El menguante interés de los estadounidenses por los asuntos internacionales y la vuelta de los rusos hacia una mentalidad soviética brindan una oportunidad a los europeos para que desempeñen una función de primer nivel en el ámbito internacional. Oriente Próximo, el Golfo y África del Norte se encuentran geográficamente cerca de Europa y ésta posee en estas zonas numerosos intereses económicos y estratégicos.

En los últimos decenios, Europa ha ido retrocediendo y ha quedado reducida a una especie de satélite, como en la época de la bipolaridad estadounidense-soviética de la Guerra Fría. Y todo ello a pesar de los vínculos históricos entre Europa y el mundo árabe. Tras los cambios producidos en la región, se ha dado un nuevo giro desde comienzos de año. Pero la crisis del euro ha encadenado a la Unión Europea y ha obligado a muchos países miembros a replegarse sobre sí mismos. Por ello, la idea de un plan Marshall para garantizar el éxito de la transición en Túnez y en Egipto se ha quedado en una promesa, ante la ausencia de medidas concretas.

Europa sigue interesándose tanto por los sucesos acontecidos en Liba, en Siria, en Yemen, en Bahrein, en Irán y en el Líbano, como en el conflicto israelí-palestino. Cada vez que los estadounidenses se han mostrado impasibles con respecto a Libia o Siria, han sido los europeos los que les han instado a que no se limiten a preocuparse por sus asuntos internos ni a tener pegada la vista en los resultados de las próximas elecciones.

Europa tiene que terminar con su tolerancia hacia Rusia

Cuando la administración de Barack Obama cometió un error que pagará bien caro, la representante de Asuntos Exteriores de la UE, Catherine Ashton, tomó las riendas y logró impedir una declaración extremadamente peligrosa del Cuarteto para Oriente Próximo [integrado por la ONU, Estados Unidos, la UE y Rusia].*

Europa también es importante con respecto a los rusos, que actúan como protectores de los regímenes de Trípoli, Damasco y Teherán en el Consejo de Seguridad de la ONU, con un desprecio total por las reivindicaciones de los pueblos. En cuanto a China, copia a Moscú en esta política de obstrucción que los soviéticos practicaban ya en la época del marxismo, haciendo planear la amenaza del veto.

La importancia de Europa reside en el hecho de que impide a los rusos que se abandonen a esta táctica de obstrucción sin explicaciones, seguros de poseer el arma del derecho de veto y dando prioridad sin escrúpulos a sus intereses nacionales por encima de la responsabilidad que recae en los miembros permanentes del Consejo de Seguridad: mantener la paz y la seguridad internacionales. Ante los rusos, Europa puede llenar este vacío, o bien coordinarse con Estados Unidos para apoyar a las incipientes democracias del mundo árabe.

La UE, un mero proveedor de fondos

No se trata en absoluto de decir que los europeos pueden sustituir a los estadounidenses en el ámbito internacional, ni que Obama puede contar con Europa para ahorrarse la necesaria reorganización de las relaciones entre Washington y sus principales aliados.

Actualmente es posible que nos encontremos ante dos bandos. El primero defiende el acercamiento entre la Liga Árabe por un lado y Rusia y China por otro, con el fin de defender a los regímenes ante el riesgo de tener que rendir cuentas por la represión de sus pueblos. El segundo lo dirige a nivel regional Turquía, con el apoyo de la UE y Estados Unidos.

Las organizaciones defensoras de los derechos humanos, tanto internacionales como locales, se encuentran presentes y actúan en Siria, Libia, Egipto, Túnez, Yemen, Palestina e Israel. Su aliado natural es la UE. Ésta tiene una eminente función que desempeñar en este periodo de repliegue estadounidense, de crispación rusa y de tendencias reaccionarias como las que se observan en la Liga Árabe. Catherine Ashton no es sólo capaz sino también digna de resaltar la función de la UE para que sirva a las aspiraciones democráticas y para que Europa ocupe un lugar en el mapa del mundo como potencia y como socio, en lugar de ser únicamente el proveedor de fondos que políticamente se queda a remolque de los demás.