"Lloro todos los días", comenta riéndose Anna Pakos, una joven madre. Ocho horas al día, cinco días a la semana, se encarga de pelar cebollas en esta granja del pequeño pueblo de Zabice. El cobertizo donde trabaja está lleno de cajas de cebollas. "Pero eso no me dura mucho tiempo", añade con un tono tranquilizador.

En otro almacén, docenas de sacos tan altos como una persona esperan a Anna. Pero no le asusta. Está contenta, comenta: "Nos pagan dos euros por caja. Pelo quince cajas pequeñas al día". De esta forma, gana un sueldo neto superior al salario mínimo en Polonia, que es de alrededor de 350 euros al mes.

Anna trabaja con otros 40 peladores, fundamentalmente mujeres, para el agricultor neerlandés Derreck Bac. Con 28 años, es parte de los explotadores neerlandeses que, en los últimos años, se han instalado en Polonia y han creado allí prósperas empresas. A su primo Arnold Bac (de 30 años), que llegó en los años noventa, también le van bien los negocios. Pero las perspectivas son claramente menos florecientes que antes.

Política de disuasión agraria

La agencia nacional polaca de los terrenos agrícolas aplica una política de disuasión especialmente dirigida a los agricultores extranjeros. La agencia es propietaria de la mayoría de las tierras y las alquila. Los extranjeros no están autorizados a comprar (aunque esta norma puede esquivarse, por ejemplo, contrayendo matrimonio con un residente polaco). Pero ahora, cuando los arrendamientos agrícolas venzan, ya no se prolongarán 15 años como antes, sino uno o dos años.

La agencia se beneficia al recuperar una parte de las tierras alquiladas que reparte entre pequeños agricultores polacos, para ayudarles a hacer frente a la competencia. "Es un fastidio", afirma Arnold. "Nos podemos ir olvidando del rendimiento. Pero por otro lado, lo comprendo. Aquí, en este pueblo, las grandes empresas agrícolas compran todo lo que cae en sus manos. Los polacos no tienen ninguna posibilidad". Explica que la agencia siempre ha mantenido el derecho de requisar el 20% de las tierras alquiladas. Pero desde hace un año, lo aplica de forma sistemática.

Esta concentración parcelaria tiene motivos políticos: el Parlamento polaco está examinando una propuesta de ley destinada a establecer un límite en el tamaño de las explotaciones agrícolas. Más allá de ese límite, las tierras se recuperarán y se pondrán a disposición de los agricultores cuyos terrenos sean más pequeños.

Muchos empleos para tan poco rendimiento

Con esta iniciativa se favorecerá al final la creación de un mayor número de empresas agrícolas de tamaño medio (según los criterios polacos), de 10 a 50 hectáreas. El Parlamento aún no ha aprobado esta ley (aún está lejos de aprobarse), pero la agencia actúa ya según este criterio.

La ley sobre todo se ha ideado para sanear el sector agrícola. Polonia cuenta con alrededor de 2,4 millones de agricultores, de los cuales la mayor parte disponen de tan sólo 1 o 2 hectáreas. El sistema es extremadamente poco rentable; de este modo, según los especialistas, del conjunto de las empresas agrícolas, únicamente 400.000 son viables. Ahora bien, el sector representa alrededor del 4% del PIB y del 20% de los empleos. Por lo tanto, es necesario aplicar reformas y Polonia recibe además por ello importantes subvenciones europeas.

Por su parte, Arnold ha perdido así 200 hectáreas de las 1.600 que disponía. Se anticipó a la agencia, proponiendo la cesión de los terrenos más mediocres. Otros agricultores extranjeros, que sólo poseen terrenos de excelente calidad, se enfrentan en la práctica a muchos más obstáculos.

Una práctica que puede cambiar

De los cientos de agricultores neerlandeses que llegaron a Polonia en estos últimos 20 años, la mayoría han regresado a los Países Bajos. Por la simple razón de que, aunque en Polonia las tierras prácticamente no cuestan nada, la práctica de una agricultura intensiva basada en el modelo neerlandés aumentaría el precio excesivamente.

De hecho, en los Países bajos, los explotadores que practican este tipo de agricultura en muchos casos tan sólo poseen algunas hectáreas, mientras que en Polonia, las explotaciones llegan a las 30.000 o 40.000 hectáreas, lo que exigiría una cantidad considerable de abonos químicos y pesticidas, algo que sería extremadamente costoso.

Otro problema para los agricultores extranjeros es que la agencia cambia según las corrientes políticas en el poder. La propuesta actual cuenta con el apoyo del Partido Campesino, un socio minoritario dentro de la coalición que ocupa el poder el Varsovia. Pero el líder de la coalición, la Plataforma Cívica del primer ministro Donald Tusk, apoya a los grandes explotadores. En octubre, tendrán lugar las elecciones legislativas y la relación de fuerzas entre los dos partidos podría cambiar.