Los acontecimientos del 7 de abril de 2009 en Chisinau recibieron el inadecuado nombre de “Revolución de Twitter”. No sabemos cómo se creó esta etiqueta ni de dónde procede realmente, ya que Twitter es a lo sumo un sitio web donde se intercambian conversaciones de unas cuantas palabras. Los acontecimientos de Chisinau no se desarrollaron en el ciberespacio, sino en un mundo que no podía ser más real. Los jóvenes aporreados, las personas arrastradas por la calle y encerradas sin motivo aparente, las palizas durante las detenciones, desgraciadamente todo era real, incluidas las defunciones. Nada de esto tiene relación con Twitter. Escriban en un navegadorwww.twitter.com y verán qué aparece, comprueben si hay algún indicio de alguna revolución.

Twitter se utilizó como medio de comunicación durante los acontecimientos del 7 de abril de 2009, al igual que los SMS o los teléfonos móviles y probablemente haya más teléfonos móviles que conexiones a Internet en Chisinau… Pero no se bautizaron los sucesos del 7 de abril de 2009 como “Revolución de los SMS”. La designación de “Revolución de Twitter” es cuanto menos degradante para los que sufrieron los abusos de las fuerzas del orden. La revolución la llevaron a cabo las personas, no los medios de comunicación.

Una represión que no tuvo nada de virtual

Y la injustificada represión que siguió al 7 de abril 2009 tampoco era virtual. Las manifestaciones en las calles, con sus violencias y sus incendios criminales, fueron organizadas por personas de carne y hueso, al igual que la represión fue planificada, ordenada y ejecutada por otras personas de carne y hueso. Curiosamente, se conoce a los que sufrieron, pero nunca ha quedado clara la identidad de los responsables de esas represiones ilegales. Unos desconocidos, que salieron a la calle y fueron detenidos, en la mayoría de los casos de forma ilegal, de repente pasaron a ser conocidos. Sabemos a quién se golpeó, a quién se pegó, a quién se maltrató, pues tenemos listas exhaustivas. Pero no se sabe quién lo hizo: se habla de funcionarios, de policías, de jueces, de fiscales, de políticos en función el 7 de abril de 2009, pero su identidad, en teoría conocidos, han quedado a la sombra. Se supone, se sospecha, incluso hay una comisión parlamentaria encargada de ello. Pero no hay nada por escrito.

A lo largo de 2009 y luego cada vez menos en 2010, se escucharon nombres de políticos que denunciaban los abusos y las torturas que se multiplicaron tras el 7 de abril de 2009. Una de las promesas electorales más repetidas fue precisamente la identificación de los responsables para luego hacer justicia. Se mostraban imágenes de cuerpos deformados por los golpes, los periódicos rivalizaban por obtener los testimonios de las víctimas. Los jefes de los partidos prometían justicia. La “Revolución de Twitter” iba a salir de la fase virtual para pasar a la de los procedimientos penales. La gente acudió a votar con confianza, esperando que se cumplieran estas promesas. Pero por desgracia, no se ha hecho nada.

Hay un viejo refrán que dice que el pescado comienza a pudrirse por la cabeza, pero que hay que empezar a limpiarlo por la cola. La investigación tendría que haber sido sencilla: partiendo de las imágenes de los policías sorprendidos mientras molían a palos a los manifestantes, se podría haber escalado por la jerarquía hasta llegar al que había dado las órdenes. Pero la investigación se ha suspendido indefinidamente. La revolución fue real, lo que sigue siendo virtual es la verdad sobre la represión.