La pequeña Grecia, cuyo Producto Interior Bruto representa tan sólo una pequeña parte del PIB europeo, ¿puede provocar una "alerta" en Europa y amenazar el interés mundial? Al parecer sí, a tenor de las declaraciones de los dirigentes europeos y la avalancha de observaciones y análisis de los periodistas extranjeros que se interesan por las dos votaciones de los diputados griegos, el 29 y el 30 de junio [la primera votación, el 29 de junio, será relativa a una ley de bases con la que Grecia se fija el objetivo de ahorrar 28.400 millones de euros entre 2012 y 2015 y obtener 50.000 millones de euros mediante cesiones y privatizaciones. La segunda votación, el 30 de junio, será sobre la ley de ejecución].

Hemos vivido y vivimos, al menos hasta el día 30 por la tarde, 48 horas de incertidumbre. Para Grecia y para la Eurozona. Si bien parece alejarse la posibilidad del rechazo al plan de austeridad por parte de los diputados, no hay que descartarla.

Es la primera vez que se produce una situación así desde el regreso de la democracia al país [en julio de 1974]. Porque hemos llegado al límite. Es lo que se desprende de la presión que pesa sobre los diputados que están llamados a pronunciarse sobre el plan de austeridad.

El Gobierno se enfrenta en este momento a una crisis imprevisible, ya que, aunque se apruebe el plan de austeridad (que sería gracias a los votos de los diputados de la oposición, en vista de la reticencia de algunos diputados de la mayoría socialista), se pondrá en tela de juicio el equilibrio del Gobierno.

Declaraciones con sabor a chantaje

Y eso lo saben bien los diputados del PASOK, el Partido Socialista en el poder, que dispone de una mayoría de 155 diputados sobre 300. Por un lado, sufren la presión de sus electores contra las medidas drásticas previstas por el plan de austeridad y por otro, se enfrentan al deber de apoyar al Gobierno. También son conscientes de ello en la sede del Gobierno, origen del ejercicio de persuasión del nuevo ministro de Finanzas, Evangelos Venizelos, para convencer a la mayoría parlamentaria con la promesa de un diálogo social.

Pero el problema griego agita también a los centros de poder europeos. Todos dirigen su atención hacia la plaza Syntagma, donde tienen lugar las principales manifestaciones contra el plan de austeridad. Las declaraciones de Van Rompuy o de Barroso, de Olli Rehn o de Wolfg****ang Schäuble****, con las que afirman que nuestro país "no tiene otra alternativa" y que "no hay plan B" pueden que conlleven un elemento de chantaje. Pero también aumentan la incertidumbre.

Por una parte, están las negaciones categóricas de los responsables institucionales de que "no hay un plan B" para Grecia. Por otra, surgen iniciativas en Francia y Alemania, sin que se conozcan sus detalles y con las que no podemos determinar cuál será la reacción de los mercados, algo que todo el mundo teme.

En este ambiente de incertidumbre, o de reserva, los diputados están llamados simplemente a decir sí o no…

* Última hora: el Parlamento heleno aprueba el plan de austeridad por 155 votos contra 138.