Por lo general, nuestros conciudadanos demuestran una capacidad increíble para contaminar. Así lo revelan lascifras publicadas recientemente por el Eurobarómetroy que se basan en un estudio que demuestra que cada lituano tira anualmente alrededor de 500 kilos de residuos domésticos, lo que representa 1,5 millones de toneladas al año en todo el país. Sin embargo, dos tercios de los ciudadanos a los que han preguntado los sociólogos estiman que no contaminamos en exceso. Por lo tanto, no sólo somos una nación de contaminadores, sino que además no nos preocupa este asunto.

En términos de cantidad de residuos, algunos países siguen superándonos, como Rumanía o Bulgaria. Pero en lo que respecta al retraso en la clasificación de los residuos, nadie nos gana. Incluso batimos un récord, pues el 33% de las personas encuestadas ni clasifican ni crean compost, mientras que nueve de cada diez europeos ya han adoptado este comportamiento.

Sin embargo, en Lituania contamos con posibilidades para clasificar y reciclar. En 2006, el ministerio de Medio Ambiente adquirió alrededor de 20.000 contenedores para reciclar vidrio, plástico y papel. Además, la clasificación de residuos es un servicio público al que todos pueden acceder. El comité del departamento de gestión de residuos del ministerio de Medio Ambiente afirma que la implantación de un sistema de clasificación de desechos es totalmente gratuito. Basta con que los habitantes expresen su deseo de utilizarlo y se dirijan a las instituciones competentes.

Pagar multas es menos "costoso" que reciclar

Los especialistas reconocen que los lituanos no son propensos a clasificar los residuos. No ven motivos para hacerlo, al igual que tampoco están dispuestos a adquirir bienes fabricados a partir de productos reciclados, al contrario de lo que ocurre con otros europeos. En Suecia, por ejemplo, la inscripción "fabricado a partir de papel reciclado" constituiría una ventaja. En Lituania, ocurre lo contrario. El 49% de nuestros conciudadanos no elegirían un producto de este tipo.

El metal, el papel o los recipientes de vidrio son los productos que más se reciclan, ya que los habitantes pueden recibir dinero a cambio. La situación es más preocupante en lo relativo al plástico. Los habitantes consideran que los productos de plástico no tienen ningún valor y nadie los separa de los residuos domésticos. Por eso, los políticos están considerando la posibilidad de introducir un reembolso para los recipientes de plástico. Con ello disminuiría en gran medida la cantidad de basura de plástico que cubre las orillas de los ríos o los parques. Las personas que quieran ganarse unos céntimos se encargarían de recogerla.

En nuestro país, en muchas ocasiones las multas no están adaptadas. Aplicar multas a menudo resulta menos "costoso" que reciclar los residuos. De este modo, tal como explica Almontas Kybartas, director de la empresa EMP Recycling, tratar una tonelada de pilas galvánicas cuesta 8.000 litas (2.318 euros), mientras que el precio de la multa por esta misma tonelada no tratada es de tan sólo 500 litas (145 euros).