Nikos Fotopoulos, líder del sindicato más poderoso de Grecia, sentado en su oficina bajo las fotografías de Marx, Lenin y Che Guevara, mostraba un panfleto recién impreso de un montón. En él se leía “Estamos listos para nuevas batallas”.

“Realmente lo estamos”, afirmaba Fotopoulos mientras bebe a sorbos una bebida energética, seguida de un café expreso. “Seguiremos con las protestas en la calle porque aún tenemos asuntos pendientes con el Gobierno y la troika”, decía, haciendo referencia a los tres prestamistas extranjeros de Grecia: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea.

El mes pasado, entre protestas violentas, el primer ministro Yorgos Papandreu logró aprobar con muchas dificultades un nuevo paquete de medidas de austeridad en el Parlamento, entre las que se incluyen una serie de planes para vender 71.000 millones de dólares en activos estatales, una acción que los economistas y la troika consideran crucial para poner en orden el inflado sector público de Grecia. Pero que Papandreu pueda aplicar el plan dependerá en gran medida de personas como Fotopoulos. Su sindicato, Genop, representa a los trabajadores de la Empresa Pública de Electricidad, una empresa de propiedad conjunta del Estado y de inversores privados.

Cuando Genop apoyaba a Papandreu

El sindicato se opone con vehemencia a la privatización de entidades públicas y es conocido por sus protestas agresivas, entre las que se incluyen las huelgas de la Empresa Pública de Electricidad y en las que se han realizado cortes eléctricos que han costado a Grecia entre 29 y 40 millones de euros en las últimas semanas, según estimaciones de la empresa.

Genop constituye un problema especialmente espinoso para Papandreu. Se trata de una creación del Partido Socialista gobernante, que a lo largo de los años ha contribuido a crear el sistema laborista y de obtención de votos a cambio de trabajos y que ahora el primer ministro se ve obligado a desmontar. Para llevar a cabo las reformas, Papandreu tendrá que apuntar al corazón de su propio partido y aún queda por ver si tiene la fuerza, por no hablar del valor, para hacerlo.

La batalla con los trabajadores de la empresa eléctrica y su sindicato es aún más personal para Papandreu. En 2007, Fotopoulos mostró su apoyo a Papandreu como líder del Partido Socialista. Fotopoulos, sentado en su despacho, señalaba una serie de fotografías en las que Papandreu visitaba la oficina de la empresa eléctrica con los trabajadores del sindicato. Junto a ellas se encuentra una foto de Yorgos Papaconstantinu, actual ministro de Energía y Medio Ambiente en Grecia y responsable, entre otras cosas, de la venta de más intereses del Gobierno en la empresa de electricidad.

Una empresa rentable

El Gobierno posee el 51% de la empresa eléctrica y controla su consejo directivo. El Estado vendió el otro 49% en una privatización parcial en el año 2000. Fotopoulos, de 49 años, un hombre compacto, con barba y que da la mano con fuerza, afirmaba que el sindicato apoyó a Papandreu como líder del Partido Socialista en 2007 porque parecía “más accesible, más cordial, más cercano y más preocupado por nuestros problemas”.

“Le seguimos respetando como político y como persona”, comentaba, “pero creemos que estas políticas atroces van contra los intereses del pueblo griego”. En opinión de muchos analistas, la hostilidad entre el Partido Socialista y el sindicato es un indicio de las dificultades a las que posiblemente se enfrentará el Gobierno cuando venda más partes de la empresa de electricidad, tal y como está previsto para 2012.

A diferencia de otras empresas del sector público en Grecia, la empresa de electricidad es rentable y produjo unos beneficios de 790 millones de dólares en 2010 de los 5.785 millones de euros en ventas. Pero a los analistas les preocupa que la imagen de los beneficios futuros se nuble por las incertidumbres normativas y, sobre todo, por la influencia de los sindicatos.

"Se trata de cambiar una cultura"

Para muchas personas, el problema no estriba simplemente en la venta de intereses en las empresas gestionadas por el Estado, sino en cómo transformar el sector público de Grecia. “No se trata de ganar dinero: se trata de cambiar una cultura”, afirmaba Panagis Vourloumis, director ejecutivo del monopolio de las telecomunicaciones griegas OTE bajo el anterior Gobierno de centro-derecha.

La venta de empresas públicas es una acción impopular entre los griegos, que temen la venta masiva de activos estatales y aplauden a Genop y otros sindicatos por las protestas. Pero en la creciente división en Grecia entre los trabajadores del sector público y del privado, un número cada vez mayor de griegos consideran que los trabajadores de la empresa eléctrica en particular son una casta protegida y remunerada en exceso. Según Fotopoulos, los 21.000 miembros de Genop reciben de media un salario neto de 1.980 euros mensuales y sus 35.000 jubilados una pensión media neta de 1.496 euros al mes, mucho más que la media en Grecia.

“Los sindicatos son aún peores que los políticos”, afirmaba Theodoros Yiannopoulos, un vendedor de panecillos en un carrito del centro de Atenas. “Van a hoteles de cinco estrellas en Europa y envían aquí la factura”.

Un enredo surrealista

Se refería a un informe reciente publicado por el inspector de la administración pública de Grecia en el que se revelaba que desde la década de los ochenta, la empresa eléctrica había pagado a Genop más de 22 millones de euros, en parte para realizar “turismo social” o como ayudas para vacaciones, pero también para pagar las protestas contra la misma empresa, un enredo surrealista que refleja los complejos intereses creados y que ahora a Papandreu le está costando tanto desenredar.

Fotopoulos calificaba el informe de “campaña de desprestigio” y afirmaba que los subsidios eran parte del contrato negociado entre la empresa y el sindicato. Otros sostienen que la lucha es más política que económica. “El mayor reto es que los políticos crean que sigue habiendo un futuro sin sindicatos”, afirmaba Takis Athanasopoulos, que chocó duramente con Genop cuando era director ejecutivo de la Empresa Pública de Electricidad durante el anterior Gobierno.

Hubo un momento en el que la entrevista telefónica se interrumpió debido a un corte eléctrico producido por una de las protestas de Genop.