Entre las empresas industriales que observan de cerca las revoluciones árabes en curso, se encuentran numerosas compañías alemanas. Desde el verano de 2009, varias de ellas, grupos financieros como Deutsche Bank y empresas industriales como E.ON, RWE o Siemens, lanzaron el consorcio Desertec como partida de un proyecto energético especialmente ambicioso: la explotación a gran escala de la energía solar y eólica en los desiertos del norte de África para suministrar la electricidad que necesitarán estos países y también Europa.

Las cifras expuestas tras el lanzamiento del proyecto son gigantescas: se trataría de cubrir en 2050 las necesidades de electricidad de Oriente Próximo y del norte de África, así como de cubrir el 15 % del consumo del Viejo Continente. El coste total de la inversión sería de alrededor de 400.000 millones de euros en 40 años.

No obstante, el consorcio Desertec Industrial Initiative (DII), con sede en Múnich, encargado de crear de aquí a finales de 2012 las condiciones técnicas, jurídicas y económicas de esta ambición, matiza una serie de aspectos. Para sus responsables, ante todo no se trata de un proyecto gigantesco "de 400.000 millones", sino de una interconexión de numerosos proyectos locales, una treintena, precisan. De este modo, se acaba de elegir a Marruecos para la construcción de una primera central solar de 500 megavatios.

Aprobación tunecina

Como es evidente, desde la revolución tunecina, surge una cuestión preocupante: A Desertec, consorcio concebido durante los regímenes dictatoriales de Túnez y Egipto, ¿lo pondrá en tela de juicio la "primavera árabe"? Paul van Son, el holandés que dirige DII, no lo cree así. A partir del 4 de marzo, publicó una declaración y su equipo la presenta siempre como referencia sobre el asunto. Es cierto que "con los cambios políticos actuales se corre el riesgo de sufrir retrasos en la planificación de las primeras instalaciones", pero no se pone en duda el proyecto de Desertec.

Todo lo contrario. "La misión de DII, es decir, el aumento de valor a largo plazo de las energías renovables para las poblaciones locales y para la exportación hacia Europa, no perderá su significado en ningún caso", afirma Van Son. "Hasta 2050, la población del norte de África aumentará en gran medida. Se observará un incremento de la demanda energética, mientras que el empleo y las perspectivas económicas para las poblaciones jóvenes se convertirán en una urgencia. (...) Desertec significa también el desarrollo de nuevas industrias en el norte de África y en Oriente Próximo, la creación de empleo y una transferencia de tecnologías y de conocimientos".

Un signo alentador para el consorcio se produjo a mediados de abril, cuando cuatro ministros tunecinos dieron su aprobación para iniciar un estudio de viabilidad de una serie de grandes proyectos sobre energía solar y eólica. Por su parte, Desertec abrió una oficina en Túnez, dirigida por un ex responsable de Siemens.

Apoyo de Greenpeace

Por otro lado, otro síntoma de la confianza que los europeos tienen en el proceso en curso en Egipto es que en noviembre se organizará en El Cairo la gran conferencia anual de Desertec.

Sin que se haya dicho de forma explícita, dos sucesos recientes también tranquilizan a Desertec: el apoyo financiero que el G8, los días 26 y 27 de mayo en Deauville, decidió para los países en vías de democratización, así como el abandono de lo nuclear en Alemania, que refuerza la necesidad de energías renovables.

Desertec, que no ha contado con el favor de los franceses, exceptuando a Saint-Gobain, que forma parte de los grupos que se han unido a los fundadores, cuenta con el apoyo unánime de Alemania y demuestra hasta qué punto este país está tomando ventaja en el ámbito de las energías limpias.

No es frecuente ver a los Verdes y a Greenpeace apoyar un proyecto en el que los grupos energéticos E.ON y RWE desempeñan una función tan importante. El hecho de que el comisario europeo de Energía, Günther Oettinger, sea alemán, también favorece al proyecto.