Habría pasado casi desapercibido si durante la cumbre UE-Turquía, del 7 de marzo El primer ministro turco no hubiera añadido al pedir a los europeos el sol y la luna – esta sería la puesta bajo tutela del Gobierno del grupo de prensa Zaman en la noche del viernes, dos días antes de la "Cumbre del asilo" en Bruselas.

El golpe de fuerza, incluso chantaje, fue osado. Ankara parecía decir a los europeos "soy yo el que dicta las condiciones desde el otoño pasado, y debéis ateneros a ello: doblar los 3 mil millones para dar cabida a los refugiados retornados desde Grecia, reiniciar las negociaciones sobre la adhesión, abolición de los visados ​​Schengen tan pronto como sea posible, en junio, para 78 millones de ciudadanos turcos; pero en temas de derechos humanos, ¡esto no es vuestro asunto!".

Los europeos han quedado extremadamente vulnerables respecto a Turquía desde el momento en que previeron la falsa hipótesis de que Turquía sería capaz de detener los flujos migratorios a Europa occidental a través de Bulgaria y Grecia. Fue durante el sopor del verano. La Comisión Europea, al servicio de Berlín, cumplió. Su presidente, Jean-Claude Juncker, dijo que la prioridad era la cuestión de los refugiados y todo lo demás, sobre todo las enormes violaciones de las libertades fundamentales en el futuro miembro de la Unión, ahora era secundario.

Había mucho en juego: Ankara se precipitó a hacer lo que se le pedía, puesto que, con la señora Merkel a la cabeza, los europeos eran los solicitantes. En la creencia de que iba a detener las salidas de inmigrantes, Turquía ha tomado algunas medidas disuasorias, pero es evidente que no ha logrado detener nada.

Las cifras hablan por sí solas. Mientras que en 2015 casi 885.000 refugiados, de diferentes nacionalidades, han cruzado el mar Egeo para ir a Grecia, los primeros dos meses del año en curso más de 120.000 han logrado pasar a través de las inexistentes barreras turcas, que deberían estar en marcha desde la anterior cumbre sobre los refugiados del 29 de noviembre de 2015.

El problema es que la detención de un hombre que teme por su vida o no se sienten seguro en su país de primer asilo, es misión imposible. A menos que se erijan barreras insuperables, como en Corea del Norte. Los sirios, para hablar sólo de ellos están obviamente mejor en Turquía que en casa, pero no ven ningún futuro en Turquía, que, a excepción de su generosa acogida, no les ofrece ninguna perspectiva.

Hay que saber que Turquía no tiene experiencia seria en la política de asilo, después de haber colocado una reserva geográfica a la Convención de Ginebra de 1951 y habiéndose privado de la oportunidad de desarrollar instituciones para el derecho de asilo, capaces de manejar situaciones de afluencia masiva. Con posterioridad, se desarrolló en los últimos años una "industria" de la trata de personas a lo largo de la costa turca evaluada en miles de millones de euros. Dicen que muchos oleicultores han dejado de trabajar para aprovechar este maná. Difícil, efectivamente, parar todo esto de la noche a la mañana, si es que resulta posible.

Entonces ¿qué? Las partes se entretienen en creer en los milagros mientras que los refugiados siguen cruzando el mar. Los europeos, persuadidos a sí mismos de la eficiencia de Turquía, socavada en gran medida desde el 29 de noviembre, añaden las patrullas marítimas de la OTAN para impedir nadie sabe el qué. Por su parte, Ankara sueña con una "Europa sin visados" como argumento electoral dorado para el presidente Erdoğan en la búsqueda del poder absoluto.

Lo que los europeos no ven en su frenética búsqueda de una solución a la crisis de la inmigración es esta deriva fascista desde las protestas de Gezi de mayo y junio ​​de 2013. Una deriva que se ha acentuado con las acusaciones de corrupción a altos políticos en diciembre de 2013.

Desde 2013, nada funciona, y la Turquía de Erdogan ha entrado en una espiral de violencia y de autoritarismo en el que cada violación de la ley llama una violación más grave para ocultar la anterior. Disimular en sentido figurado, pero también el material, a través del amordazamiento de la prensa. Desde luego no hay lugar para la libertad de prensa en este ambiente represivo y el grupo Zaman es la última víctima de una serie negra de puestas bajo tutela de muchos periódicos y canales de televisión, así como la represión sistemática de las redes sociales desde el año 2013.

La clasificación de Turquía habla por sí misma. Para Freedom House en términos de libertad de prensa el país se encuentra en la categoría de "no libre" y en Internet en la categoría de "parcialmente libre".Para Reporteros sin Fronteras, Turquía es el 149 de 180 países, detrás de Níger, Liberia, Zambia, Malí y Zimbabwe.

Y esto es sólo la libertad de prensa. En cuanto a las libertades fundamentales consagradas en la Convención Europea de Derechos Humanos Turquía no es mejor, si juzgamos solamente por por la guerra civil que tiene lugar en el Kurdistán turco. De hecho, es el campeón en 2015 en quejas individuales ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

En resumen y como conclusión, el 'deal' inmoral que los europeos, con los alemanes a la cabeza, buscan concluir con Turquía tendrá sólo un aspecto "positivo": hay que olvidar para siempre la candidatura y adhesión de Ankara a la UE. Su solicitud para reiniciar las negociaciones con Bruselas es una cortina de humo, ya que no cumple casi ninguno de los criterios para ser miembro, incluidos los derechos humanos. Que la UE se muestre ciega ante los abusos cometidos por Turquia y seguir hablando con ella equivale a tratarla como un tercer país y no como un futuro miembro de la Unión, y es una renuncia a los valores democráticos de esta última.

Sin embargo, el acuerdo contiene sorpresas que pronto se harán realidad: a falta A falta de bloquear a los sirios incluso cerrando los ojos ante las carencias del régimen turco en materia de derechos humanos, los europeos tendrán que acoger próximamente a los refugiados turcos y kurdos que huyan de estos abusos...