Grecia: Desesperados y resignados

3 mayo 2011 – Libération (París)

Los griegos, desamparados y utilizados por los incesantes planes de rigor, ya no creen en su Gobierno. Y mientras el populismo gana votos, la eurofilia se encuentra en caída libre, tal y como informa el enviado especial de Libération en Atenas.

El incidente no se divulgó para no perjudicar la imagen del primer ministro, Yorgos Papandreu. Tuvo lugar en Hidra, una isla muy elegante a la altura del Peloponeso, a una hora y media de Atenas, donde el primer ministro griego pasaba la Pascua, la fiesta del año en Grecia, una especie de concentrado de Navidad y del día de Año Nuevo. El 22de abril, día del Viernes Santo, Papandreu asiste a la misa denominada del levantamiento del cuerpo, no en la pequeña catedral situada en el puerto, sino más discretamente, en una de las numerosas iglesias repartidas por la localidad. Apenas llegó, los fieles le apartaron violentamente y le reprocharon su política de rigor. Los descalificativos se multiplicaron y la policía local tuvo que sacarle de allí.

Hace aún unos meses, este mismo hombre podía participar en el maratón de Atenas, acompañado únicamente por dos agentes de seguridad, bajo el aplauso del gentío. Luego, el ambiente comenzó a empeorar. Los griegos están cada vez más desesperados: el paro no deja de aumentar, los salarios bajan, las pequeñas empresas cierran unas tras otras. Están hartos de los planes de austeridad que se implantan sin parar desde hace un año: el último se anunció el 15 de abril.

El ánimo está también en recesión

Después de tres años de recesión económica, lo que está en recesión es el ánimo. "Hay un ambiente de desesperación", destaca un diplomático europeo. "Todos los días, son malas noticias, independientemente de dónde vengan", suspira Léna, propietaria de varios comercios en los alrededores de la plaza Syntagma, en el corazón de Atenas. "¿Cómo pretenden que la gente, incluso aquellos a los que no les han bajado el sueldo, tengan ganas de consumir en un ambiente así? Es totalmente cierto que cuando los medios de comunicación hicieron huelga durante cuatro días, el ánimo mejoró y el consumo se recuperó…"

"Los sacrificios y los cambios no es lo que deprime a la gente: es la ausencia de resultados, de una salida clara de la crisis", estima Yanis Prétendéris, un editorialista de gran influencia. "Aún no vemos ninguna prueba de que Grecia disponga por fin de un Estado organizado", confirma Léna, que no obstante señala un descenso en la corrupción. Sin duda porque los griegos ya no tienen dinero para llenar los fakelaki (pequeños sobres): "Con la recesión se ha acabado la corrupción", afirma Prétendéris.

"Sabíamos que 2011 sería más difícil que 2010", expone con calma un diplomático europeo. "Se han hecho sacrificios, pero aún no vemos los resultados. Se han aplicado reformas laboriosamente, el Estado sigue siendo en su mayoría ineficaz, los ricos siguen evadiendo gran cantidad de impuestos…" De ahí el ambiente que se vive en la actualidad.Los ciudadanos "reprochan a Papandreu su incompetencia, su incapacidad para hacer que el país cambie de verdad", afirma Prétendéris.

Un país "al borde de la depresión"

No obstante, la depresión no es sinónimo de levantamiento, aunque las huelgas y las manifestaciones contra la austeridad se sucedan a un ritmo acelerado (el centro de Atenas se ha cerrado parcialmente o totalmente 496 veces en 2010, según fuentes policiales). "El país no está al borde de la explosión, está al borde de la depresión", opina Yannis Prétendéris.

Ilias Iliopoulos, secretario general de Adedy (el principal sindicato de los funcionarios) y Georges Pontikos, secretario de relaciones internacionales de Pame, sindicato próximo al KKE (un partido comunista estaliniano), coinciden en el mismo diagnóstico: "Existe una situación de hartazgo generalizado, pero Grecia está lejos de la revolución". Además, las manifestaciones distan mucho de estar en pleno auge. La "ira" corre el riesgo de manifestarse de otro modo, en las urnas: el Pasok (Partido Socialista), que siempre ha liderado los sondeos con un 21%, ha perdido 23 puntos desde 2009.

Con los conservadores de la Nueva Democracia, los principales partidos que marcan el ritmo de la vida del país ya no representan más que el 40 % del cuerpo electoral, contra casi el 80 % de antes. Los populismos de todos los frentes son los que sacan partido de la crisis: en especial, el KKE y el Laos (pueblo). Y como consecuencia, la eurofilia se encuentra en caída libre: "La Unión no piensa en el pueblo, sino en la economía", se queja Ilias Iliopoulos, que apela a "la unidad patriótica" para resistir a la austeridad.

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