Desde su pequeña habitación en una ciudad universitaria de Bucarest, Andrei Babcinetchi contempla un campo de deportes de hormigón y viviendas de protección oficial de la época comunista. Aún falta mucho para que este país se asemeje al Occidente soñado por este estudiante moldavo, pero es un primer paso: la estancia en Rumania es imprescindible si desean emigrar a Occidente desde Moldova. “Estoy matriculado en la Escuela de Estudios Económicos”, explica el estudiante. “Dentro de dos años, me habré licenciado y pretendo seguir estudiando en Europa Occidental. Si me hubiera quedado en Moldova, no tendría la más mínima posibilidad de conseguirlo. Rumania forma parte de la Unión Europea (UE) y el título que me darán en Bucarest está reconocido por todos los países miembro. No queremos quedar aislados del resto del mundo. También pertenecemos a la UE.”Al igual que Andrei Babcinetchi, decenas de miles de jóvenes moldavos estudian en Rumania , impulsados por el deseo de acceder a Europa. Exigen que se les conceda un pasaporte rumano, considerado como la contraseña para acceder al espacio Schengen en la UE.

Antes de que la Antigua Unión Soviética se la anexara tras las segunda guerra mundial, Moldova era territorio rumano. Dos tercios de los cuatro millones de moldavos hablan rumano, y el otro tercio ruso. Al caer la URSS en 1991, Moldova alcanzó su independencia, y se empobreció al volver al poder los dirigentes del Partido Comunista en el año 2001. Para las jóvenes generaciones Moldovas rumanohablantes, Rumania acrecentó su atractivo al adherirse a la UE en el año 2007. “Moldova no está preparada para integrar la UE, afirma el sociólogo Dan Dungaciu. Estos jóvenes quieren integrarse en la UE de forma individual. La clave está en la nacionalidad rumana.” El 14 de abril, el presidente rumano, Traian Basescu, se dirigió al Parlamento para apoyar la causa Moldova. “No podemos aceptar que a las nuevas generaciones Moldovas se les niegue la oportunidad de estudiar en Rumania u otros países europeos”, manifestó el mandatario. El Jefe de Estado le pidió al Gobierno de Bucarest que agilizara los trámites para concederle la nacionalidad a los moldavos rumanohablantes. Desde entonces, el consulado de Chisinau, capital de Moldova, ha recibido 800.000 solicitudes.

La nueva política de Bucarest envenena las relaciones entre ambos países. Las tensiones rumano-Moldovas llegaron a un punto crítico durante las elecciones legislativas del 5 de abril. Los manifestantes provocaron disturbios en Chisinau, llegando los jóvenes incluso a incendiar el Parlamento. La oposición democrática y proeuropea ponía en tela de juicio la victoria de los comunistas, dirigidos por el Presidente Vladimir Voronine, afín a Rusia. El Jefe de Estado moldavo acusó a Rumania de haber provocado los disturbios en Chisinau con la intención de anexar Moldova a su territorio, e impuso un régimen de visados para los residentes rumanos. La represión violenta de las manifestaciones anticomunistas de Chisinau no hizo más que incrementar la rabia de Basescu ante los parlamentarios rumanos: “En pleno siglo XXI, nos enfrentamos a la ausencia de un Estado de derecho, a la discriminación étnica, a la represión de los oponentes, a la censura, declaró el dirigente rumano. Todos estos elementos crean un ambiente de terror.”