En la página de Facebookconsagrada al acontecimiento se leen, sobre todo, comentarios de este tipo: "Muchas palabras bonitas, pero ¿para cuándo cosas concretas?.La Asociación Oriental, ese proyecto estrella impulsado por Polonia, ¿no es realmente un juguete roto?"

Se han elaborado dos informes que evalúan el impacto de la Asociación. El primero lo ha redactado el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR). En él se destaca que la Unión Europea nunca ha estado tan presente como hoy en el espacio postsoviético. Sin embargo, no logra traducir esta presencia en poder ni influir realmente en la política de Armenia, Azerbaiyán, Bielorrusia, Georgia, Moldavia y Ucrania.

Incapaz de fomentar la democracia en estos países, la UE ya no se encuentra en la posición idónea para defender sus intereses económicos en esta región. Los autores del informe, Nicu Popescu y Andrew Wilson, subrayan un refuerzo de las tendencias autoritarias en todos los países de la Asociación, excepto en Moldavia. Bielorrusia, Armenia y Azerbaiyán no responden a ninguna norma democrática. En el caso de Ucrania y Georgia, sin duda más democráticos, no alcanzan el nivel de la democracia occidental.

El modelo Putin

Popescu y Wilson estiman que el fracaso de la democratización en Europa Oriental podría producir una agitación revolucionaria similar a la que se está produciendo en el norte de África y Oriente Próximo. Las consecuencias en este caso son previsibles: afluencia de inmigrantes ilegales, gastos para estabilizar los conflictos y envío de misiones de paz, de negociadores, de observadores, etc. Por lo tanto, a la UE le interesa implicarse en el Este sin demora.

El segundo informe sobre la Asociación Oriental ha sido elaborado por los analistas del Instituto de Asuntos Públicos (ISP) en Varsovia. Una de sus autoras, Elzbieta Kaca, afirma en él que *"después de dos años, el balance de la Asociación es negativo.**Sin embargo, todo podría cambiar en la cumbre de la Asociación Oriental del próximo otoño en Varsovia.* *Su éxito reforzaría el liderazgo de Polonia en la política oriental de la UE; sin embargo, si fracasa, se produciría la marginación de la Asociación".*

Este argumento, recalcado por los diplomáticos polacos, suena un tanto a fórmula mágica. Cuesta creer que una cumbre que reunirá a los dirigentes de seis países postsoviéticos y a la UE podrá por sí sola cambiar algo. Para que se desarrolle la Asociación, sigue siendo necesario que a la población de los países en cuestión le atraiga la idea y realmente esté interesada en una alianza con Europa. En lo que respecta a las élites, se muestran más seducidas por el modelo de Putin que por el europeo.

Rusia también juega

El auténtico desafío de la Asociación es dar a conocer la Unión en países como Armenia, Azerbaiyán y Bielorrusia e incitar a sus dirigentes a que opten por el modelo europeo. Para llevar a cabo esta misión no serán necesarios dos años, sino más bien dos decenios.

La implantación del modelo europeo parece más fácil en Georgia, en Moldavia y en Ucrania, donde las poblaciones están más a favor de Europa, al igual que las élites, al menos oficialmente. En estos tres países se trataría de transformar las palabras oficiales en actos.

Según los autores del informe del ISP, la clave del éxito de la Asociación reside en la conclusión rápida de un acuerdo de librecambio entre la UE y Ucrania, que de este modo se colocaría en la órbita económica comunitaria, con normas comerciales e impuestos aduaneros comunes. Al firmar un acuerdo así, Ucrania llevaría a cabo gran parte de su integración europea.

Los visados, el mejor medio

Este acuerdo podría firmarse durante la presidencia polaca de la UE, que comienza el 1 de julio. Pero a Ucrania le tienta otro acuerdo que hace la competencia al de la UE y con el que se constituiría una zona de librecambio con Bielorrusia, Kazajistán y Rusia, lo que comprometería cualquier convergencia económica con Bruselas. Puesto que la presión de Moscú es cada vez más fuerte, resulta difícil predecir cuál será la elección de las autoridades de Kiev.

El informe expone que facilitar la concesión de visados es el mejor medio para fomentar la orientación europea en los países de la Asociación. Sobre este aspecto, de nuevo es Ucrania el país que más ha progresado con su programa de dos fases hacia la exención de visado. Pero el acuerdo actual para facilitar la emisión de visados no menciona, para desesperación de los ucranianos, ninguna fecha concreta de finalización del proceso.

Moldavia desea negociar la aplicación de un plan similar cuyo fin sea la supresión de visados. Y ocurre lo mismo en el caso de Georgia, que de momento ha firmado un acuerdo sencillo con la Unión para facilitar la emisión de visados. A corto plazo, los demás países apenas pueden esperar más que la simple promesa de exención de visado en el futuro.

Es fundamental aumentar los recursos

El éxito de la Asociación también depende de grandes proyectos de modernización de los países en cuestión, como la renovación de la red eléctrica. Pero en muchas ocasiones, la falta de medios económicos asignados a la Asociación hace que sea imposible la realización de los proyectos, muchos de los cuales acaban olvidados en un cajón.

Por lo tanto, es fundamental aumentar los recursos financieros de la Asociación, en el contexto de la UE, o sumando a esta causa a otras instituciones como el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo o a socios capitalistas externos a la UE, como Estados Unidos, Japón, Noruega o Suiza. La financiación complementaria debería servir para llevar a cabo un proyecto mayor que, financiado en su totalidad con fondos propios, aportaría a la Asociación una visibilidad real.

De momento, este proyecto clave no funciona. Aunque un exceso de optimismo y de triunfalismo no vienen al caso, las afirmaciones de que la Asociación morirá antes incluso de nacer son también exageradas.