Una tormenta perfecta parece estar construyéndose a lo largo de Europa y Grecia, ya que la afluencia incontrolable de refugiados y migrantes está aumentando el riesgo de escenarios que sólo los analistas locos podrían imaginar.

Vamos a suponer que el acuerdo de Schengen se suspende temporalmente y que Europa decide que sus fronteras reales ya no están en Grecia. El flujo de entrada no se detendrá. Quienes están familiarizados con el tema predicen que en tal caso hasta 500.000 personas podrían encontrarse varadas en suelo griego, incapaces de cruzar a Bulgaria y la Antigua República Yugoslava de Macedonia.

Ningún Gobierno griego estaría en una posición para manejar una situación de este tipo e, inevitablemente, miles de refugiados y migrantes llegarían a la frontera norte del país. No importa lo bien gestionada que pudiera ser la situación, ningún europeo podría soportar ver a miles de refugiados que empujan las vallas en directo en la BBC o la CNN durante horas.

La canciller alemana, Angela Merkel, y otros líderes son plenamente conscientes de ello. Sin embargo, ellos mismos están haciendo frente a una cada vez mayor frustración pública y la perspectiva de acontecimientos políticos que se precipiten. Grecia parece un chivo expiatorio fácil.

Por supuesto, no se está ayudando a sí misma tampoco. En lugar de tener un misionero solitario en itinerancia por Europa defendiendo el caso de Grecia por la crisis de los refugiados, debería haberle reforzado con un marco sólido, con mejores recursos del país en el campo de la organización, la seguridad y la migración a su disposición. Hay gente capaz de hacer bien su trabajo – esto es evidente cada vez que un Gobierno interino se hace cargo y las partes se dedican a sus propios asuntos en lugar de a los del Estado.

Mientras tanto, en Atenas, estamos viviendo en nuestra pequeña burbuja. Aún tenemos que ver la tormenta que se está sintiendo en Berlín, Bruselas y el resto de Europa. Nadie tiene el estado de ánimo, o tiene el tiempo y la paciencia, para tratar con nosotros. Nuestra única preocupación es evitar los recortes de pensiones y además el FMI, nuestros otros prestamistas argumentan que esto podría significar un nuevo préstamo o una cancelación de la deuda. Sin embargo, el ambiente en los centros de decisión no permite este tipo de decisiones.

Así, Grecia se enfrenta al riesgo de encontrarse aislada del resto de Europa debido a la crisis de los refugiados, por un lado, y por las nuevas amenazas de salida de Grecia si la revisión actual no llega a su fin. Las sirenas del populismo antieuropeo una vez más tratan de seducir a la sociedad y al primer ministro Alexis Tsipras.

Tomar este curso podría ser muy tentador, aunque desastroso para él y para el resto del país. Más al norte, sin embargo, las sirenas del sentimiento populista anti-griego serán también más atractivas. Esto ya lo hemos visto antes: cuando las sirenas del norte y del sur se combinan en ausencia de un fuerte liderazgo político, la tormenta queda cerca.