Se acuerda del mercado de Tours bajo el sol de agosto de 2008. "Era muy bonito y limpio". Se le escapa una sonrisa. Recuerda el parque donde paseaban con sus amigos, chechenos como ellos, llegados a Francia a través de Polonia, unos años antes. Entonces estaba embarazada. Pensaban que estaban fuera de peligro. Pero no fue así. Su felicidad no duró mucho tiempo y su vida volvió a cambiar. No fue un infierno, no. Simplemente comenzaron las andanzas típicas de aquellas personas a las que se les niega el derecho de asilo.

En cuestión de días, Karina, de 25 años, y Rouslan, de 27, entraron a formar parte del ejército invisible de los zombis de Europa. Por su culpa, o casi. ¿Acaso no fueron ellos mismos a la jefatura de Tours a registrarse y acaso no volvieron unos días más tarde a "buscar los papeles", tal y como les habían dicho?

De lo que ocurrió después se acuerdan como si fuera ayer: los policías de civiles que salen junto a la ventanilla, la noche en la comisaría, los coches de policía a los que les hacen subir, por la mañana, esposados, hacia el aeropuerto de Roissy y el fin de su sueño. Karina ya no sonríe. Varsovia se encuentra a media hora de aquí en coche. Francia, a años luz.

Los policías de Tours fueron quienes les dieron a conocer la causa y el nombre de su desgracia: Dublín. La ciudad irlandesa dio su nombre en 2003 al Reglamento conocido como "Dublín II", que se aplica a todos los países de la Unión Europea (UE), a la que Polonia pertenece desde 2004.

De vuelta a la casilla de salida

Según dicho reglamento, el país de entrada, es decir, el primer país de la UE en el que planta el pie (y sus huellas) el extranjero solicitante del asilo, será donde debe tramitarse la demanda. Si el solicitante de asilo no se encuentra en el Estado designado como responsable del examen de su caso, debe transferirse a dicho Estado. "Creíamos que lo más difícil era pasar la frontera y llegar a Francia. ¡No habíamos entendido nada! ", sonríe con tristeza Rouslan.

La casa baja, rodeada por un prado, donde la pareja y su hijo acabaron aterrizando, se encuentra en pleno campo, al oeste de Varsovia. En ella han alquilado una habitación minúscula a precio de oro. Otras dos familias chechenas viven en la casa. Los "Dublineros", como se denominan en el medio asociativo, son varios miles en Polonia.

Por haber intentado instalarse en otro lugar de Europa Occidental y haberse dejado cazar, a los "Dublineros" se les devuelve a la casilla de salida. Con una sola idea: volver a marcharse. Porque Polonia, que entró en el espacio Schengen en 2007, "sigue siendo un país de tránsito" para los inmigrantes, tal y como destacan Krystyna Iglicka (del Centro de Relaciones Internacionales de Varsovia) y Magdalena Ziolek-Skrzypczak (de la Universidad Ludwig-Maximilian de Munich), en un estudio sobre las migraciones en Polonia, publicado en Internet en septiembre por el Instituto de Política Migratoria.

La adhesión a Schengen es un "juego de timadores", que sobre todo ha servido para "volver a desplegar dispositivos represivos", estima por su parte la investigadora polaca Paulina Nikiel en el informe de la red Migreurop, "en las fronteras de Europa", publicado a comienzos de noviembre en Internet. Los cerrojos colocados en sus fronteras hacen de Polonia un "Estado tapón", llamado a convertirse, como añade Nikiel, en un "país de destino", al igual que Marruecos, donde se bloquea a numerosos candidatos a la emigración.

Un régimen carcelario

Polonia es un país "pobre, más desprovisto que Francia, Bélgica o Alemania", señala Anna Kuhn, presidenta del comité Polonia-Chechenia. Aunque las condiciones de acogida de los extranjeros, en particular de los refugiados, han mejorado considerablemente en los últimos cinco años, su suerte no tiene nada de idílica.

En los centros de retención, se impone un régimen casi carcelario: "La libertad de movimiento se coarta en gran medida y se reduce a visitas a los aseos y a una hora de paseo al día", añade Paulina Nikiel. La mayoría de internos de estos centros cerrados, entre los que se encuentran "familias enteras, incluidos menores", por lo general son "sin papeles" o solicitantes de asilo, culpables de haber atravesado o de haber intentado pasar la frontera de forma irregular. Tras finalizar su estancia, de varios meses hasta un año como máximo, todo este pequeño mundo se encuentra en la calle.

De los 10.500 solicitantes de asilo registrados en 2009, son pocos los "elegidos". "De 1992 a 2009, únicamente 3.113 solicitantes de asilo obtuvieron el estatus de refugiados", es decir, el 3,5 % del total de solicitantes, como indican Iglicka y Ziolek-Skrzypczak en su estudio. ¡Menos del 4 %! Entre los afortunados, algunos chechenos, aunque también residentes de Bosnia-Herzegovina, de Somalia, de Bielorrusia, de Afganistán, de Sri Lanka y de Irak.

Francia y Austria a la cabeza en deportación de chechenos

En cuanto a los georgianos, de los que más de 4.000 solicitaron el asilo en Polonia en 2009, ninguno lo consiguió. Ante estas condiciones, no es sorprendente que muchos de estos inmigrantes prefieran probar suerte más al oeste. Y así, los que no tienen suerte, aumentan las filas de los "Dublineros".

"Francia y Austria han sido los primeros países en devolver de forma masiva a los chechenos a Polonia", asegura Issa Adayev, que acaba de abrir en Varsovia, dentro de la fundación Other Space, un centro de acogida para refugiados. Según este militante checheno, los casos de "deportación" de chechenos hacia Moscú "no son raros". Varios de estos "deportados" habrían "desaparecido", añade Issa Adayev.

Varsovia, al igual que las demás capitales de la UE, como París, Viena o Berlín, no quiere enemistarse con el régimen de Vladimir Putin. Lejos queda esa ocasión, como relata la asociación Forum Réfugiés, en la que el ministro francés de Inmigración, Brice Hortefeux, indicaba a los prefectos que "la readmisión hacia Polonia en aplicación del Reglamento de Dublín no era deseable", teniendo en cuenta la situación en Chechenia y los riesgos del reenvío a Rusia a través de Bielorrusia o Ucrania. Fue en julio de 2007. Un año antes de que Rouslan y Karina emprendieran su camino. Y de que el gobierno francés cambiara de opinión.