Desde los ataques en París, todo se mueve y se mueve rápidamente. Se notó, el 14 de noviembre, en las conversaciones de Viena sobre Siria que concluyeron mucho más rápidamente de lo previsto en un consenso sobre un acuerdo a través de negociaciones directas entre el régimen y la insurrección que Rusia no considera como "terrorista".

Se había sentido en la reunión del G-20 cuando Barack Obama y Vladimir Putin dieron de manera pública prioridad a la definición de un compromiso en Siria. Tanto en Viena como en el G-20, se consideró que el objetivo de Rusia no era ya intentar decididamente asentar a Bashar al-Assad en la plenitud de sus poderes perdidos, sino enfrentarse a ellos con las otras potencias.

La puerta estaba abierta a esta gran coalición contra Daesh que Francois Hollande pidió el 16 de noviembre y que irá a defender en Washington y Moscú la próxima semana, pero al día siguiente tod se aceleró en todos los frentes, y para empezar, en Europa.

Así que el 17 de noviembre se celebró en Bruselas una reunión de ministros europeos de Defensa, una reunión de rutina, pero durante la cual Francia decidió pedir a sus socios la aplicación del artículo 42.7 del Tratado de Lisboa que prevé "que si un Estado miembro es víctima de una agresión armada "otros Estados de la UE deben prestarle "ayuda y asistencia".

Nunca este artículo había sido invocado y menos aplicado. Los más atlantistas de los países de la UE habrían preferido la aplicación de la cláusula similar del Tratado del Atlántico Norte, de la OTAN, pero la Unión Europea ha aceptado la demanda francesa como un solo cuerpo. Esto significa que, por primera vez en su historia, la Unión se ha puesto de acuerdo por unanimidad sólo en el ámbito de la defensa, fuera del marco del Atlántico, y este momento es tanto más sorprendente porque no se trata solamente de palabras.

Desde el 17 de noviembre, varios países europeos han propuesto a Francia ayuda logística e incluso recursos humanos, y el Gobierno francés se prepara para pedir a sus socios que le apoyen en los frentes africanos con el fin de concentrar sus recursos contra Daesh. También es probable que las capitales europeas pronto podrían contribuir a armar a las fuerzas sirias de insurgencia que atacarían a Daesh en coordinación con la aviación francesa. Este es un punto de inflexión.

Aun más. El 17, Putin ordenó a sus fuerzas armadas que se coordinen con el Charles de Gaulle, el portaaviones francés que navega hacia las costas de Siria, para definir un plan de operaciones conjuntas. Rusia realmente se ha posicionado contra Daesh, y en lugar de bombardear a la insurgencia, ahora quiere verla negociar con el régimen sirio.

Las políticas de las grandes potencias se unen, no en las palabras, sino en el terreno, y todos nuestros socios europeos han reconocido que el presupuesto francés debe salir de la presión por el déficit para financiar la lucha contra el terrorismo.Todavía no es la Europa política, pero se parece a ella como nunca lo hizo antes.