"Es imperativo un acuerdo global entre los miembros de la UE el próximo 25 de marzo en Bruselas, durante el Consejo de Europa. De lo contrario, la situación será muy difícil en Europa y Grecia", declaró el primer ministro Georges Papandreu ayer, haciendo balance de la situación ante la canciller alemana Angela Merkel, cerca de un año después del plan de rigor. "Europa tiene una serie de responsabilidades", señaló, y "es necesario acabar con esta historia, pasar página y no volver a sufrir una crisis como la que hemos pasado durante meses".

Para el primer ministro, ante todo la principal cuestión es la prolongación del plazo de reembolso del préstamo de 110.000 millones de euros concedido por la UE y el FMI. Esta opción está "prevista", "pero es razonable no tomar una decisión precipitada, es mejor obtener una respuesta global. Es lo mejor para Grecia". Pero Angela Merkel, con la mirada fija sobre la derrota electoral de su partido en las elecciones regionales de Hamburgo el pasado domingo, se ha negado a dar ahora una solución al problema global de la eurozona, del que forma parte el "problema griego".

"Todo se encuentra aún sobre la mesa"

El resultado es que "todo se encuentra aún sobre la mesa" de negociaciones, según una fuente gubernamental. Aunque la canciller haya reconocido que el Gobierno griego ha tomado decisiones "difíciles", se niega a ceder sobre la prolongación del plazo del reembolso y remite la decisión a un acuerdo europeo. Obviamente, la cumbre de finales de marzo coincide con las elecciones en Baden-Würtemberg y Angela Merkel de nuevo estará bajo la presión de su partido. Tanto es así que la prensa alemana ya habla de "castigo" en las urnas por su posición huidiza sobre Grecia. Es poco probable que cambie de posición de aquí a marzo y por lo tanto no debería apoyar a la moneda única.

En lo que respecta a nosotros y sobre la prolongación del plazo del préstamo, Angela Merkel "reflexiona sobre ello" y "todo se está debatiendo". Se atendrá a los resultados del plan de rescate para ver si Grecia debe o no formar parte del pacto de competitividad promovido por ella y Nicolas Sarkozy, un pacto del que Grecia querría estar exenta, ya que impone demasiadas condiciones rigurosas.

La canciller alemana ha apoyado a Grecia y ha asegurado que "muchos alemanes están convencidos de que los griegos llegarán al objetivo, pero que es necesario seguir esforzándose". Esto, claro está, ha producido un clamor de protesta entre los griegos, que actualmente piensan que se aplicarán nuevas medidas de rigor aunque el primer ministro diga lo contrario. Después de Alemania y Finlandia, el primer ministro griego se desplazará a otros países europeos mientras aumenta el descontento en Grecia, en la octava huelga general desde el comienzo de la austeridad.