Siria es un infierno para los periodistas, como constata Reporteros sin Fronteras, con ocasión de la desaparición de dos periodistas suecos. Pero no sólo es un infierno para los periodistas. En los últimos dos años, más de 2,2 millones de personas han huido de la guerra de Siria.

Las imágenes que lo demuestran son espantosas. Un infierno. Heridos, muertos. Personas gaseadas, otras que han visto cómo golpeaban o asesinaban a sus familiares.

Entre el recuento de víctimas desde el comienzo de la guerra en marzo de 2011, se cuentan más de 11.000 niños. Según un informe británico, la mayoría de ellos han muerto por las bombas o los tiros de obuses, 389 han sido disparados por francotiradores, 764 han sido ejecutados y un centenar han sido torturados. Se han agredido, violado y utilizado a mujeres como escudos humanos.

Pero a los que logran huir del país en muchas ocasiones les esperan otros obstáculos. Campos de refugiados a rebosar, con falta de agua y alimentos en los países vecinos: Turquía, Líbano, Irak y Jordania. Otros intentan llegar a Europa, a menudo a Suecia, cruzando el Mediterráneo. Unos trayectos en los que se juegan la vida, en embarcaciones destartaladas, como hemos podido ver este otoño. Los testimonios son aterradores. Embarcaciones llenas hasta reventar. Familias separadas. Pasadores que extorsionan y maltratan a los pasajeros.

40.000 refugiados

Hasta ahora, los países miembros de la UE tan sólo han acogido a poco más de 40.000 refugiados sirios. Ahora bien, son cada vez más los que intentan probar suerte en Europa. Durante una visita en Bulgaria, el director del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) recordó que era fundamental que los países europeos no cerraran sus fronteras y aportaran la ayuda necesaria [a los refugiados].

Pero no es lo que está sucediendo. Ni mucho menos. De este modo, Grecia, Bulgaria e Italia han rechazado ilegalmente a los sirios. Cuando los pasajeros de una embarcación que había empezado a hundirse tras haber sido disparada por el ejército libio intentó avisar a los servicios italianos de rescate en el mar, les dijeron que llamaran a Malta, por lo que los servicios de rescate tardaron en llegar unas cuantas horas más. Se podrían haber salvado 268 vidas.

Cuando los dirigentes de la UE se reunieron en octubre, la política migratoria estaba en el orden del día tras el terrible naufragio que acababa de producirse frente a las costas de Lampedusa. Pero sólo fueron capaces de ponerse de acuerdo en un aspecto: el asunto debería debatirse durante sus próximos encuentros, en diciembre y luego en junio.

La cuestión urgente de los medios que debían aplicarse para salvar vidas y mejorar la situación en los campos, por ejemplo, en Lampedusa, se pospuso para más adelante. Pero en Lampedusa la situación sigue siendo insostenible. En noviembre, ACNUR señaló que el campo de refugiados, con una capacidad de 250 plazas, albergaba a 700 personas. La situación ha empeorado aún más. Durante este tiempo, los refugiados no pueden trabajar y los niños no van al colegio.

Escasas vías legales

Los refugiados disponen de pocas vías legales para llegar a Suecia y con frecuencia no les queda otra opción que recurrir a los pasadores

Puesto que Suecia es el único Estado miembro de la UE que ha concedido permisos permanentes de estancia, un gran número de sirios intentan llegar hasta este país. Muchos de ellos son menores no acompañados. Hoy, los refugiados disponen de pocas vías legales para llegar a Suecia y con frecuencia no les queda otra opción que recurrir a los pasadores.

Esta semana, el [diario sueco] Svenska Dagbladet publicaba un reportaje sobre una familia que logró llegar a Suecia con un visado turístico, pero que no había logrado la autorización para quedarse. Como se trataba de un visado austriaco, debían ser expulsados a Austria, según el Reglamento de Dublín, y su demanda de asilo tendría que tratarse en dicho país. Y es lo que intentaron. Pero no lo lograron.

Si no ofrecemos de inmediato a los refugiados sirios la posibilidad de llegar a Suecia por vías legales, la (relativa) generosidad de Suecia corre el riesgo de dejar un sabor cuanto menos amargo. Los dirigentes europeos deberían ser ya conscientes de que es ingenuo querer vigilar eficazmente las fronteras. Por ello, deberían abrirlas sin demora para acoger a los refugiados que huyen del infierno sirio.