Detectada hace tres semanas en Alemania, la bacteria E.coli se ha extendido por Europa, causando la muerte a 16 personas, 15 de las cuales tuvieron lugar en Alemania, junto a más de 1.200 infecciones. Tras haber afirmado que la bacteria procedía de un pepino español, las autoridades sanitarias de Hamburgo reconocen hoy que la fuente de la intoxicación sigue todavía sin estar identificada.

“Mientras los europeos se equivocan con el origen de las cucurbitáceas con E.coli, el número de víctimas aumenta”, critica el diario rumano Jurnalul National, que lo sintetiza en: “Europa tiembla de miedo”. El diario de Bucarest justifica su afirmación con una entrevista al catedrático Gheorghe Mencinicopschi: “La gripe de los pepinos es la nueva aberración biológica. Estoy convencido de que es simplemente un nuevo episodio de la serie de la gripe aviar, porcina… En otras palabras, se nos conmina a no comer más carne de cerdo, de pollo. Hoy las legumbres, mañana las frutas. Para que todos nos pasemos a la comida rápida”.

Por parte alemana, la prensa se limita a servir a los consumidores y ofrece el progreso de las investigaciones, señalando también que Alemania comienza a afrontar la crítica de sus socios europeos. Únicamente el Frankfurter Allgemeine Zeitung hace una excepción al pasar revista “una semana kafkiana para los productores de legumbres alemanes”. “Mientras las crisis sanitarias se desatan normalmente con la revelación de un posible motivo de riesgo sanitario potencial – las vacas tambaleantes, el cerdo que estornuda, el aceite en el pienso – el caso del Ehec comienza con las defunciones. Los epidemiólogos trabajan como los comisarios que investigan una muerte. El círculo de sospechosos es muy amplio”.

Por parte española, el sentimiento anti-alemán prevalece. La ministra de Sanidad de la región de Hamburgo, Cornelia Prüfer-Storcks, ha confirmado que los analistas desestiman el origen español del brote de E.coli, pero “no presentó ni una disculpa pública” subraya El Mundo en su editorial. “[…] es evidente que el primer culpable de la situación generada ha sido, por lo tanto, Alemania” cuyo Gobierno “ha sido incapaz de reprobar a las autoridades de Hamburgo y de reorientar el caso”, a pesar de “la descabellada actuación” de la consejera, “que incumplió los protocolos europeos previstos para alertas alimentarias”. “[…] con más motivo hay que criticar la incapacidad del Gobierno [español]”, que ha demostrado que “faltaron reflejos” y cuyas “protestas oficiales no sirvieron para que Alemania moviera un dedo”.

Ahora Alemania debe reparar su error, afirma La Razón en su editorial: “La rectificación de Alemania es un paso imprescindible, pero no puede suponer un borrón y cuenta nueva. Primero, porque el pánico es un estado de ánimo muy complicado de revertir, y segundo porque el perjuicio a los productores y a la imagen del país ha sido demasiado importante”. “Una campaña nacional de las autoridades germanas a favor de las hortalizas y frutas de nuestro país y la compensación económica correspondiente son actuaciones obligadas”.

Para Público, “Si alguna debilidad pone de manifiesto la crisis de los pepinos, es la de la UE en la gestión de situaciones como esta, para evitar que unas afirmaciones infundadas puedan provocar perjuicios enormes a todo un sector económico de un Estado miembro”.

El quid del problema reside para el diario francés Libération en primer lugar en que una sospecha “no se puede erigir en política de sanidad pública. Mantiene el pánico mientras los consumidores necesitan que se esclarezca todo y que se les informe. Esta política de la psicosis es devastadora para la economía, pero mucho más para la salud”.

En definitiva, para el diario holandés Volkskrant, “No es el pepino lo que aterroriza, sino la incompetencia de las autoridades para limitar la contaminación”. “Esta falta de claridad refleja probablemente muy bien la ausencia de transparencia en el libre mercado de frutas y legumbres en Europa y en los Estados miembros”. Y el diario holandés concluye que “no comer pepinos es dar fe de una histeria ridícula, especialmente si los consumidores lavan y pelan sus legumbres – una recomendación que se ha hecho siempre”.