Lágrimas, silencio, solidaridad. Y sobriedad. Bélgica comenzó su segundo día de luto el miércoles 23 marzo con gran dignidad. Curiosamente, la emoción que se sentía en todo el Reino era más fuerte que la del día anterior, el día de [los ataques] (5065317) sangrientos que cubrieron Bruselas.

De hecho, parece que el país estaba en estado de shock el martes, como paralizado por la violencia salvaje de terroristas, mientras que ayer, empezamos a poner nombres, rostros e historias a las víctimas.

Una personificación que nos lleva de nuevo a nuestra propia fragilidad y provoca una compasión natural. Esto se llama luto. Su duración será oficialmente hasta el jueves por la noche. Pero tomará mucho más tiempo sanar las heridas de un país.

Y para hacer eso, se necesitan dos cosas: serenidad y claridad.

La serenidad sería la victoria de la inteligencia: evitar las caricaturas, las amalgamas y el populismo. Porque es evidente que dos peligros nos amenazan hoy en día: la caricatura externa e interna. Los canales extranjeros de televisión que confunden Molenbeek y Maelbeek y transforman Bélgica en tierra quemada no aportan nada constructivo, ni los expertos franceses de todos los colores que nunca han puesto un pie en Bruselas. "¿Quién se puede vanagloriar de ser impecable en la lucha contra el terrorismo?", se pregunta Jean-Claude Duncker en la entrevista que nos concede. "* Que no se comience a criticar a Bélgica, no comparto ese desprecio."

La claridad, por otra parte, es salir del silencio. Y en ese nivel, cualquier pregunta es una buena pregunta. E incluso necesaria en una democracia. Las preguntas sobre la investigación, sobre los servicios de inteligencia, el recorrido de los terroristas nacidos en Bélgica, lo que sabía o no sabía Salah Abdeslam (es decir poco que los terroristas actualmente en prisión tienen ahora un tesoro de información que pueda traer muchas respuestas a todas las preguntas).

Preguntas y una verdadera introspección, también y sobre todo, de hecho, en los últimos cuarenta años de Bélgica y de su política. La seguridad, la integración, "vivir juntos", su aparente laxitud en ciertos puntos, su ligereza sobre otros, su falta de visión, sin duda, sobre el proyecto global que es (y debe ser) el nuestro . Si eludimos este debate al permanecer en una discusión ideológica entre los que piensan que todo está bien y los populistas que proponen soluciones simplistas, no vamos a ir muy lejos.

Ahora bien, esto es lo que se va a decidir en los próximos días, semanas, meses: nuestra capacidad para nombrar a los problemas para hacerles frente y no rodearlos, nuestro deseo de desarrollar un proyecto social claro para el país. Si podemos aprender de lo que pasó en Francia en noviembre, evitaremos caer en la discordia nacional, la querella política, los debates en torno al falso/verdadero que llevan al ridículo, y nos concentraremos en lo esencial.

Ese sería el mejor homenaje a las víctimas de los ataques.