Los acontecimientos de estos últimos meses han enfrentado a nuestros responsables políticos ante un problema que ni los peores pronósticos antes de la adhesión a la eurozona habrían imaginado. Es cierto que el Gobierno de Iveta Radièová se negó a participar en el préstamo concedido a Grecia, pero como miembro del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), tras la demanda de ayuda de Irlanda y luego de Portugal, nosotros también tendremos que rascarnos el bolsillo.

Ivan Mikloš, ministro de Finanzas y padre del euro eslovaco, ha llegado incluso a confesar de forma implícita que con los conocimientos que tiene hoy, no se apresuraría para entrar en la eurozona. A pesar de todo, pocos países en Europa creen tanto en el euro como los eslovacos.

Según una encuesta del Eurobarómetro de febrero, cerca del 70% de los eslovacos piensan que el euro ha atenuado el impacto de la crisis económica en nuestro país, mientras que sólo el 40% de los ciudadanos europeos creen que la moneda única constituye en estos tiempos difíciles una divisa competente. ¿Podemos entonces afirmar que el euro, que adoptamos justo en el momento en el que estallaba la crisis [el 1 de enero de 2009], hasta ahora ha resultado más bien favorable?

El euro, conclusión lógica de la integración económica

No existe una respuesta sencilla a esta pregunta. Según el Banco Nacional de Eslovaquia (NBS), que analizó el impacto del euro en la competitividad de nuestras empresas, incluso dejando correr más tiempo, no se puede evaluar la influencia de la moneda única, ya que nunca sabremos cómo habría evolucionado nuestra economía si hubiéramos mantenido la corona eslovaca.

Vladimír Vaňo, principal analista financiero de Volksbank, opina que "en el momento en el que estallaba la recesión global más grave después de la guerra, para nosotros el euro ha sido una bendición.El euro convierte a Eslovaquia en la combinación única de un país que se sitúa en el centro del un mercado de más de 90 millones de ciudadanos del este de la UE y ofrece la estabilidad de un miembro de pleno derecho de la eurozona, con todas las ventajas que ello conlleva". Según Vaňo, la adopción del euro no fue sino la conclusión lógica de la integración económica de Eslovaquia: "Alrededor del 85% de nuestras exportaciones tiene como destino la UE y más de la mitad, países de la eurozona".

En cambio, para Ján Tóth, director del Instituto de Política Financiera, ligado al ministerio de Finanzas, el euro no ha sido en absoluto una bendición para Eslovaquia y hasta ahora ha aportado más inconvenientes que ventajas: "Entramos en el peor momento posible para la eurozona. […] Actualmente sufrimos más con el euro que lo que habríamos vivido de haber conservado la corona, porque la crisis ha afectado a nuestros modelos empresariales, nuestra economía se orienta hacia las exportaciones y se basa sobre todo en la construcción automovilística, y la cotización de la divisa no se ha podido adaptar en consecuencia".

Con la crisis ha sido perjudicial ser parte del euro

Por su parte, Juraj Karpiš, analista del INESS [Instituto de Estudios Económicos y Sociales], es de los que habían advertido contra la adopción de la moneda única. En su opinión, si durante la crisis hubiéramos estado fuera de la eurozona, no nos habría ocurrido nada grave: "Basta con observar a la República Checa. Estar fuera de la eurozona no le ha traído ninguna consecuencia negativa".

Pero lo fundamental reside en otro aspecto: "Después de que los dirigentes de la eurozona decidieran en mayo de 2010 crear el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) fue cuando nos empezó a perjudicar ser parte del euro. Porque, si tenemos que contribuir para que Grecia pueda pagar las pensiones y los bancos alemanes puedan pagar a sus acreedores, nos veremos obligados a aumentar los impuestos".