En virtud del acuerdo de Schengen, Copenhague no puede restablecer los controles fronterizos clásicos, pero puede enviar a oficiales de aduanas en las fronteras para realizar controles aleatorios en los vehículos. Dichos controles deberían realizarse fundamentalmente en puertos, aeropuertos, trenes, en el puente que une Dinamarca a Suecia sobre el estrecho de Øresund y en la frontera alemana. Se trata de una decisión que ha producido numerosas reacciones en Europa, empezando por la prensa danesa.

Esta medida va "en contra del espíritu danés",[denuncia Jyllands-Posten](http:// http://jp.dk/opinion/leder/article2428214.ece) en su editorial. El diario explica que es fruto de un acuerdo pactado entre el Gobierno liberal-conservador y el Partido Popular danés (DF, la extrema derecha populista). "Aunque el DF intente restar importancia a esta decisión, presentada como una medida para impedir que entren en el país mendigos y criminales y para luchar contra el narcotráfico, el hecho de que vuelva a haber puestos fronterizos, aduanas y policías en nuestras fronteras demuestra, simbólicamente, que ya no nos atrevemos a aceptar que somos europeos", lamenta el diario.

Además, el Jyllands-Posten destaca que los controles serán una molestia para los numerosos habitantes de la región fronteriza con Alemania que trabajan en el país vecino y estima que sería mejor reforzar la cooperación policial a través de las fronteras. No obstante, [escribe el editorialista Ralf Pittelkow](http:// http://jp.dk/opinion/pittelkow/article2428811.ece&usg=ALkJrhi38HC8EcU-ni2VzKr02I4iEbuREg), "los controles deberían ser limitados" y tener como finalidad garantizar "un mejor control de las armas, la droga, el contrabando, el tráfico de seres humanos, la inmigración ilegal y los criminales que quieren entrar en Dinamarca": un objetivo calificado de "razonable" e imposible de conseguir sin controles fronterizos.

Por este motivo, Pitteklow califica las críticas dirigidas al Gobierno de "histéricas", empezando por las que denuncian los efectos "devastadores" del restablecimiento de los controles, o que imaginan "largas colas de camiones y turistas desesperados" en la frontera. Además afirma que "no se vería amenazada la libre circulación en la UE, puesto que esta medida afectará poco al comercio, los trabajadores, los capitales y los viajeros".

Giovanna Zincone expresa una [opinión distinta en La Stampa](http:// http://www.lastampa.it/_web/cmstp/tmplRubriche/editoriali/gEditoriali.asp?ID_blog=25&ID_articolo=8722&ID_sezione=29&sezione=) y compara la actitud de los europeos con la de Estados Unidos, donde el presidente Barack Obama recordó recientemente en un discurso en El Paso, en la frontera mexicana, que su país "debe su posición en el mundo a su capacidad de alimentar la vida económica con nuevos talentos y energías y por lo tanto, también a la inmigración" y reactivó la ley Dream Act cuyo fin es regularizar la situación de cerca de 11 millones de inmigrantes irregulares.

"Hoy Europa tiene miedo de los inmigrantes", afirma Giovanna Zincone: "se muestra reticente incluso ante los nuevos flujos regulares. Obama sin embargo da muestras de apertura, de gratitud y de confianza. No se ha olvidado del aspecto de la legalidad, pero no lo ha dramatizado […] Ha hablado así porque Estados Unidos sabe que es un país de inmigración y está orgulloso de serlo, mientras que Europa, excepto algunos anuncios vacíos en este sentido, no quiere aceptarlo. Y se equivoca porque en los últimos diez años ha superado a Estados Unidos como tierra de inmigración".