Según una bella expresión de Mário Soares [ex primer ministro portugués], Europa fue el nuevo destino de un Portugal que salía del trágico sueño del Imperio [colonial]. Con la integración europea, los portugueses descubrieron un espacio de valores, de democracia y de solidaridad en las antípodas del cinismo de la dictadura. Recibieron la promesa, en suma, de una calidad de vida que no se limitaba al crecimiento económico.

Los portugueses apenas se plantean la pregunta de si la seria crisis que atraviesan es un problema europeo: la idea que prevalece es que son los únicos responsables, es decir, los únicos culpables. Responsables, porque han querido ser europeos demasiado rápido, porque considerarse europeos era para ellos una ambición desmesurada.

Durante largos años aún, hubiesen debido conformarse con seguir siendo “pobres y dignos”, “analfabetos si fuese necesario”, con desplazarse “a lomos de un burro” sobre las carreteras en las que la muerte acechaba en cada curva. ¡Qué locura pretender estudiar, alimentarse, viajar o, dicho de otra manera, vivir como los ciudadanos de la Europa próspera! Han transcurrido 27 años desde la adhesión, ¡el destino europeo debía continuar siendo únicamente una utopía!

Sentimiento de culpabilidad

Hoy en día, esta fractura norte-sur es una seria amenaza para la unidad europea

Porque son los dirigentes de los países “que todavía no tienen una crisis tan grave” quienes son los principales responsables del sentimiento de culpabilidad de los portugueses, son ellos los que afirman que los portugueses, al igual que los españoles y los griegos, son ciudadanos de otra Europa. El “Sur”, como denominación genérica, ha pervivido como una categoría que marca una división intraeuropea, aún después de la plena integración de Portugal y España al proyecto europeo. Y, hoy en día, esta fractura norte-sur es una seria amenaza para la unidad europea.

A pesar del escepticismo en aumento que buena parte de la población muestra hacia sus políticos, Portugal es una democracia sólida. Tiene una tasa de alfabetización del 94,8% y registra una gran progresión en la escolarización, tanto en educación secundaria como en la universidad, con un gran número de graduados con educación superior, que se ha triplicado entre 1991 y 2011. Eso mismo se aplica también para los doctorados y la investigación científica. Los portugueses han logrado su emancipación.

Toda una generación de portugueses utiliza con eficacia las herramientas de la sociedad de la información y las redes sociales son, hoy en día, un gigantesco foro de expresión y de comunicación para la clase media: el 60% de los hogares portugueses tienen acceso a Internet de alta velocidad. Todo esto en un país que ha adoptado el modelo social europeo y que posee un buen sistema sanitario, a pesar de las amenazas que la austeridad hace que ciernan sobre él, así como una red de infraestructuras modernas, aunque infrautilizada.

Aprovechar el talento

Hoy el destino de Europa es el de Portugal: todos sus Estados miembros se enfrentan al mismo reto, el de sacar partido del talento acumulado de todos sus ciudadanos y de hacer que la solidaridad sea la razón de ser de la Unión Europea.

Todos los estudios sobre las tendencias mundiales imperantes demuestran que el declive relativo de Europa es inevitable

Todos los estudios sobre las tendencias mundiales imperantes demuestran que el declive relativo de Europa es inevitable. No obstante, la crisis europea, si no se hace nada para evitarlo, puede abocar también a un declive absoluto. Éste responderá a factores bien conocidos, como al envejecimiento de la población, a la insuficiencia de políticas comunes, al retraso en la innovación tecnológica en los sectores punteros como la biotecnología o la impresión en 3D, al relajamiento de los vínculos de solidaridad que amenaza el sistema social europea, o a la renacionalización de las políticas internacionales de las principales potencias europeas en un mundo que hoy en día es multipolar.

En este contexto, por lo tanto, que miles de jóvenes, especialmente portugueses, indispensables para Europa si ésta quiera encontrar un nuevo modelo de desarrollo, estén hoy en el paro y busquen un futuro fuera de nuestros horizontes es aún más absurdo y revela la ausencia de una respuesta adecuada a la crisis.

Ausencia de espacio público europeo

Se sabe cuáles son los indicadores, pero el principal problema europeo, de naturaleza política, permanece oculto. Es la ausencia de un espacio público europeo, la ausencia de mecanismos de participación de una democracia supranacional, que hace que sea imposible que ser produzca una reacción concertada de los ciudadanos ante la crisis y que explica la facilidad con la que se imponen las políticas de austeridad, los factores de recesión, que no son solo impopulares sino, sobre todo, ineficaces.

Los “indignados” son nacionales, no europeos, como si cada crisis tuviese un perímetro exclusivamente nacional y pudiese resolverse dentro del marco de cada Estado. Esta renacionalización tiene otro efecto perverso: en un contexto de depauperización, las clases medias europeas van a cuestionar la democracia y a considerar las relaciones con el resto de los países, en la UE y fuera de ella, como un juego de suma cero. Ahí reside una de las razones subyacentes al peligroso auge del populismo y de la xenofobia.

Los portugueses (y sus partidos políticos) deben entender que las únicas soluciones de futuro son de alcance europeo. Creando redes y movimientos transeuropeos, siendo tradicionales o más innovadores, creando vínculos entre los partidos políticos y los ciudadanos a través de propuestas políticas alternativas, así es como podremos encontrar una salida a esta crisis y evitar el declive absoluto del proyecto más extraordinario que alumbró el siglo XX. Las elecciones europeas de 2014 deben servir para abrir un gran debate sobre el futuro de Europa que la situación actual exige, para crear las condiciones de supervivencia y de relevancia de la Unión en el siglo XXI.