás pasajeros, si el conductor es educado, etc.

Por último, el coste tan sólo es fundamental para las personas con bajos ingresos, mientras que el tiempo y la calidad son factores determinantes para las personas con ingresos más elevados. Dado que los conductores pertenecen más bien a esta última categoría, podemos comprender en parte por qué la gratuidad de los transportes públicos no ha reducido el número de vehículos.

Gratuidad del transporte

Hay otros factores que no han contribuido a que descienda el número de automovilistas. El principal es sin duda el hecho de que los transportes públicos únicamente son gratuitos para las personas registradas como residentes en la ciudad de Tallin. Los habitantes de los municipios cercanos a la capital [que se desplazan hasta ella para trabajar] y que son los más numerosos en optar por el coche, no tenían ninguna motivación para cambiar sus hábitos. Por lo tanto, ha resultado que las personas no se comportan según las expectativas de la ciudad, sino según lo que les beneficia más.

A comienzos de 2012, Hannes Luts, de la Universidad Tecnológica de Múnich, escribía en este diario que si los transportes públicos seguían siendo un servicio lento y de baja calidad, la gente no los utilizaría aunque fueran gratuitos. Y en gran parte es lo que ha ocurrido en Tallin.