En el mes de junio se han celebrado elecciones municipales en Slubfurt. Todos los habitantes tenían derecho a ejercer el voto, incluidos los jóvenes, los extranjeros y los que no poseen tarjeta de elector. De hecho, Slubfurtes una ciudad virtual, cuyo nombre compuesto procede de dos ciudades fronterizas, Słubice, en Polonia, y Frankfurt del Oder, en Alemania. Aquí se ha producido una de las experiencias germano-polacas más interesantes. Slubfurt no aparece oficialmente en el mapa, pero no importa. Desde hace algunos días, la ciudad cuenta con una verdadera Asamblea municipal que encarna la voluntad de una parte de los habitantes de vivir juntos un futuro germano-polaco.

Los estudiantes de la universidad germano-polaca de Frankfurt del Oder son los que han tenido la idea de celebrar estas elecciones, bajo la dirección del artista Michael Kurzwelly, que ya había creado, hace una decena de años, la Asociación Ciudadana Bilateral de Slubfurt. "Me harté de organizar exposiciones secretas entre cuatro paredes, de ver cómo se desplazaban siempre las mismas personas y el mismo grupo de críticos de arte", explica. "Por ello decidí crear una nueva realidad, directamente anclada en el espacio urbano. Sobre todo, no hay que verlo únicamente como un juego, ya que la Asamblea deberá responder a preguntas esenciales para la ciudad". Por ejemplo, durante la primera sesión, se pronunció a favor de la construcción de un carril-bici germano-polaco que cruzará el río y de la publicación de una guía turística de la ciudad de Slubfurt. Por otro lado, también ha expresado su deseo de crear una cadena de televisión bilingüe. Gracias a la posibilidad de recibir subvenciones, los miembros de la Asamblea tienen una oportunidad real de ver cómo se hacen realidad todos sus proyectos. Entretanto, se anticipan al futuro.

Los alemanes sobretodo se oponen al proyecto Slubfort

Antes de la IIª Guerra Mundial, las ciudades de Frankfurt y Słubice estaban unidas. Si se quiere comprender fácilmente la realidad oficial de la cooperación transfronteriza, basta con analizar el proyecto de línea de tranvía común entre las dos ciudades, que pasaba por el puente que constituye actualmente el único eje de comunicación. Cuando un alemán propuso unir Frankfurt con Słubice, en la euforia de los años noventa, se produjo la protesta generalizada de los polacos, en especial por parte del lobby de los conductores de taxis, que a diario llevaban de vuelta a casa a clientes alemanes que se desplazaban al otro lado de la frontera para hacer compras.

Actualmente, son sobre todo los alemanes los que se oponen al proyecto. Temen que al cruzar la frontera en tranvía y no a pie, los turistas no pasen por sus establecimientos. Y anteponen los resultados de un referéndum, según el cual, aunque sólo haya participado en él un tercio de los habitantes de Frankfurt, el 80% de los alemanes están en contra de la puesta en marcha de un sistema de transporte público común en las dos ciudades. ¿Cuál ha sido en este caso el argumento principal? Muy sencillo: "Vamos a aportar dinero y serán los polacos los que utilicen este transporte público". Nos encontramos esta opinión negativa en las cartas al director de los lectores de los periódicos locales, polacos y alemanes. Como argumentación, muchos señalan con vehemencia las diferencias culturales y las exacciones cometidas durante y después de la IIª Guerra Mundial.

El proyecto de una línea de tranvía común hoy es tan utópico como el de un acercamiento lingüístico. Krzysztof Kolanowski, consejero municipal de la Asamblea de Slubfurt, en su programa de candidatura a las últimas elecciones propuso la adopción de un sistema de inscripción en bilingüe en los carteles de la ciudad. Pero en la realidad, en la parte polaca no se ve ni rastro de alemán, excepto los letreros de "Wechselstube" [oficina de cambio de divisas]. Y en la ciudad de Frankfurt, apenas hay dos restaurantes en los que el menú se encuentre a la vez en polaco y alemán. En lo que respecta a los otros, no quieren ni oír hablar de la cuestión.

36 ciudades europeas con frontera compartida

En Europa, existen 36 ciudades compartidas por una frontera. Algunas de ellas se encuentran en la frontera germano-polaca. Destacan sobre todo las de Guben y Gubin e incluso Görlitz y Zgorzelec. Pero mientras que estas ciudades han adoptado desde hace tiempo un sistema común de canalización y de transporte, los representantes de las ciudades de Słubice y Frankfurt ni siquiera son capaces de reunirse. El proyecto de Slubfurt les supera. Slubfurt posee su propio código postal, además de su periódico y sus postales bilingües. Y desde mediados de julio, también tiene su propia Asamblea municipal. Los representantes locales se muestran inquietos. Este juego de buena vecindad no les gusta en absoluto. De hecho, temen perder sus prerrogativas.

"Este artista está completamente loco. Hace su propia publicidad a costa de la ciudad. La realidad es totalmente diferente. Es imposible llegar a un acuerdo con los polacos. Son demasiado orgullosos", opina Volker Kulle. Este político representa a la izquierda del municipio de Frankfurt, que cuenta con un apoyo en la región del 30% de los habitantes.