Es un buen día para Europa, o más bien, ha sido una buena noche. El acuerdo sobre la unión bancaria, firmado a última hora de la noche del miércoles 18 de diciembre en Bruselas, marca un importante avance en la integración europea. Y aunque sigue estando incompleto, progresa en la dirección correcta.

Debería tranquilizar a los ahorradores y a los mercados. Permitirá consolidar un sector bancario europeo que aún cuenta con algunos casos mal gestionados. Inmediatamente después del seísmo de 2008, Estados Unidos fue más rápido a la hora de sanear sus bancos. Pero sobre todo, la unión bancaria completa la arquitectura de una eurozona cuya crisis ha demostrado hasta qué punto era frágil y estaba mal estructurada.

Con la armonización presupuestaria, los fondos de solidaridad europeos, y quizás mañana la coordinación de las políticas económicas, la unión bancaria da forma a la unión monetaria. Ya iba siendo hora. Su objetivo es acabar con los vínculos entre la crisis bancaria y la deuda soberana. Se trata de impedir esos efectos de contagio que han hecho que los bancos gestionados de forma nefasta, en Atenas, Dublín, Madrid o Chipre, lleven a los Estados al borde de la quiebra y amenacen la supervivencia del conjunto de la eurozona.

Compromiso entre norte y sur

El acuerdo del miércoles, producto de un compromiso entre el sur y el norte de la eurozona, debe ser ratificado por los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión y luego se votará en el Parlamento Europeo. El acuerdo organiza la unión bancaria en torno a dos misiones: la supervisión de los bancos y la resolución de las crisis bancarias.

El primer capítulo es el más radical y el más innovador. Los reguladores nacionales dejarán de encargarse de la supervisión de los bancos y pasará a ser tarea del Banco Central Europeo (BCE), la institución de la Unión más competente. El BCE se encargará de vigilar directamente alrededor de 130 instituciones en riesgo.

Se trata de un salto de soberanía que no se había visto en la UE desde hacía tiempo y que se ha acogido positivamente

Se trata de un salto de soberanía que no se había visto en la UE desde hacía tiempo y que se ha acogido positivamente. Es algo lógico dentro de una misma zona monetaria. Además, está más que justificado: los ejemplos griego, irlandés o español han demostrado la irresponsabilidad de ciertos reguladores nacionales, o incluso la ausencia total de regulación…

Lo fundamental sigue siendo nacional

El capítulo de la resolución de las crisis bancarias (recapitalización o quiebra ordenada de una institución bancaria) es menos innovador. Se caracteriza por la desconfianza de Alemania con respecto a todo lo que se parezca a una “transferencia” dentro de la eurozona. En este caso, no se trata de constituir un fondo público gestionado por una de las instituciones de la Unión, una tarea para la que la Comisión era candidata, y conceder una ayuda directa a un banco en apuros.

Lo fundamental sigue quedándose en el campo nacional. En cada país, el sector bancario deberá contribuir para constituir un fondo de resolución. Esta garantía se aplicará de forma progresiva y no se pondrá en común hasta 2026, fecha en la que deberá poder movilizar 60.000 millones de euros.

Así prosigue el lento restablecimiento de la eurozona. El acuerdo del miércoles va acompañado del regreso a los mercados de España y de Irlanda. Todo es aún muy frágil, pero avanza en la dirección correcta.