Ahora sí que ha comenzado la batalla del euro. Edward Altman, analista de Classis Capitai, ya lo había previsto hace un mes: “La batalla final por la supervivencia del euro no se librará en España, sino en las playas pintorescas y entre las catedrales de Italia”. Muchos piensan que al final, la quiebra de Grecia se puede soportar. Pero no ocurre lo mismo en el caso de Italia.

La tercera economía de la Eurozona, por detrás de Alemania y Francia, es demasiado grande como para dejarla quebrar, retomando la fórmula empleada tras la crisis estadounidense de 2008. Pero también es demasiado grande como para salvarla.

La deuda soberana griega asciende a 350.000 millones de euros, mientras que la de Italia equivale a 1,6 billones. En intereses por esta deuda, Grecia paga el equivalente al 6,7% de su Producto Interior Bruto (PIB); en el caso de Italia, el interés es del 4,8%, es decir, más que Portugal. En la comunidad financiera, algunos, siguiendo el ejemplo de Michael Riddell, de M&G Investments, ven más allá de la batalla y pronostican un “baño de sangre”.

Reducir la deuda es una quimera

En realidad, el resultado no tiene nada que ver con lo previsto. El mismo Altman destaca que “el resultado de la batalla no está claro”. A pesar de la montaña de deudas y la carga de intereses, las bases de la economía italiana, más allá de las incertidumbres políticas, siguen siendo mejores que las de otros países europeos en crisis.

Al contrario de lo que sucede en Grecia, las cuentas públicas, sin contar los intereses, están equilibradas. Dos tercios de la deuda pública se encuentra en manos de bancos y particulares italianos, y el país posee una gran base industrial susceptible de relanzarse con las exportaciones. Por otro lado, Italia registra un crecimiento económico anémico.

El PIB progresa cada año pero, sin contar intereses, la proporción de deuda/PIB aumenta en lugar de disminuir y con los ritmos actuales de crecimiento económico, su reducción es una quimera. Por ello, el banco Barclays Capital prevé para 2050 una proporción deuda/PIB al mismo nivel que el actual, del 120%.

Los fondos especulativos entran en juego

Esta doble lectura de la situación italiana explica por qué la especulación financiera ha tardado tanto en atacar a Italia. Para los especuladores, el hundimiento del euro y la extrema volatilidad que se producirá como consecuencia de ello representan una ganga. Pero como lo que está en juego es el euro, Europa se comprometerá para defenderlo y Estados Unidos se posicionará a su lado.

Un análisis de los datos realizado por M&G demuestra que los bancos europeos que han suscrito obligaciones italianas se han asegurado contra el impago adquiriendo CDS (credit default swaps), sobre todo en bancos estadounidenses. En caso de impago por parte de Italia, los bancos estadounidenses tendrían que desembolsar grandes sumas de dinero.

Pero todo esto es de sobra conocido. Entonces, ¿qué es lo que ha cambiado a principios de junio para convencer a los fondos especulativos estadounidenses de que intervengan en masa sobre la deuda soberana italiana? Según Financial Times, desde hace aproximadamente un mes, los fondos especulativos han empezado a realizar ventas al descubierto de obligaciones del Estado a medio y largo plazo (BTP, Buoni del Tesoro poliennali). Tras esta estrategia, no hay ningún deterioro especial de las finanzas públicas italianas.

La estrategia de la banca italiana

En gran medida, más allá de las incertidumbres sobre la acción del Gobierno, todo dependería de la actitud de los bancos italianos con respecto a la deuda pública nacional. Durante mucho tiempo, según explican los analistas de Citigroup, han adquirido sistemáticamente BTP, con la financiación del Banco Central Europeo (BCE).

La diferencia entre los intereses pagados y los percibidos les garantizan importantes beneficios. Según algunas estimaciones, los bancos italianos poseerían BTP equivalentes al 150% de su capital más las reservas. Pero en los últimos meses, esta estrategia poco a poco se ha vuelto menos rentable, y al mismo tiempo, estos mismos bancos veían cómo se agravaban sus problemas de financiación, ya que el coste de ésta tiende a seguir el de la deuda pública.

Esto, destaca Citigroup, no significa que los bancos italianos estén vendiendo BTP. Pero sí es cierto que adquieren menos y encomiendan a los inversores extranjeros poco entusiastas la tarea de superar el abismo que se crea en el momento de la oferta de los títulos públicos. La especulación se habría lanzado sobre este descenso esperado de la demanda, aumentando la ofensiva con un ataque en la Bolsa contra los mismos bancos.

¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué? Tras el hundimiento de ayer, la rentabilidad de los BTP a diez años se ha disparado, pasando de 4,62% a 5,68% en tan sólo cinco semanas. Y en el mundo financiero, señalan a una especie de regla del 7%. Gary Jenkins, de Evolution Securities, explica que, en el caso de Grecia, Irlanda y Portugal, cuando las rentabilidades superaron el 7%, el siguiente paso fue el rescate.

Pero cuanto más nos acercamos a este umbral, más se aceleran las cosas. De media, estos tres países permanecieron por encima del 5,5% durante 43 días de cambios, antes de superar el 6%. Luego se mantuvieron durante 24 días por debajo del 6% antes de llegar al 6,5%. Y 15 días después, superaban el 7%.