Es un país fracasado. La Turquía a la que la Unión Europea ha finalmente subcontratado, el viernes 18 de marzo, la acogida de refugiados y que fue golpeada nuevamente el sábado 19, con un nuevo ataque está tan aislado internacionalmente como cada vez más fracturado en la escena doméstica.

En el interior, hay ahora dos Turquías cara a cara y Turquía numéricamente iguales. Hay, por un lado, una que es culturalmente europea, secular, una Turquía moderna, enraizada en el siglo XXI y donde las clases medias urbanas se codean con las mayores fortunas y con la efervescencia política y social de la juventud estudiantil .

Este Turquía-en la que no hay nada homogéneo, pero está sin embargo cimentada por una misma oposición, absoluta,frontal, a la de los islamo-conservadores del AKP, el partido del presidente Erdogan.

No sólo estos islamo-conservadores no tienen nada de yihadistas, sino que en la actualidad han cambiado en gran medida su Islam original, su compromiso de poner la religión a las riendas del Estado en contra de la "lucha de clases".

Sí, dicen, estamos "luchando contra el antiguo régimen", ya que ellos viven como revolucionarios que se han promovido desde la primera victoria electoral del AKP en 2002, durante 14 años, los hijos de la la miseria contra los medios occidentalizados, los de la otra Turquía, que han perdido, de hecho, su hegemonía cultural. Estamos en plena marxismo a la salsa islamista, pero no todo es malo en su análisis por dos razones.

La primera es que el auge económico en Turquía ha sacado efectivamente de la exclusión a un gran número de niños de las familias más pobres, más piadosas y más conservadoras y la segunda es que el AKP ha precipitado este movimiento mediante la aceleración de la conversión al liberalismo en este país y su integración en la globalización. Al igual que en muchos países emergentes, una revolución social está en marcha en Turquía, pero esta revolución es culturalmente conservadora, mientras que el "antiguo régimen", como dice el AKP, es, por el contrario, progresista.

La tensión interna está en su apogeo en Turquía y, cada vez más autocrático, su presidente cierra periódicos y multiplica las detenciones en la Turquía que no es la suya. Hay una paranoia de este presidente y sus partidarios, tanto más fuerte en cuanto que la posición diplomática de Turquía está muy debilitada.

Turquía no tiene casi ningún amigo. Está a la gresca con Rusia, ya que derribó uno de sus aviones a la frontera con Siria. Mantiene una fría relación con los norteamericanos a los que acusa de confiar, en la lucha contra Daesh, en los kurdos sirios que están ganando su independencia en la misma frontera con las zonas kurdas de Turquía. No tiene aliados reales en el mundo árabe y su acuerdo con la UE no es sino circunstancial por amas partes.

Ocupada en la represión de sus kurdos, Turquía está muy aislada y ni siquiera sabe hacia dónde va.