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DÍA 4

TASAS INCOMPRENSIBLES

Ellos también han optado por Ryanair para ahorrar. Bueno, al menos eso creían. Es cierto que con tres hijos de corta edad, Liam y Deirdre Ryan apenas tenían otra alternativa para irse de vacaciones fuera de su verde Erin. Él dirige una pequeña empresa de construcción al norte de Dublín, ella imparte clases de irlandés en colegios. Los Ryan tienen una autocaravana. "Pero traerla hasta el continente supone 1.700 euros. A esto hay que añadir el diésel, que no deja de subir, las plazas en los cámpings…", explica la pareja. El vuelo ida y vuelta a Cataluña, que les lleva al aeropuerto de Reus (a 1 hora y 20 minutos de Barcelona en autobús), les habrá costado 1.100 euros a los Ryan. *"Un precio razonable.**Lo más económico que hemos encontrado"*, seconsuela Liam, aunque esperaba haber encontrado un mejor precio. Porque ahora viene lo bueno. Primero, Ryanair aumentó hace poco un 12 % la tarifa media de sus billetes (39 euros) por la subida del precio del petróleo.

En segundo lugar, viajar en grupo no reduce las diferentes tasas existentes. Es lo que ocurre con la comisión de 6 euros que se cobra por el uso de la tarjeta de crédito (excepto la Mastercard Prepaid): ¡aunque se realice un solo pago por varios billetes, el comprador pagará esta tasa incomprensible por cada ida y cada vuelta de cada pasajero! Y pasa lo mismo con el registro en línea, que se cobra a 6 euros, multiplicado por el número de trayectos realizados. A esto hay que añadir una o varias maletas facturadas (entre 15 y 40 euros según el peso, el periodo, el número…) y el trago será aún más amargo.

Ahora podemos entender por qué los pasajeros se aferran tanto a la gratuidad del equipaje de cabina. Con la condición expresa, recordemos, de que éste respete el tamaño y el peso permitido a bordo… Lo mínimo que podemos decir es que los viajeros no son iguales entre sí. En Trapani, Frankfurt, Riga y Reus, nadie ha mirado ni por encima nuestras maletas. Por el contrario, en Londres y Charleroi, fueron escrupulosamente pesadas y sometidas a la prueba del "gálibo", una estructura metálica cuyas dimensiones reproducen las autorizadas.

El temor a ver cómo el equipaje acaba en la bodega a cambio de 40 euros provoca escenas extrañas. Hombres y mujeres, en ocasiones muy distinguidos, se ponen a cuatro patas en pleno aeropuerto para trasladar sus pertenencias de una maleta a otra. Algunos pasajeros no dudan en cubrirse de jerséis y abrigos para aligerar su carga en la maleta.

Otros hacen entrar la maleta con fórceps en el gálibo de metal y luego son incapaces de sacarla sin llevarse de paso una reprimenda. En Dublín, a un miembro de un equipo de fútbol que iba a disputar un partido en Oporto, le obligaron a vaciar la mitad de su bolso, para plegarlo en dos y pasar la prueba con éxito. Una extraordinaria comedia humana que se representa bajo la atenta mirada de los grandes escritores irlandeses, cuyas efigies adornan las paredes del aeropuerto. "La mentira parece dulce al principio, pero siempre acaba siendo amarga", se lee junto al retrato de Lady Gregory (1852-1932).

DÍA 5

VATRY, TAN LEJOS DE PARÍS

Hay que saber acabar un viaje triunfalmente. Ya conocíamos el aeropuerto de Vatry (Marne, norte de Francia), pues habíamos asistido el año pasado al lanzamiento de nuevas líneas comerciales en esta terminal dedicada a las mercancías. Pero no acordábamos de que fuera tan engorroso llegar a París, situado a 160 km. El destino, aunque se bautizó como "Paris-Vatry (Disney)", se dirige a los turistas que planean visitar Disneyland y/o la capital. El avión procedente de Oporto toma tierra a la hora en punto: las 15.05h. Cuarenta y cinco minutos después, arranca el único modo de transporte directo hacia Paris: un autobús que supuestamente nos deja junto a la torre Eiffel a las… ¡19 h y 45, es decir, 4 horas y 40 minutos después del aterrizaje! El vehículo debe prestar servicio de paso a tres hoteles de Disney.

Tal y como comenta un empleado del aeropuerto con una frialdad impresionante: "Bueno, si tiene tiempo, es sencillo".Pues claro. Aunque tenemos otra opción: coger un autobús hasta la estación de tren de Châlons-en-Champagne, y luego tomar un tren en dirección a la estación del Este. Qué más da que el coste de este último transbordo (36,90 euros) sea superior al precio de nuestro último vuelo (32,50 euros). París nos espera a menos de tres horas después del aterrizaje. No tiene importancia. O sí. Porque entonces, una serie de "actos vandálicos" sobre la vía producen un retraso de 30 minutos... Mantendremos nuestra actitud zen. Hay que mentalizarse de que todo va bien. Y si es necesario, echamos una ojeada a nuestro reloj "milagroso".