A su paso por el Parlamento Europeo, la Comisión Juncker está enfrentando importantes resistencias. Por un lado, el Comisario encargado de servicios financieros, el británico Jonathan Hill, ha demostrado una gran simpatía y erudición pero un muy escaso conocimiento del sector que tiene que regular y una voluntad muy clara de esquivar las preguntas dificiles con respuestas inconclusas. Teniendo en cuenta su pasado como lobbista precisamente en la industria financiera, y su adscripción a un gobierno tan poco popular en Europa como el de David Cameron, que además votó en contra de la designación de Juncker en el Parlamento Europeo, sus dificultades adquieren una importante magnitud.

Tenemos también el caso de Pierre Moscovici, el exministro de Hacienda francés que tendrá que vigilar los presupuestos de los estados miembros. Su audiencia coincide precisamente con el anuncio de que Francia no sólo incumplirá una vez más los objetivos de déficit sino de que lo hará sin ninguna humildad: "no pedimos permiso a Bruselas, simplemente les comunicamos las cifras", ha dicho el primer ministro Valls, lo que le ha merecido un duro reproche por parte de la eurodiputada liberal francesa, Sylvie Goulard, en un demoledor artículo en Financial Times donde acusa al gobierno socialista de practicar el "pensamiento mágico".

Tampoco se está luciendo el candidato español, Miguel Arias-Cañete, muy presionado por sus vinculaciones personales con el mundo del petróleo

Tampoco se está luciendo el candidato español, Miguel Arias-Cañete, muy presionado por sus vinculaciones personales con el mundo del petróleo, además de por sus desafortunados comentarios machistas durante la campaña y la opacidad de sus intereses financieros. Los Verdes están muy descontentos, hasta el punto de que han montado una campaña contra él en Avaaz en el que le describen como un "Capo del Petróleo".

Los otros candidatos que seguramente van a experimentar problemas son el candidato griego al puesto de responsable de Inmigración, Dimitris Avramopoulos, que no sólo viene de un país donde el trato a los inmigrantes ha tocado fondo durante la crisis, sino que es criticado por las organizaciones de derechos humanos en razón de su último puesto ministerial en el gobierno griego. ¿Es un Ministro de Defensa griego el idóneo para llevar este tema, se preguntan las Ongs?

Una estrategia deliberada de Juncker

Y en la misma lista de dudosos está el Comisario propuesto para defender los derechos fundamentales: el húngaro, Tibor Navracsics, nombrado por el gobierno del derechista Víctor Orban, que no ha cejado de reprimir las libertades, recortar derechos fundamentales y amedrentar a los inmigrantes desde que llegara al Gobierno.

Hay quienes como el Presidente de los Verdes Europeos, Philippe Lambert, califican estos nombramientos como una broma pesada. Otros son algo más retorcidos e insinúan que todo esto responde a una estrategia deliberada de Juncker para castigar a los gobiernos por imponerle candidatos mediocres o buscar puestos de conveniencia para sus intereses nacionales y hacer una Comisión a su medida.

El problema de fondo es el proceso de audiencias previas a la confirmación de la Comisión, un mecanismo que se está demostrando enormemente útil desde el punto de vista del control democrático de la Comisión (fíjense lo que ha logrado en el caso de Arias Cañete) pero también muy revelador de las tensiones no resueltas entre Parlamento, Estados miembros y Comisión Europea que dominan la vida política europea. Por un lado, la Unión Europea ha dado el paso hacia la parlamentarización, votando a un candidato a Presidente después de unas elecciones parlamentarias. Pero por otro, seguimos en un sistema de separación de poderes que hace del Parlamento algo parecido al Congreso de EEUU.

El Parlamento ha nombrado al Presidente de la Comisión pero no sostiene políticamente a la Comisión

Dicho de una forma más sencilla: el Parlamento ha nombrado al Presidente de la Comisión pero no sostiene políticamente a la Comisión, por eso se tiene que ganar la aprobación votación por votación. O al revés: la Comisión es un gobierno que carece de una mayoría parlamentaria estable. De ahí que los que votaron por Juncker no necesariamente quieran votar por sus Comisarios: los socialistas europeos votaron por Juncker pero quiere quitarse a Arias Cañete; en represalia, los populares disparan contra Moscovici. Y los liberales votan contra Navracsics. Que en la UE se haga política está bien, bienvenida sea, pero hacer política partidista cuando de facto se gobierna en coalición popular-liberal-socialista abre un escenario complicado que refleja las contradicciones del sistema política europeo, donde queremos consenso y conflicto politico a la vez. ¿O una cosa o la otra?