¿Qué queda de la Unión Europea tras la crisis del euro y en plena crisis libia? Poca cosa en el ámbito económico y prácticamente nada en el de la política exterior. Jean Monnet señalaba que Europa se ha forjado gracias a las crisis. Es lo que ha ocurrido con la respuesta ante la explosión de la crisis de la deuda, a la que Europa acabó respondiendo con el nuevo Pacto del Euro.

De momento, la intervención en Libia no ha producido ningún progreso en la política exterior común; al contrario, demuestra que la organización prevista por el Tratado de Lisboa, con una especie de ministro de Exteriores y su servicio diplomático, no funciona. O más concretamente, que la ministra no sirve para nada. Algunos piensan que la culpable es Catherine Ashton, pues ahora se lleva mucho lo de acusarla de todos los males. En realidad, Ashton fue elegida expresamente por los gobiernos nacionales: expresamente para ser, como alta representante de Asuntos Exteriores, una "no entidad". La baronesa británica cumple esta misión a la perfección.

¿Por qué no funciona la política exterior común? Porque los Estados miembros tienen intereses geopolíticos divergentes, o al menos, piensan que los tienen. Efectivamente, los políticos utilizan el terreno internacional como instrumento al servicio de su imagen personal. Y porque, al contrario de lo que ocurre en el terreno económico, no hay moneda única, ni instituciones comunes unidas al mercado interior, etc.

Los intereses nacionales discrepan en política exterior

En materia económica los intereses nacionales también pueden discrepar. Pero de momento prevalece la convicción de que las ventajas de la pertenencia a una zona económica integrada son superiores a los inconvenientes. Esto no ocurre en política exterior. El caso de Libia es un buen ejemplo de ello: Francia, tras haber titubeado ante la situación de Túnez, pretende recuperar sobre nuevas bases su influencia en el Mediterráneo; para Alemania, cuya zona de influencia política ha cambiado hacia Europa Central y Oriental y cuyos intereses comerciales se encuentran en India y China, se trata de una guerra inútil y costosa.

El resultado es paradójico: es la primera crisis internacional en la que dos países europeos (Francia y Reino Unido) se encuentran en primera fila y al mismo tiempo se hace trizas la política exterior y de seguridad europea.Como es natural, París y Londres no lo ven del mismo modo: piensan que actúan "en nombre" de Europa, al ser las únicas potencias aún en liza. La percepción de los demás países de la UE es que Francia y Reino Unido actúan "en lugar" de Europa. Hay una gran diferencia. El acuerdo franco-británico de cooperación militar del pasado mes de noviembre no ha hecho progresar la defensa en Europa.

Y, aunque estos dos países representen cerca de la mitad de los gastos militares europeos y sean los únicos que disponen de armas nucleares y de un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, no tienen ninguna intención de diluir su cooperación bilateral en una "institución" europea que no controlen. Además, la Agencia Europea de Defensa, confiada desde hace unos días a un director francés, nunca se ha puesto en marcha. Por último, el caso de Libia revela los límites de la capacidad militar existente: para intervenir, los británicos y los franceses han necesitado misiles Tomahawks estadounidenses. Y utilizan bases italianas.

El SEAE, expresión directa de la pareja franco-británica

Y si bien Francia y Reino Unido no ejercen ni la defensa europea ni su política exterior, los dos países han acaparado la mayoría de puestos clave del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE), que de este modo se ha convertido en la expresión directa de esta pareja que se encuentra al mando.

Por ello, para que la política exterior europea funcione, a lo mejor convendría seguir el consejo de Charles Grant, director del Centro para la Reforma Europea de Londres: subcontratar a París y a Londres para que se ocupen de ella, según un principio de "descentralización" de las responsabilidades, compatible con el Tratado de Lisboa.

Cuando comienzan a circular ideas similares, habría que preocuparse. Desde Suez a Ben Ali, pasando por Argelia, tenemos una serie de precedentes que nos lo recuerdan.