Paraguas rojos y amarillos, mesas plegables y grandes pancartas. Aunque es muy improbable que Ucrania firme un acuerdo de asociación con la Unión Europea, al menos de momento, ese partido de fútbol se está jugando en la plaza de Sobornaya de Odesa. Se están recogiendo firmas, tanto de los defensores del acuerdo con la UE como de los que respaldan la unificación de Ucrania con Rusia. Por un lado están los nacionalistas de los Partidos de Svoboda y Batkicshchyna, y por el otro los comunistas y los que pertenecen al Partido Ródina.

El líder de este último, el ex diputado Ígor Markov, se ha convertido en una víctima reciente de ese partido geopolítico que se está jugando para establecer el futuro de Ucrania. Fue arrestado a finales de octubre por vandalismo, y sentenciado a permanecer bajo custodia hasta el 20 de diciembre. Sus seguidores dicen que fue detenido por ser demasiado pro-ruso, incluso para el Partido pro-ruso de las Regiones. Sus opositores se limitan a calificarle de un agente ruso que se ha vuelto demasiado peligroso para el presidente Viktor Yanukóvich.

El discreto encanto del imperio

En Odesa se pueden encontrar signos de un pasado glorioso. Las casas de vecinos de estilo modernista son realmente bonitas, pero están en un estado tan ruinoso que aterra entrar en ellas por miedo a que el techo se te puede caer encima. Prácticamente todo el mundo habla en ruso en esta ciudad, ya que es la lengua franca en las tiendas, oficinas y restaurantes. El único lugar donde se habla ucraniano es en la sede local del Partido Svoboda. Según Pavel Kirilenko, el treinta y tantos por ciento que representa abiertamente al partido en el Parlamento ucraniano (la Rada Suprema) creen que aún es posible establecer una asociación con la UE, y la considera la única opción viable para el futuro del país.

“Independientemente de cómo se resuelva el caso de Yulia Timoshenko, la UE debe aceptar firmar el acuerdo”, dice el señor Kirilenko. Eso, en su opinión, no solo ayudaría a levantar la renqueante economía ucraniana, sino que también permitiría que el país se independizase realmente de Rusia. “El precio puede ser muy alto: un boicot de los productos ucranianos por parte de Rusia, y un posible intento de provocar que Crimea se separe de Ucrania. Sin embargo, cuanto antes lo hagamos, mejor”, argumenta el joven diputado.

En Odesa, la cuestión de la integración con la UE es una cuestión sobre Rusia

En Odesa, la cuestión de la integración con la UE es una cuestión sobre Rusia. El señor Kirilenko se siente sumamente feliz de que el “agente ruso”, como él llama al influyente Ígor Markov, líder del Partido Ródina, se encuentre en prisión. Hasta hace muy poco, Markov era diputado del Partido de las Regiones, y se le consideraba un asociado íntimo del dirigente “lobby Donetsk”. Pero sus opiniones son muy controvertidas incluso para los estándares ucranianos: Markov considera a Ucrania un Estado estacionario que debe regresar al redil del imperio ruso.

Dicho esto, las razones oficiales de su arresto pueden parecer un poco oscuras. Si nos remontamos al año 2007, Markov lideró una exitosa campaña para que se levantase en Odesa un monumento en honor de la emperatriz Catalina II. Durante una protesta organizada por el Partido Svoboda, hubo algunos actos violentos y se dice que Markov golpeó a uno de los manifestantes. Hasta hace muy poco nadie había prestado mucha atención a ese incidente. Ahora, sin embargo, se le ha quitado su inmunidad y se le ha detenido.

La polémica de Yulia

Antes de su arresto, no había duda de que Ígor Markov, que tenía un retrato de Vladimir Putin en su despacho y pasaba más tiempo en Moscú que en Kiev, era un político pro-ruso. Según el periodista de la Radio Svoboda, Ivan Shevchuk, formaba parte de una gran campaña, controlada directamente por Moscú, y cuyo objetivo era evitar que Ucrania estableciese una asociación con la UE. “Nadie sabe qué cantidad, pero se ha destinado una enorme suma de dinero a ese propósito”, dice el señor Shevchuk.

Vladimir Mamonov, un empresario pro-ruso, afirma que el acuerdo de asociación sería un “desastre” que podría acabar con la economía de Ucrania: “Tenemos unas conexiones muy sólidas con otros Estados postsoviéticos. No se pueden separar los vasos comunicantes. Sin acceso al mercado ruso y sin el gas ruso, la economía ucraniana se vería terriblemente afectada”.

Por otro lado, el señor Mamonov está muy enfadado por lo que él denomina la inoportuna propaganda pro-europea. “Pat Cox y Aleksander Kwaśniewski [expresidente del Parlamento Europeo y presidente polaco, que lideran una misión del Parlamento Europeo en Ucrania] no deberían decirle a un país soberano que cambie su legislación por la mera razón de liberar a la señora Timoshenko”, añade.

Según Shevchuk, está última condición ha sido inaceptable para el presidente Yanukóvich desde el principio: “Teme verdaderamente perder las elecciones presidenciales, y si liberan a la señora Timoshenko, su victoria podría correr un serio peligro”.

El señor Yanukóvich tiene dos metas: que su familia se convierta en una de las más ricas de Ucrania (su hijo Alexander es ya uno de los principales oligarcas), y gobernar el mayor tiempo posible

Según el periodista de la Radio Svoboda, el señor Yanukóvich tiene dos metas: que su familia se convierta en una de las más ricas de Ucrania (su hijo Alexander es ya uno de los principales oligarcas), y gobernar el mayor tiempo posible. Para conseguir este último propósito necesita dinero, y no le importa si proviene de Rusia o de la UE.

La influencia rusa

Por eso, la mejor decisión del presidente Yanukóvich podría ser no tomar ninguna decisión. Él no desea realmente ese acuerdo de asociación con la UE, ni tampoco le interesa esa unión aduanera con Rusia, Bielorrusia y Kazajistán que Moscú promociona de forma tan contundente. En su escenario ideal, el señor Yanukóvich preferiría continuar con la estrategia “multi-vectorial” del ex presidente Leonid Kuchma, es decir, coger dinero de donde sea a cambio de promesas inconsistentes. El problema es que esa política ha sido descartada y no hay forma de volver a ella.

La economía del país está en una situación desesperada y el Gobierno necesita dinero antes de las elecciones presidenciales de 2015. Lo puede coger de Oriente o de Occidente, pero quien lo proporcione será quien ponga las condiciones. Moscú ha sido un negociador muy duro, y las visitas del señor Yanukóvich no han supuesto un gran avance. El Kremlin quiere que Ucrania se una a la unión aduanera porque Rusia desea controlar la industria ucraniana, algo que amenaza directamente a los intereses de Yanukóvich y los oligarcas que le respaldan.

Según el periodista de la Voz de Rusia, Dmitry Babich, Moscú necesita mantener su influencia sobre Ucrania si desea continuar siendo una potencia mundial: “El problema es puramente económico. Si Rusia quiere ser un importante centro financiero, necesita un mercado de al menos 200 millones de consumidores. Su población es solamente de 140 millones. ¿Cómo puede encontrar los 60 restantes? La respuesta es obvia: convenciendo a Ucrania de que se una a esa zona económica común”, explica el señor Babich. Sin embargo, hay también motivos políticos ocultos tras esa motivación económica. Una cosa es segura: aunque el acuerdo de asociación entre la UE y Ucrania no se firme en la cumbre de Asociación Oriental que se celebrará en Vilna los días 28 y 29 de noviembre, ese no será el final del partido sobre el futuro de Ucrania, sino el principio.