La asamblea parlamentaria de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) aprobó el pasado mes de julio en Vilna (Lituania) “La reunificación de la Europa dividida”, una resolución que marca el vigésimo aniversario de la caída de los regímenes comunistas europeos y que ha pasado prácticamente desapercibida en la prensa. El texto fue aprobado con los votos a favor de 202 de los 214 delegados presentes, pese a la férrea oposición rusa. El documento de la OSCE, en el que se reconoce “el carácter único del Holocausto”, señala que “en el siglo XX, en Europa hubo dos grandes regímenes totalitarios, el nazi y el estalinista, responsables de genocidio, violaciones de las libertades y derechos humanos, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad”. También se recomienda a los países miembros que “condenen el totalitarismo de forma clara e inequívoca” (promesa que figura en el Documento de Copenhague de 1990), porque “conociendo la historia se puede evitar que ocurran crímenes semejantes en el futuro”.

La resolución se produce a pocos días de una fecha señalada. El Día Europeo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo se celebra, por iniciativa del Parlamento Europeo, el 23 de agosto —fecha de la firma del pacto germano-soviético de 1939— con el objeto de preservar la memoria de las víctimas de las deportaciones y del exterminio. Al equiparar el comunismo al nazismo se da un paso al frente con vistas a apoyar la resolución del Parlamento Europeo sobre la conciencia europea y el totalitarismo, que se debatirá en primavera, y en la que se insta a que se abran los archivos secretos y se aprueben importantes medidas que permitan reconstruir el pasado.

Para los rusos, Stalin aún es un héroe

La reacción rusa ha sido contundente. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso considera la decisión un “intento intolerable de distorsionar la historia con fines políticos”. Por su parte, el Parlamento ruso estima que la resolución es directamente “un insulto a la memoria de millones de soldados que dieron su vida para liberar a Europa del yugo nazi”. Mientras que para los rusos Stalin sigue siendo todo un héroe, en los países de Europa del Este se le condena porque brindó su apoyo a regímenes sanguinarios. Teniendo en cuenta, además, que Moscú vuelve a organizar grandes desfiles militares, como en los tiempos de la Unión Soviética, no es de extrañar que el de Rusia sea el gobierno poscomunista que menos esfuerzos ha hecho para reconocer los crímenes del comunismo, incluidos los del comunismo estalinista, y que haya hecho esfuerzos para reforzar las estructuras de la antigua KGB y el control que ésta ejercía en los procesos políticos.

Los bálticos no tienen acceso a los archivos de la KGB

Por otra parte, en virtud del decreto de creación de la Comisión de lucha contra la falsificación de la historia ligada a los intereses de Rusia, la Academia Rusa de Ciencias ha pedido a los directores de los Institutos de Historia que señalen las manipulaciones históricas y culturales de las que se acusa a las instituciones rusas y que aporten argumentos para rebatir dichas acusaciones. La resolución de la OSCE apunta directamente a Rusia cuando alude a la apertura de los archivos. El hecho de que los archivos rusos sigan siendo secretos afecta no sólo a los historiadores rusos, sino también a los de las antiguas repúblicas soviéticas. Cuando la KGB se retiró a Moscú, en 1991, se llevó consigo los documentos más relevantes recopilados en las repúblicas soviéticas y, con ellos, el derecho de estas naciones a entender su propio pasado.

Desde que Estonia proclamara su independencia, el Estado poscomunista dispone sólo de fichas de catálogo, pero no de los archivos secretos a los que hacen referencia. Como las fichas no revelan el papel que desempeñaban las personas mencionadas, son muchos los políticos que se declaran inocentes y alegan haber sido víctimas de la policía secreta, cuando en realidad fueron confidentes. En Lituania, la KGB se llevó casi todos los documentos de los archivos de la capital, pero no ocurrió así en los pueblos, lo que ha permitido reconstruir los hechos históricos. No cabe duda de que todos los países bálticos obtendrían una visión más correcta de su historia si tuviesen acceso a los archivos soviéticos de Moscú.