Al conocer a Timo Soini, es inevitable no quedar cautivado por su encanto. Es un hombre divertido, simpático y con respuestas para todo. No da la impresión de ser una persona escandalosa o estúpida y su profunda piedad sigue siendo discreta. Domina los asuntos de fondo y por lo general responde a las preguntas sin rodeos. Pero es también un populista declarado, un político que triunfa por el descontento reinante y aporta respuestas simplistas a las preguntas complejas.Timo Soini es el jefe del partido Verdaderos Finlandeses. Hace unos años, el partido se desarrollaba al margen de la escena política. En las elecciones legislativas de 2007, obtuvo un modesto 4,1 %.

Ahora, el partido ha subido hasta el 17 % en los últimos sondeos de opinión, una remontada que ha pillado desprevenido al conjunto de las instancias dirigentes del país. De este modo, los Verdaderos Finlandeses se ponen a la altura de los tres principales partidos del país, el Kokoomus [Partido de la Coalición Nacional], el Partido del Centro y el Partido Social-Demócrata. Hoy, a dos meses de las elecciones legislativas, el partido de Timo Soini prácticamente cuenta con el mismo apoyo que los social-demócratas (17,3 %). Es la subida más fuerte de un partido político finlandés desde hace decenios.

Su popularidad nace de la crisis de la democracia finlandesa

La popularidad de Timo Soini es sobre todo consecuencia de la crisis que atraviesa la democracia finlandesa. Durante años, después de cada elección, la formación del Gobierno ha dado lugar a peleas verbales entre los tres partidos principales del país, lo que ha generado un creciente sentimiento de impotencia y de frustración entre los electores. En Finlandia, el índice de participación electoral es más bajo que en los demás países nórdicos: en las legislativas de 2007, se elevaba al 67,9 %, mientras que el índice en las elecciones suecas ascendía al 84,6 %.

Como es natural, el apoyo acreditado a Timo Soini debe considerarse con prudencia. No obstante, todo parece indicar que su partido podría obtener al menos el 10 % de los votos en las legislativas. Entonces se convertiría en el cuarto partido de Finlandia y por lo tanto, dadas estas condiciones, sería difícil mantenerle al margen del Gobierno. Soini ha pregonado con aplomo que su formación conseguiría al menos dos puestos ministeriales y que él mismo se veía bien en el puesto de ministro de Industria.

Ahí es donde reside la gran diferencia entre las políticas sueca y finlandesa. En Suecia, son muy pocos los responsables políticos dispuestos a relacionarse, ni siquiera de lejos, con los Demócratas de Suecia [la extrema derecha]. En cambio, en Finlandia, los Verdaderos Finlandeses se consideran una alternativa perfectamente creíble. Esto se debe sobre todo al hecho de que no tienen un pasado neonazi; este partido es, por así decirlo, una creación exclusiva del mismo Soini, cuyas propias raíces políticas se encuentran en el Partido Rural de Finlandia, un partido populista de los años setenta dirigido por el legendario Veikko Vennamo. Éste último era un orador de gran talento; algunas de sus frases han pasado a los anales de la política finlandesa, sobre todo “kyllä kansa tietää” [el pueblo sí que sabe].

Su caballo de batalla es salir de la Unión Europea

Esta es la tradición que precisamente perpetúa Soini, forjándose una imagen de defensor de los pueblos pequeños contra el poder establecido. Su caballo de batalla es la salida del país de la Unión Europea y el límite a la inmigración. También considera que Finlandia debería retirarse del Protocolo de Kioto y que la iglesia no debería aceptar el matrimonio homosexual. Soini se esmera en especial para distinguirse de los racistas. Con frecuencia hace referencia a su fe católica (se convirtió cuando era estudiante, en los años ochenta) para sostener su convicción según la cual todos los hombres son iguales. Sus detractores destacan que la demagogia a pesar de todo gusta al electorado xenófobo y que hace creer a sus electores que representa sus valores.

En realidad, el éxito de Timo Soini no tiene que ver con la política de inmigración, sino sobre todo con el hecho de que ha llegado a calar en la franja cada vez más grande del electorado que se desvía de la política. Para muchos responsables políticos, este fenómeno se debe a que Soini se ha convertido en el preferido de los medios de comunicación, puesto que los periodistas admiran su ascenso fulgurante, en lugar de ponerlo en duda.

Sin embargo, la credibilidad de Timo Soini se tambaleó un poco tras la presentación de su programa en materia de política climática. Al parecer, este programa era la copia exacta del propuesto por Metalliliitto [sindicato de la metalurgia], con erratas tipográficas incluidas. Reconoció su error y siguió labrándose su camino sin pestañear, como si no hubiera pasado nada. La solución para los “viejos partidos” podría ser dejar que los Verdaderos Finlandeses formaran parte del próximo Gobierno. El poder actual espera que suceda lo mismo que con Veikko Vennamo: que no llegue a cumplir sus promesas electorales y sufra un duro revés en las siguientes elecciones. Pero es tan sólo una hipótesis. Y por eso los grandes partidos actualmente tienen los nervios a flor de piel.