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Noche del 17 al 18 de mayo de 2012. Se ha convocado una nueva cumbre extraordinaria de los jefes de Estado y de Gobierno de los Veintisiete para vendar las heridas de la eurozona. A pesar de ser tan tarde, en el vestíbulo del Juste Lipse, sede del Consejo, se escucha el golpeteo sin cesar en los teclados. Algunos periodistas muerden unos infames sándwiches, con los pies apoyados en la mesa. Otros graban ante un micrófono la noticia del día siguiente.

"Reunión con el secretario general, ahora, sala FR 2.25."

El SMS del portavoz francés llega a las doce y media de la noche. La inusual presencia del secretario general del Elíseo es señal de la gravedad de la situación.

Pasada la una de la madrugada, Xavier Musca llega finalmente a la sala 2.25. Bordea las filas abarrotadas y se sienta en una simple silla plegable ante la apretada fila de periodistas encargados de seguir al jefe de Estado hasta en el menor de sus desplazamientos. Los rostros le resultan familiares.

"No voy a hacer una exégesis de la decisión de Karlsruhe. La conocen tan bien como yo. Básicamente, los jueces han expresado sus dudas sobre la soberanía fiscal del Parlamento. Los diputados tendrán que votar sobre las medidas de consolidación fiscal negociadas por la Comisión Europea, el BCE y el FMI con cada país en cuestión. Diría que es un asunto germano-alemán".

Hace una pausa y prosigue.

"En cambio, su segunda exigencia nos concierne a todos. Al Tribunal le preocupa la "variable moral" creada por esta red de seguridad. No es un asunto nuevo. El veredicto nos obliga a abordarlo más de frente de lo que hemos hecho hasta ahora. Por lo tanto, vamos a acelerar nuestros trabajos. En las próximas semanas, Klaus Regling, director general del Fondo de Estabilización del Euro, Olli Rehn, comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios y Mario Draghi, del BCE, trabajarán sobre esta cuestión con la autoridad europea de supervisión bancaria. No les puedo desvelar los detalles de su tarea. Las conclusiones del Consejo, que se publicarán mañana, se limitan a hacer constar en acta la creación del 'Club de Kirchberg'".

Kirchberg, el reino de los jueces comunitarios y la mayor lavadora de las finanzas mundiales, piensa Leesbey. En la llanura del mismo nombre que linda con la ciudad de Luxemburgo, se extiende desde los años sesenta el oscuro conjunto del Tribunal de Justicia de Luxemburgo. Recientemente, una multitud de empresas contables y filiales de bancos europeos especializados en la gestión de fortunas han instalado en este lugar sus oficinas de acero y cristal. También aquí se instaló el fondo europeo destinado a estabilizar el euro desde el verano de 2010.

- ¿Cuál será la función de este club?, pregunta un periodista.

- Elaborar un procedimiento de reestructuración o de impago que pueda implicar a todos los acreedores, públicos y privados.

- ¿Cómo ha recibido todo esto el presidente del BCE, Mario Draghi?

- Habría que preguntarle a él. Pero estoy convencido de que el Banco Central Europeo participará en el trabajo de forma constructiva.

El presidente del Banco Central en realidad se mostró enfurecido y no lo ocultó. Un año antes, en una reunión supuestamente secreta en Luxemburgo en la que se había planteado obligar a Grecia a que saliera de la eurozona, su predecesor había dado un portazo.

Desde el día siguiente a la quiebra de Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008, se suponía que la Comisión Europea trabajaría sobre el modo y la manera de declarar la quiebra de un banco sin hundir el sistema. De eso hacía tres años y medio. Y prácticamente no había avanzado nada.

En la sala de prensa, aún hay levantadas muchas manos. El corresponsal de un diario francés, autor de un conocido blog, toma la palabra.

- En definitiva, para proteger la soberanía del Parlamento alemán, van a ampliar esta soberanía a los presupuestos de los demás países europeos. ¿Realmente piensa que los demás lo van a aceptar? ¿No teme que lo que se considera indispensable según la Constitución alemana resulte incompatible con la de España, Grecia o Portugal?

- Usted es libre de hacer las interpretaciones que desee.

- ¿La tarea del Club de Kirchberg podrían concluir que un país u otro tenga que abandonar la eurozona, aunque sea temporalmente, como sugieren algunos en Alemania?

- Esa no es la intención.

Son más de las dos de la mañana. El secretario general se va como ha venido, sin informes ni notas. Sólo con unas ojeras más marcadas.

Mientras la sala se va vaciando con dificultad, Leesbey se vuelve hacia su compañera.

- ¿Tú crees que van a calmar a los mercados con esto?

- A los mercados no, al Bundestag, quizás.

Continuará...