La repentina dimisión del primer ministro de Croacia, Ivo Sanader, debida en cierto modo a que la apuesta de Croacia por formar parte de la UE ha perdido fuelle, es un ejemplo muy representativo de los problemas con los que se enfrentan los gobiernos de la región, cuyas aspiraciones a pertenecer en algún momento a la UE son cada vez menores. Cuestiones como la declaración unilateral de independencia de Kosovo y la interminable controversia entre Grecia y la Antigua República Yugoslava de Macedonia sobre el nombre de este último país, ponen en peligro varios frentes de las “buenas relaciones entre vecinos” y la parálisis de los planes de integración europea empiezan a tener un impacto profundo en la política nacional de los Balcanes Occidentales.

Croacia se empezaba a considerar como la principal candidata a convertirse en el 28 Estado Miembro de la UE y se unió a la OTAN en abril de este mismo año. Pero la ruptura de las negociaciones, con la UE como intermediario, sobre un conflicto fronterizo que tiene con Eslovenia desde hace 18 años ——Eslovenia ansía asegurar un corredor a través de la bahía de Piran que le facilitaría un acceso gratuito a aguas internacionales—, provocó que la UE cancelase la siguiente ronda de negociaciones para la adhesión. Suecia, con la recién estrenada presidencia de turno de la UE, relevando a República Checa, reiteró su apoyo a la recomendación de que “Eslovenia y Croacia resuelvan el conflicto fronterizo bilateralmente” y que, como solicitó el ministro de Asuntos Exteriores sueco, Carl Bildt, “ambos países se concedan un periodo de reflexión”.

No hay nuevos capítulos en el acervo comunitario, así que la ambición de Croacia de convertirse en miembro de la UE ha de posponerse indefinidamente. Éste es un factor que esgrimió Sanader durante su apresuradamente preparado discurso de dimisión, afirmando que “la UE […] y el proyecto de integración europea no tendrán ninguna oportunidad si se acepta el chantaje como principio de actuación dentro del seno de la Unión”. Se van asentando las conclusiones sacadas durante la presidencia Checa y se sigue lamentando que “las negociaciones no hayan avanzado” y que “el fracaso en las negociaciones no coincida con los progresos alcanzados por Croacia sobre el terreno”. No obstante, Sanader asegura que ya ha hecho “el trabajo que tenía que hacer, mi vida política termina aquí”, y que no presentará su candidatura a presidente, tal y como se esperaba, la incapacidad para resolver el conflicto territorial con Eslovenia ha dado al traste con sus ambiciones políticas: la adhesión a la UE.

Ivica Bocevski, viceprimer ministro de Macedonia y el hombre responsable de la integración a la UE del país, presentó su dimisión un día antes que Sanader insistiendo en que, al igual que el primer ministro de Croacia, ya no podía contribuir más al gobierno actual. A pesar de que le otorgaron el estatus de candidato a la UE en 2005, las ambiciones euro-atlánticas de Macedonia han encontrado una traba en el conflicto con Grecia sobre su denominación, de hecho la república helénica vetó la entrada de Macedonia en la OTAN. No parece que el conflicto se vaya a solucionar en breve y además, Macedonia no ha realizado los progresos necesarios en las reformas exigidas por la UE y ha recibido informes de evaluación negativos de Bruselas, así que las conversaciones sobre la adhesión todavía quedan lejos.

La posibilidad de integrarse en la UE ha tenido un impacto evidente en la política de los Balcanes Occidentales, los políticos y los partidos apuntalaron el apoyo electoral y el capital político necesarios para reformas —muchas veces controvertidas— a cambio de demostrar que hacían progresos en la integración en la UE. Pero esta posibilidad cada vez está más lastrada por la incertidumbre derivada de la crisis económica, del retraso en la ratificación del Tratado de Lisboa y del aumento del escepticismo sobre la ampliación y no importa cómo se las apañaron los políticos para reafirmar los beneficios de la adhesión a la UE, seguramente son ellos los que ahora se encuentran bajo más presión.

Afectados por conflictos sobre cuestiones relacionadas con el reconocimiento de nombres (entre la Antigua República Yugoslava de Macedonia y Grecia), el estatus (Kosovo) y las reformas constitucionales (en Bosnia-Herzegovina), que parecen estar demostrando ser más difíciles de resolver incluso que el conflicto entre Eslovenia y Croacia, las circunstancias de la marcha de Sanader pueden convertirse en un rasgo característico de la política en los Balcanes Occidentales, retrasando todavía más la ansiada adhesión y aceptación de estos países en Europa.