Con la publicación de su enorme Libro Blanco sobre la defensa independentista, el Gobierno escocés ha tratado de silenciar a los críticos que afirman que no se recapacitado sobre las implicaciones de la separación.

El documento de 670 páginas contiene pasajes dignos de Braveheart con el fin de tocar la fibra sensible, aunque su propósito no sea el de entusiasmar a los comprometidos. Por el contrario, Alex Salmond, líder del Partido Nacional Escocés, ha elaborado un tratado tecnocrático sumamente detallado para tranquilizar a los temerosos. Él busca el apoyo de los conversos, no la alianza de los que ya han tomado una decisión.

Sea cual sea el resultado del próximo referéndum de septiembre, muchas cosas continuarán igual al norte de la frontera. Desde el punto de vista nacionalista, Escocia mantendrá la monarquía y la libra. Las delicadas condiciones fiscales del país limitarán inevitablemente el uso de su nueva libertad económica, aunque eso no ha impedido que Salmond esparza algunas golosinas fiscales sobre la cocción post-independentista. Se reducirán los impuestos sobre sociedades, y se han hecho promesas de que se financiarán las guarderías gratuitas para los niños de dos años. Igualmente, se desecharán las medidas impopulares como el “impuesto dormitorio” y la desgravación fiscal para las parejas casadas respaldada por los Tories.

Separación con términos precisos

Aunque el Financial Times defiende contundentemente la continuación de la unión, creemos que hay una razón discutible —aunque errónea— para la independencia. Los votantes escoceses deberán decidir en última instancia si Escocia prosperará más bajo el mandato de Holyrood que como parte del Reino Unido.

Escocia no puede exigir mano libre y al mismo tiempo vivir a expensas del Reino Unido

Sin embargo, también se debe mencionar que se podría tomar una decisión muy difícil, ya que Escocia no puede exigir mano libre y al mismo tiempo vivir a expensas del Reino Unido.

Salmond ha sido criticado por publicar lo que constituye una lista de deseos con apariencia de prospecto. Los términos precisos de cualquier separación deberán negociarse en caso de que Escocia vote a favor de la independencia. Muchas de las decisiones que deben tomarse para poner en práctica su programa requerirán el consentimiento de los escoceses y de los no escoceses.

Quizá las exigencias más contenciosas de Salmond estén relacionadas con los acuerdos de divisa post-independentista de Escocia. No hay ninguna objeción a que Escocia quiera seguir utilizando la libra como moneda, pero lo que sorprende es que espere que el Reino Unido cree una zona de moneda única simplemente para acomodar a 5 millones de ciudadanos escoceses frente a los 58 millones de habitantes restantes. Ese movimiento supondría el riesgo de reproducir el euro-enredo de la unión monetaria sin una unión fiscal completa, lo cual no es un precedente muy reconfortante.

La naturaleza del divorcio

El Libro Blanco afirma que la unión monetaria beneficiaría los intereses del Reino Unido porque su balanza de pagos se deteriorará si las contribuciones de los hidrocarburos escoceses son excluidas de la balanza de pagos del área de la libra esterlina. Esa es una asunción muy cuestionable, e ignora el posible beneficio para el Reino Unido de una divisa más débil.

Otro argumento nacionalista es que Escocia tendría derecho a una continuada actividad en las operaciones del Banco de Inglaterra, y, por tanto, a imponer una zona monetaria en el resto del Reino Unido debido a su papel histórico en los activos del Banco Central.

Eso es distorsionar la naturaleza del divorcio que tendría lugar en caso de que Escocia se separe. Tendría que haber una división de los activos y pasivos del Reino Unido; un proceso que Salmond pretende concluir en solo 18 meses. Sin embargo, aunque eso implicaría la transferencia de activos y unas compensaciones cuando esas transferencias resultasen imposibles, no le permitiría un continuado control sobre las instituciones.

Separarse del Reino Unido puede ser doloroso. El Partido Nacional Escocés ya ha insinuado que podría vincular su asunción de parte de la deuda nacional del Reino Unido al acuerdo de Westminster sobre la zona monetaria. Esa no es la forma de hablar de los políticos que creen en la retórica de que ganen “ambas partes”, pero refleja, sin embargo, la enemistad que conlleva la separación.