Hay varias vías por las que un ciudadano extracomunitario puede obtener un pasaporte de la UE. Una es que el país del que es nacional se adhiera a la UE, tal y como hizo Croacia en julio y tal y como muchos ucranianos desean que pase con su Estado. Otra es embarcarse en la peligrosa travesía de cruzar el Mediterráneo con la esperanza de lograr asilo político. Y otra es firmar un cheque.

La idea de Malta de otorgar su ciudadanía por 650.000 euros no es nueva. Chipre ofrece un pasaporte por tres millones de euros y en Gran Bretaña existe un sistema por el que la gente que invierte más de un millón puede optar a quedarse indefinidamente, lo que podría conducir a la ciudadanía. Otros Estados miembros tiene otros procedimientos que conceden su nacionalidad a la gente que quieren atraer.

Sin embargo, el plan de Malta, que el nuevo Gobierno puso en marcha el mes pasado, es más explícito que cualquier otro hasta el momento. Se revisará el perfil del candidato, pero aparentemente será un proceso muy sencillo. El primer ministro maltés, Joseph Muscat, afirma que el plan pretende atraer individuos “de alto valor” que inviertan en la isla. Se calcula que este trato interesará a unas 300 personas al año y aunque el pasaporte inicial es solo para una persona, por 25.000 euros más por cabeza pueden añadirse miembros de la familia. Los titulares tendrán plenos derechos dentro de la UE y podrán viajar y trabajar en cualquiera de los otros 27 Estados miembros.

Atraer capital humano

Puede que todo parezca mercenario y, en cierta medida, es así, pero refleja diversas realidades de nuestro mundo moderno.

Puede decirse que el pasaporte de la UE es el mejor que se puede tener en todo el mundo

La primera, y eso debería ser motivo de alegría, es que puede decirse que el pasaporte de la UE es el mejor que se puede tener en todo el mundo. La versión británica del mismo es ligeramente mejor que la del resto, porque permite viajar durante un periodo algo más largo sin visado y los pasaportes suizos y noruegos también son buenos. Hay dos motivos por los que un pasaporte de Estados Unidos, por ejemplo, no resulta tan útil. El primero es que un cierto número de países les devuelven a los estadounidenses con su misma moneda y les imponen los mismos requisitos para entrar que los que sufren ellos en los controles fronterizos de Estados Unidos. El otro, cada vez más importante, es que los requisitos impositivos y de contabilidad son especialmente gravosos para los estadounidenses que residen en el extranjero. Todavía no supone más que un pequeño goteo, pero el número de ciudadanos de Estados Unidos que ha devuelto su pasaporte se ha incrementado drásticamente en los últimos tres años.

La segunda verdad crucial es que los países hoy en día quieren atraer tanto el capital humano como el físico y financiero. Hace una generación los países trataban de competir entre sí para atraer empresas extranjeras que construyesen fábricas de producción, a menudo concediendo subvenciones para que lo hiciesen. Desde entonces el enfoque ha cambiado y se centra más en los incentivos económicos en general, lo que ha generado que empresas como Google o Amazon paguen impuestos de sociedades reducidos en cualquier parte. Irlanda se ha beneficiado mucho de que así sea.

Ahora el objetivo es atraer capital humano, a personas inteligentes, con talento y ricas, porque hemos creado un mundo en que las empresas y el dinero pueden traspasar las fronteras nacionales a la velocidad de la luz, pero en el que existen todavía importantes obstáculos con relación a la movilidad humana. En líneas generales, los lugares en los que los ciudadanos de los países desarrollados tienen problemas para vivir son lugares a los que no querríamos necesariamente ir. Para quienes han tenido menos suerte debido al lugar en que nacieron, el mundo no es un ente global único, puesto que tienen un acceso muy restringido a amplias franjas del planeta. Vemos el mundo desde nuestra posición privilegiada, pero se aprecia de manera bien diferente desde el otro lado.

Un bien de consumo

Mucha gente se siente incómoda ante la idea de que la ciudadanía sea un bien de consumo, un producto a la venta como si cualquier otro. David Hanson, el cargo de la oposición que sería ministro de inmigración su partido gobernase, afirma que “le preocupa seriamente” la propuesta de Malta.

“Corre el peligro de convertirse en la puerta trasera para residir en cualquier parte de la UE y eso no es una política de inmigración concisa o adecuada”, declaró al Financial Times. Sin embargo, tiene la ventaja de que es clara. De hecho, es una puerta delantera para entrar legalmente en la vía para adquirir la nacionalidad, en lugar del sistema actual que es caprichoso y, a pesar de todos los esfuerzos para luchar contra ello, sumamente arbitrario. También hace que Europa se enfrente a algunas preguntas difíciles e incómodas. Por ejemplo, a qué tipo de personas pretende atraer y a qué tipo no quiere. Y a quién deseamos dar la bienvenida y a quién preferimos que mantener alejado.

Europa es un ejemplo de éxito para muchas personas en el resto del mundo. En medio de la miseria económica en la que vive sumida el sur del continente, es algo que debemos tener en mente.