La decisión de Roma de conceder permisos de estancia temporales a los inmigrantes, con los que pueden circular en el espacio Schengen, impulsó a París a restablecer una serie de controles en la frontera con Italia para bloquear a aquellas personas que pretendían reunirse con amigos o parientes en Francia, lo que suscitó una mini crisis diplomática que Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi se han apresurado a neutralizar. Pero el mal ya está hecho: incapaces de definir sus posiciones ante las consecuencias de la revolución en curso en el mundo árabe y de resistir a las presiones de los partidos xenófobos, los dirigentes europeos ceden a la tentación del repliegue.

"Todo comenzó en Roma, con el tratado fundador de 1957, que garantizaba las cuatro libertades europeas: circulación sin trabas de bienes, servicios, capitales y personas. Y es en Roma donde se ha empezado a desmoronar la obra común de dos generaciones de europeos", escribe el diario La Tribune, según el cual "el encuentro entre Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi marcaría el replanteamiento de los acuerdos de Schengen y señalaría la espectacular reaparición del nacionalismo económico, a ambos lados de los Alpes. Es indudable que la inmigración ilegal es un problema: la llegada de inmigrantes clandestinos perjudica a las sociedades que la sufren, empezando por los mismos inmigrantes en situación regular. Pero que insistamos en contenerla defendiendo las fronteras nacionales y no las europeas es una característica de estos tiempos. Tras la crisis del euro, que tiene todas las posibilidades de traducirse en un desastre financiero de gran envergadura, ahora es el mercado único lo que se pone a prueba. Menudo fiasco".

"Ante una serie de opiniones prudentes y la proximidad de las elecciones, la revisión de la Europa sin fronteras para detener a los clandestinos de África del Norte era cuestión de tiempo", expone el diario Le Figaro, para el que "El compromiso entre Berlusconi y Sarkozy […] sin duda va a acelerar a reforma:

"Tras la cumbre franco-italiana, ya se ha fijado el calendario de los Veintisiete. En diez días, el 4 de mayo, la comisaria europea Cecilia Malmström debe anunciar la nueva situación, incluida la posibilidad de desplazar o desplegar la frontera de Schengen hacia el interior, en función de la amenaza. Ocho días más tarde, el 12 de mayo, una reunión extraordinaria de los ministros de Interior fijará la reforma. A finales de junio, se aplicará en una cumbre europea".

"Al apostar demasiado sobre la frontera exterior, los europeos se encuentran desprovistos de protección nacional desde que se ha traspasado o inundado la coraza de Schengen. […] París quiere ampliar la gama de contramedidas, Bruselas reflexiona sobre ello, Italia debería dejarse convencer, si le echamos una mano. Los acuerdos de Schengen hacen que el primer país de entrada de los clandestinos sea el responsable de la defensa de todo el sistema. Italia, pero también Chipre, España, Grecia y Malta constituyen murallas ante el Mediterráneo. Los cinco países reclaman a sus socios ’un apoyo operativo y financiero’.Sin embargo, los textos no han previsto nada en caso de fallo de esta primera línea. Una defensa ’elástica’ del perímetro europeo y un refuerzo de los medios de Frontex, la agencia encargada de vigilar los 50.000 km de fronteras de la Unión, podrían paliar la situación ante esta emergencia.Por lo demás, todos saben que la única solución duradera se encuentra en la orilla sur del Mediterráneo […] Para el periodo 2011-2013, Bruselas prevé un cambio en la orientación de la ayuda a sus vecinos del sur, equivalente a 4.000 millones de euros, con una aportación complementaria que podría llegar a los 140 millones para Túnez. La cumbre europea de junio podría decidir otros desarrollos. Acompañados de sus correspondientes condiciones, por supuesto".

