Solidaridad a cambio de responsabilidad: ese fue el rumbo fijado hace un año por Angela Merkel, cuando aceptó a su pesar salvar a Grecia por primera vez. Para la canciller alemana se trataba de exportar a toda Europa, en particular a los países del Sur, la “cultura de la estabilidad” tan arraigada en su país.

Un año más tarde, se han multiplicado los esfuerzos por extraer lecciones colectivas de la crisis griega, en un contexto de contagio a Irlanda y posteriormente a Portugal: endurecimiento del pacto de estabilidad, “semestre europeo”, pacto “euro plus” para la convergencia de las economías, marco de supervisión macroeconómica. Los países miembros del euro esperan establecer un dispositivo capaz de prevenir otras crisis existenciales, más allá de los fondos de rescate creados con urgencia.

“A falta de unión política, es indispensable reforzar la supervisión de la zona euro”, insistió John Lipsky, director general interino del Fondo Monetario Internacional, el lunes 20 de junio en Luxemburgo ante los ministros de Finanzas europeos.

Reformar el pacto de estabilidad y crecimiento

Entre las diferentes iniciativas, la más importante sigue siendo la reforma del pacto de estabilidad y crecimiento. En vísperas del Consejo Europeo de los días 23 y 24 de junio, da lugar a los últimos contactos entre los 27 y el Parlamento Europeo. El pacto, establecido en 1997, fue suavizado en 2005 a iniciativa de los franceses y los alemanes, que no conseguían respetarlo.

Esta vez se trata de endurecerlo, por lo menos en teoría. Se van a reforzar las sanciones, tanto para corregir un déficit y/o endeudamiento excesivos, como para prevenir esta clase de desajustes. Se han introducido enmiendas para el caso de fraudes en las estadísticas, a la vista de los recientes trucajes de Grecia.

El pacto se completará con un doble dispositivo inédito. Por un lado, se creará un “semestre europeo” con objeto de que las instituciones puedan dar su opinión en primavera sobre la política presupuestaria y las reformas realizadas por cada Gobierno, antes de la adopción del presupuesto por los parlamentos nacionales.

Supervisión macroeconómica

Por otro lado, se dedicarán mayores esfuerzos a la supervisión macroeconómica, con el fin de identificar las burbujas y otros desequilibrios susceptibles de frenar la expansión de un país. Se trata de ampliar la supervisión partiendo de una constatación: los países virtuosos desde el punto de vista del pacto de estabilidad, como Irlanda y España, han fundado a veces su desarrollo en desequilibrios explosivos, como una burbuja inmobiliaria o la hipertrofia de su sector bancario.

Todavía está por definir la paleta de indicadores que se empleará para examinar la balanza de pagos, el saldo comercial, la inflación o el empleo. Podrán dictarse sanciones si un Estado no corrige ciertos desajustes.

Queda por saber si este dispositivo de aspecto complejo y farragoso tiene visos de funcionar. Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo, ha exigido a los diputados europeos que refuercen el carácter automático del nuevo régimen de sanciones del pacto de estabilidad, por miedo a que no llegue a aplicarse nunca.

Hacia un gobierno económico

Una posición compartida por la Comisión y por una parte de los electos: “Se trata de evitar los acuerdos entre Estados, que tienen tendencia a absolverse unos a otros”, dice la diputada europea Sylvie Goulard (Modem), ponente del texto sobre las sanciones.

Aun cuando las sanciones sean más automáticas, las capitales, París y Berlín a la cabeza, se han preocupado por conservar el control sobre el proceso y poder aceptar o no las recomendaciones realizadas por la Comisión para la aplicación del pacto de estabilidad. A pesar de lo cual Francia y Alemania quieren ver en este arsenal la emergencia de una forma de gobierno económico en el seno de la unión monetaria.