Se cumple en estas fechas un año de la creación del último intento por fundar una política euromediterránea que implique y motive a los países de las orillas norte y sur del mar Mediterráneo. La Unión por el Mediterráneo pretende recoger de esta manera los logros y las carencias del proceso de Barcelona, que le precede en el tiempo.

Pero, una vez más, las perspectivas están teñidas de nubarrones. Ignacio Sotelo en El País considera que la UPM corre el mismo riesgo de bloqueo que las anteriores iniciativas, puesto que los diferentes países que la integran persiguen intereses diversos y no siempre coincidentes: " Un año de la UPM ha puesto de manifiesto que el conflicto israelí-palestino, que había congelado el proceso, ha paralizado también la nueva versión". Pero otros conflictos latentes tampoco parecen favorecer el proceso, " como el que enfrenta a Marruecos con Argelia en el Sáhara occidental (...), o la posición de Libia (...).

Y es que en una región con niveles de desarrollo económico con diferencias abismales, "el que no se divise a mediano plazo una forma eficaz de cooperación entre las dos riberas del Mediterráneo, cuando el desnivel de renta es de 1 a 10, tal vez el mayor del mundo, no permite ningún buen augurio sobre lo que se nos viene encima".