Con su elección como presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, que tenía una aguda consciencia de ello, lo proclamó en todas partes: se trata de la Comisión de "la última oportunidad". Si esta Comisión fracas, dijo, es el fin de la Unión Europea.

Desde entonces las cosas han ido tan rápido y el paisaje se ha modificado de tal manera que los plazos se han superpuesto. El año 2016, de hecho, marca la entrada en un área llena de peligros. Pero también, y por esta razón, se abre una gran oportunidad para llegar a la resolución de la actual crisis en la que Europa está sumida.

La alineación de los planetas

En 2016, la alineación de los planetas considerada favorable, llega a su fin, y empieza a producir efectos contrarios. La caída en los precios del petróleo llevó a la recesión de los países productores, comenzando por Rusia (- 4% del PIB este año) y el colapso general de Venezuela ... La disminución de las tasas de interés ahí está, y la Reserva Federal de Estados Unidos (EDF) con los movimientos hacia el alza de las mismas provoca todo tipo de preocupacones para muchos países endeudados en dólares.

A pesar de que el euro se depreció un 25%, esto no ha permitido la esperada disminución del desempleo. A pesar de la política ultra laxa del Banco Central Europeo (BCE), la Unión Europea continúa experimentando un enorme déficit de inversión – 40 mil millones por año en promedio desde 2007.

Por encima de todo, y esta fue la novedad de 2015, mientras que persisten y se profundizan las antiguas fronteras de la Unión, nuevas fracturas aparecen y contribuyen – al exacerbar la amenaza – a alterar la situación.

División Norte/Sur

Así, la tradicional división Norte / Sur, la que opone Alemania y sus aliados con el desafortunado Sur está siendo deshecha. A Portugal, Irlanda, Grecia y España, hay que añadir ahora Finlandia. Anteriormente erigido como el país más arrogante, ahora ha bajado a la tierra. Sumida en una gran recesión, con una coalición de derecha al mando que no logra imponer su política de ajustes, hecha de salarios más bajos y recortes presupuestarios. En la calle, los manifestantes han bloqueado hasta ahora estas políticas.

Pero esto no es más que un elemento del nuevo rompecabezas que se está formando. Porque, en verdad es todo el bloque hasta entonces dominante en Europa, en torno a Alemania, el que está a punto de desmoronarse.

Efectivamente, El Este está haciendo la secesión. Liderados por la derecha ultranacionalista, húngaros y polacos, durante la crisis de los migrantes, mostraron su compromiso con Europa, con sus valores y sus reglas. Estos países unidos hasta ahora detrás del señor Schäuble para "el duro cumplimiento de las reglas" y controlar la rebelión griega, dejan bajo el liderazgo de sus gobiernos dar rienda suelta a sus tropismos xenófobos, que la Unión durante un tiempo pudo mantener bajo control (por cierto que sería bueno que los defensores de la disolución de la Unión Europea, piensen acerca de esto: el buen resultado que da la vuelta a las naciones en el contexto de aguda crisis al que nos enfrentamos).

La secesión del Este

Si añadimos a esto la presión ejercida por Gran Bretaña y su amenaza de abandonar el barco si no cedemos al chantaje, lo que conduce a nuevas divisiones dentro de las capitales europeas, el desmoronamiento se hace evidente y casi no se puede discutir.

Bajo el peso de la crisis, interna y mundial, bajo el peso de las guerras y de los refugiados que provocan, Europa se divide y se vuelve a dividir a lo largo de líneas en parte nuevas y muy profundas en todos los casos. Una enorme alineación de planetas adversos, de la que se regocijan todos los partidarios del retorno a la nación, se está estableciendo. Si no se hace nada, vamos hacia el abismo.

¿Una salida desde arriba?

Sin embargo, no todo es tan negro.

Debido a la crisis que está ahora laminando tan poderosamente la Europa heredada de Maastricht y Lisboa, también se está preparando un conjunto de oportunidades, que, si son aprovechadas, pueden permitir otra salida que la que se está gestando. Una salida "desde arriba".

Primero es necesario observar, que después de haber hecho todo lo posible – y de la forma más infame – para someter a Grecia, todo ello fue en vano. O casi. Porque esto no ha impedido la formación de una nueva coalición – contra la austeridad – en Portugal (coalición de la que una de las primeras medidas fue el anuncio de un aumento del salario mínimo) ni [la derrota de Mariano Rajoy(5028406)(el alumno aventajado de Angela Merkel) y el buen resultado electoral de Podemos, y por tanto la entrada de España en una nueva era. A pesar del tratamiento impuesto a Grecia, las voces contra la austeridad y los pueblos, en Portugal y España al menos, se rebelan.

Anti-austeridad

Observemos que al menos de dos lados diferentes, voces muy "autorizadas" ahora se alzan para decir que las normas y la austeridad fiscal que implica podrían y deberían ser relajadas. Así, la Comisión Europea ha consentido la proclamación unilateral de Francois Hollande de que "el Pacto de Seguridad es más importante que el Pacto de Estabilidad ". Del mismo modo, en Alemania, el partido mayoritario sugiere que el tratamiento de los refugiados implica que las reglas fiscales deben ser rediseñadas y relajadas para permitir su recepción en buenas condiciones. En efecto, esto son simples declaraciones. Pero admitamos que viniendo de la Comisión y de la CDU alemana, son inéditas.

Por último y probablemente es esto la principal, es el momento de medir la ineptitud en la que Europa se ha encerrado. Recuerdemos este hecho importante: en 2015, la UE pondrá a disposición alrededor de 3,2% del superávit comercial en relación con el PIB, 8,3% sólo para Alemania, un 2,3% más de lo que las normas europeas imponen tan queridas por el Sr. Schäuble. En lugar de permitir que este exceso de ahorro se invierta en mercados extranjeros o se evapore hacia mercados de capitales más exóticos, ¿no convendría que una política europea digna de ese nombre dirija el ahorro hacia la inversión interna?

Última oportunidad

El empleo, y fundamentalmente el de los jóvenes, las zonas afectadas por la pobreza, la transición ecológica ... por mencionar sólo estas áreas que están privadas de recursos. El Banco Europeo de Inversiones (BEI) ¿no puede contribuir a repensar y redimensionar un "Plan Juncker" que finalmente esté a la altura de las necesidades?

¿No es hora de que Juncker, incluso él, pueda recordar que dirige la Comisión de la última oportunidad? Una salida por arriba de Europa no es sólo deseable: es posible. Existe margen para ello. Y en caso de disolución de Europa y regreso a las políticas nacionales es dudoso que persistirían dichos márgenes. Hay poco tiempo. Estamos a un minuto de la medianoche de Europa.