“Con la doctrina del multiculturalismo estatal”, expuso David Cameron durante la cumbre de seguridad internacional en Munich, “hemos favorecido que las distintas culturas lleven vidas separadas, aisladas entre sí y con respecto a la corriente dominante. Hemos fracasado a la hora de plantear una visión de una sociedad a la que deseen pertenecer”. “Esto”, afirmaba, ha hecho “que algunos no hagan frente a los horrores del matrimonio forzado”, y es también la causa raíz de la radicalización que puede desembocar en el terrorismo.

Cameron afirmó que Gran Bretaña debe adoptar una política de “liberalismo muscular” para implantar los valores de igualdad, Estado de derecho y libertad de expresión en todos los ámbitos de la sociedad. Advirtió a los grupos musulmanes de que si no abogan por los derechos de las mujeres ni fomentan la integración, no podrán optar a las ayudas estatales. Los que emigren a Gran Bretaña deberán hablar inglés y se espera que los centros educativos enseñen la cultura común del país.

El relativismo moral como sentencia de muerte de una civilización

El discurso fue inmediatamente criticado por el partido laborista de la oposición, así como por los grupos musulmanes y además fue tachado de ser un enfoque “simplista”. Muchos se lamentaron de que se pronunciara el mismo día en el que 3.000 partidarios de la Liga de Defensa Inglesa, un movimiento de extrema derecha, organizaran su mayor manifestación hasta la fecha en Luton, cerca de Londres. Según el diario The Guardian, uno de los manifestantes afirmó que “Si [David Cameron] quiere defendernos, es estupendo”.

Por su parte, el diario The Times exponeque el credo multicultural de la “tolerancia” ya no basta como respuesta a los difíciles tiempos que vivimos. “Lo han explotado los extremistas y a partir de la vorágine de la identidad confusa y la religiosidad distorsionada han llegado los ataques del siete de julio, los gritos de los yihadistas y el culto al martirio de los terroristas. Tal y como exponía Burke [filósofo del siglo XVIII] y como ha reconocido ahora una gran parte del país, lo único que se necesita para que el mal triunfe es que los hombres de bien no hagan nada”.

“El multiculturalismo es parte del fenómeno del relativismo moral que se ha extendido en Europa”, analiza Jonathan Sacksen las páginas del diario londinense, “una doctrina que empezó a cobrar fuerza como respuesta al Holocausto. Entonces, posicionarse sobre asuntos morales era un síntoma de una “personalidad autoritaria”. El juicio moral se consideraba el primer paso hacia el camino del fanatismo. “Pero el relativismo moral es la sentencia de muerte de una civilización”.

Las múltiples versiones del capitalismo de consumo

“Con su discurso de Munich [David Cameron] se alía con la espectral Angela Merkel”, expone la columnista del diario Independent Yasmin Alibhai-Browny añade que haber pronunciado un discurso para consumo doméstico en un consejo de seguridad internacional es “una atrocidad”. “Entiendo que nuestros ciudadanos se sientan incómodos por esos musulmanes británicos que no dejan de exigir, que están llenos de ira y de planes asesinos, o bien optan por crear guetos. Sin embargo, el descontento nacional en general lo crean las políticas implantadas por este gobierno [como los severos presupuestos de austeridad]. Se está utilizando a los musulmanes y a los inmigrantes para distraer a la gente del caos planificado que ha creado esta impopular coalición”.

Madeleine Bunting en The Guardianprofundiza aún más en este concepto. “Tras el discurso de Cameron se esconde la nostalgia por una entidad colectiva nacional sólida y un sentido de valores comunes. Pero tras una generación de individualismo y globalización, se han debilitado o abandonado todo tipo de identidades colectivas. Muchas de las instituciones que expresaban e inculcaban un sentimiento de nación están en decadencia, tanto partidos políticos, como sindicatos o iglesias cristianas. El tejido de la vida institucional en el que expresábamos los valores se ha desechado en favor de la libertad individual. La “visión de la sociedad” que Cameron plantea como necesaria en realidad ya se encuentra presente en el millón de versiones del capitalismo de consumo constante y aviva la codicia”.