A Peter Gauweiler nunca le ha gustado el euro. Lo denomina el “dinero esperanto”, haciendo referencia al idioma artificial internacional que nadie habla realmente. “Si de verdad quieren ayudar a Grecia y a Portugal, habría que decirles: salgan de la eurozona”, señalaba el político de la CSU esta semana en una intervención en una mesa redonda. Y hace caso omiso ante las acusaciones de populismo: “Simplemente significa que sé lo que la gente está pensando”.

Gauweiler puede que no sepa lo que “la gente” piensa. Pero sí sabe lo que quieren cada vez más europeos: dejar el euro. Por toda Europa, la persistente crisis, el recorte de gastos y los rescates hacen que aumente el desagrado hacia la moneda única. En Francia, el Frente Nacional de derecha clama contra el euro, mientras en Países Bajos, los populistas del PVV (Partido por la Libertad) quieren volver al florín. Y en Finlandia, el partido de los “Verdaderos Finlandeses”, con su retórica contra el euro, ha obtenido la tercera posición en las elecciones parlamentarias. En los mercados financieros ahora también impera la preocupación: “El riesgo económico en la unión monetaria se está sustituyendo con el riesgo político”, estima Thomas Mayer, economista del Deutsche Bank.

Porque a pesar de la ayuda financiera y de un pacto de estabilidad más estricto, la crisis del euro aún no ha acabado. En los países periféricos se están aplicando recortes masivos en el gasto social. Aumentan los impuestos, bajan los sueldos, se reducen las pensiones y así el Estado se hunde cada vez más y la gente cada vez es más pobre. Muchos culpan a la UE o al Fondo Monetario Internacional. La ira va en aumento.

Se fermenta un sentimiento en contra del euro

Al mismo tiempo, una cosa queda clara: Portugal, España, Irlanda y Grecia tendrán que recortar los gastos y ahorrar mucho más de lo que se pensaba. Porque las duras condiciones impuestas pueden transformar el crecimiento económico en una caída en picado que arrastre consigo los ingresos tributarios. Y a pesar de las medidas de austeridad, el déficit sigue aumentando. “El programa de consolidación de Grecia para 2011 está al borde del fracaso”, teme Christoph Weil, economista de Commerzbank. La situación presupuestaria en España e Irlanda no ha mejorado en los primeros meses del año. Portugal tendrá que definir un plan de consolidación más duro.

Puesto que todos los países en crisis se basan en las exportaciones como motor de crecimiento, intentarán aumentar su capacidad de competencia con respecto a países como Alemania mediante recortes salariales. De este modo, se reducen los ingresos, lo que a su vez socava el consumo. Se avecina una “sobrecarga de austeridad”, advierte el banco francés Société Générale. “Y es un juego que entraña muchos riesgos”.

En los países más afectados por la crisis se fermenta un sentimiento en contra del euro. “El euroescepticismo es una fuerza política que espera abrirse paso en Irlanda”, destaca Hugo Brady del think-tank Center for European Reform. Incluso en los países más prósperos como Finlandia, Alemania y Países Bajos, el descontento crece entre los ciudadanos que se ven a sí mismos como los pagadores de Europa. “La ayuda financiera a largo plazo a los Gobiernos con problemas de liquidez causará tensiones políticas”, predice Mayer, economista jefe del Deutsche Bank.

“Como un pararrayos en medio de la tormenta”

Los partidos de derecha están sacando partido de la situación. Así, los “Verdaderos Finlandeses” han declarado que votarán contra cualquier ayuda a Portugal. Por consiguiente, el gran aumento de votos a este partido podría constituir un grave problema para la UE. Un Gobierno finlandés euroescéptico podría bloquear todas las decisiones de la UE que requieran unanimidad.

En Francia, el Frente Nacional ha logrado un gran éxito con los eslóganes anti-europeos. “La UE es una estructura que, en mi opinión, posee características totalitarias”, afirmaba Marine Le Pen, líder del Frente Nacional. “Como una Unión Soviética Europea, por así decirlo”. Geert Wilders, líder del PVV, en una intervención en la que se dirigía al Parlamento holandés, arremetió contra la ayuda financiera destinada a la asolada Grecia: “Para nosotros el trabajo duro y para ellos, el souvlaki. Nosotros trabajamos sin cesar y ellos le dan al ouzo. Pero el PVV dice: ¡ni un céntimo para Grecia! ¡Y lo mismo para los portugueses y los españoles!”

Estos credos, que hasta ahora sólo se escuchaban en el ámbito político, comienzan a desestabilizar los mercados financieros. “El clima económico está empeorando y con ello la ideología de extrema derecha siempre se ha beneficiado”, escribe Dylan Grice de Société Générale, en un estudio para inversores. Tradicionalmente, la derecha no acoge de buen grado a las partes externas, sobre todo a extranjeros e inmigrantes. En el euro, la moneda supranacional, parece haber encontrado un nuevo chivo expiatorio. “Todos los países pertenecientes al euro parecen sentirse bajo el dominio de un señor extranjero”, escribe Grice. “Y el euro permanece solitario en medio del paisaje, como un pararrayos en medio de una tormenta”.