\"Ningún avance espectacular".No se puede esperar nada excepcional de la cumbre de los dirigentes de la eurozona del jueves 21 de julio en Bruselas para intentar salvar de nuevo a Grecia y también a la moneda única...

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Esperemos que la fórmula de Angela Merkel del martes en Berlín sea una antífrasis, una manera de atenuar las expectativas para que la sorpresa sea mayor.

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Hoy la cuestión ya no es esperar. Ya hemos esperado demasiado. Se impone lo excepcional, por no decir lo espectacular. Angela Merkel y Nicolas Sarkozy deben trabajar en ello, imperativamente. Y llegar a una conclusión.

La tragedia griega ha durado demasiado. La crisis ya no es una crisis de la deuda griega, es una crisis del euro, del gobierno europeo, sencillamente de Europa. Los europeos, indecisos y divididos, pueden seguir poniendo parches a un neumático demasiado desgastado, que es lo que llevan haciendo desde hace dieciocho meses. Así pueden prolongar provisionalmente el viaje. Pero con ello no solucionan el problema.

Las negociaciones que se están llevando a cabo entre los grandes responsables económicos de la zona ya no están a la altura de lo que está en juego. Cada uno intenta defender sus propios intereses, sin preocuparse por los colectivos. El espectáculo es lamentable. Y se convertirá en una situación explosiva.

Algunas reparaciones improvisadas, por ejemplo, un refuerzo de las municiones en el fondo europeo de estabilidad financiera, ese fondo destinado a ayudar a los países con dificultades, quizás permitan seguir avanzando, aunque sea un poco. Antes de que se produzca una nueva explosión. Cuando se oye que la novedad del día es un impuesto a los bancos, ya no sabemos si reír o llorar. Esta medida tan sólo sería un parche más.

Después de Grecia, Irlanda y Portugal, hay otros países afectados, como Italia y España. El contagio es ya una realidad. Toda Europa está amenazada, tanto su integridad, como su competitividad, incluso su existencia como gran potencia económica. Hay que salir de esta situación: es necesario cambiar el neumático.

La responsabilidad recae en Nicolas Sarkozy y en Angela Merkel. Son los únicos actualmente en Europa que pueden situarse por encima de los intereses particulares cuestionados en esta crisis y tomar partido por el interés general.

Y el interés general para todos es salvar al euro, lo que requiere sin duda nuevas transferencias de soberanía. El euro no es sólo la moneda de 350 millones de europeos. Es también un bien común, una de las grandes divisas del mundo. Algunos, en Alemania, creen que pueden pasar sin la moneda única. Pero están equivocados. La globalización no es una cuestión de uniformidad, sino de regionalización: el mundo del futuro estará compuesto por grandes bloques, sobre todo monetarios, que hablarán de igual a igual. Alemania se equivoca si cree que sería más fuerte sin Europa.

Merkel y Sarkozy se encuentran en un momento de su vida política en el que la Historia les llama, más allá de sus intereses nacionales inmediatos. Deben responder y estar a la altura: ante una crisis excepcional, se necesitan soluciones excepcionales.