Por su parte, el diario [Libération recuerda](http:// http://www.liberation.fr/monde/01012333787-flatterie) que

"la libre circulación en el seno de la Unión constituye, en otro registro distinto al euro o al programa Erasmus de intercambios universitarios, una de esas revoluciones que han transformado profundamente la vida diaria de decenas de millones de personas que van y vienen sin pasaporte ni visado. Es la prueba de que Europa, aunque a veces sea un monstruo de abstracción burocrática, también sabe incrementar sustancialmente las libertades y transformar lo que antes era una utopía en nuevos derechos para los ciudadanos de los Estados miembros. Ahí reside precisamente el sentido del espacio Schengen: un progreso histórico y un avance democrático, atravesados en la garganta de los nacionalistas y los políticos oportunistas de todas las ideologías que soñaban con recuperar a la primera de cambio los antiguos atributos de la soberanía de los Estados-naciones". Por este motivo, según el diario de izquierda, el hecho de "’revisar’ las cláusulas de protección de estos acuerdos es en realidad atacar lo que queda de la dinámica europea. Es animar a las fracciones xenófobas y eurófobas de los electorados nacionales al señalar la incuria de Bruselas, un gran clásico que asegura siempre el éxito entre la opinión pública. Es, finalmente, confundir a sabiendas las amenazas: de este modo, el neopopulismo es más peligroso que unos cuantos miles de inmigrantes tunecinos".

Por ello, La Tribune llega a plantearse si "insensiblemente, la extrema derecha" no está "definiendo la agenda política del continente, apoyándose en el gran cansancio de Europa que ha invadido a los pueblos".

Esta extrema derecha, encarnada en Francia por el Frente Nacional (FN), cuya popularidad amenaza la reelección de Sarkozy en 2012, y en Italia por la Liga del Norte, miembro esencial en la mayoría de Berlusconi, han rondado la cumbre de Roma,según Massimo Nava, en el Corriere della Sera:

"El FN y la Liga del Norte son así los auténticos protagonistas de la cumbre de Roma, en compañía de los espectros nacionalistas (desde los ’Verdaderos Finlandeses’ a los ’Verdaderos Neerlandeses’) que recorren Europa y condicionan la vida de los Gobiernos". La intención de reformar los acuerdos de Schengen, anunciada el 26 de abril por Sarkozy y Berlusconi al término de su encuentro en Roma, perjudica un poco más la integración europea, señala Nava:

"En la práctica, al igual que ocurre con el Pacto de Estabilidad, las exigencias y las sensibilidades nacionales imponen una revisión a la baja de las reglas que constituyen la base de la construcción europea. Según esta lógica, Europa seguirá siendo un formidable fusible de las tensiones internas y un frágil motor de la política común. El problema es que al poner Schengen en tela de juicio no se detendrá el flujo de los desesperados, porque la revolución en el Magreb, como la de la Europa comunista, sigue el ritmo de la historia, no el de la televisión".

[Cesare Martinetti en La Stampa](http:// http://www.lastampa.it/_web/cmstp/tmplRubriche/editoriali/gEditoriali.asp?ID_blog=25&ID_articolo=8659&ID_sezione=&sezione=) comparte esta postura y expone que, una vez más, Nicolas Sarkozy y Silvio Berlusconi,

"dos líderes en plena crisis de identidad", han "designado conjuntamente el chivo expiatorio hacia el que desviar el malestar de una opinión pública aquejada del mismo malestar: Europa".

Tal y como lo anunció el jefe del Gobierno italiano, enviaron a Bruselas una carta en la que pedían "a la Comisión Europea que encontrara la mediación que ellos no quieren ni pueden encontrar. Un déficit de política recorre Europa. El aliento europeo se ha perdido en Roma, pero también en París y en Berlín". Tras la cumbre de Roma, "cada uno seguirá con sus ideas. El prefecto del departamento de Alpes-Marítimos bloqueará a los tunecinos procedentes de Italia; Italia expedirá permisos inútiles y Bruselas prometerá reforzar la actividad de Frontex en el canal de Sicilia; Berlusconi y Sarkozy intentarán pasar este mal trago. Hasta la próxima crisis".