La expulsión de los dos supuestos agentes de los servicios secretos rusos del territorio checo no se produjo de forma fortuita. Se trata del último suceso de una batalla que dura ya once meses y que ha enfrentado a la Alianza Atlántica y a Rusia. El objetivo era intentar deshacer la red internacional y muy organizada de agentes rusos que recopilan información confidencial en los países miembros de la OTAN. La operación de defensa de la Alianza Atlántica comenzó en septiembre del año pasado, con la detención de Herman Simm, un alto funcionario del ministerio del Interior estonio. Con dicha operación, indirectamente los servicios secretos checos pudieron desenmascarar a los dos "espías" rusos en Praga.

Nos remontamos al mes de septiembre de 2008. Esa mañana, al salir de su lujosa residencia, situada cerca de la capital estonia, Herman Simm, de 61 años, accedía a su limusina oficial. Su destino era el ministerio del Interior, donde se ocupaba de la coordinación de los intercambios de información y datos clasificados de alto secreto entre la sede de la OTAN y Estonia. Pero ese día, nunca llegaría a su oficina. Una unidad especial de la policía estonia le detuvo en el momento en el que salía de su vehículo, en pleno centro de Tallin. Era sospechoso de ser un espía que trabaja para Moscú.

Se determinó que Simm se reunía habitualmente con oficiales de alto rango que pertenecían al SVR(los Servicios secretos exteriores de la Federación Rusa) y que, a cambio de sumas de dinero, les proporcionaba información confidencial sobre la Alianza Atlántica, en especial sobre el proyecto de implantación de un sistema de defensa antimisiles americano en la República Checa y en Polonia y acerca de la futura estrategia de la OTAN sobre la defensa de los países bálticos en caso de un ataque ruso. En total, no menos de tres mil documentos y datos se transmitieron de este modo a los rusos.

Agentes rusos cada vez más activos

Para evitar la grave pena que sin duda le esperaba, Simm confesó al detalle sus actividades de espionaje e incluso facilitó a los investigadores estonios datos valiosos sobre la gran red de espías rusos que actuaba en diferentes países de la OTAN. Ésta comenzó entonces una operación cuyo objetivo era expulsar a los numerosos agentes rusos de los países de la Alianza. Hasta la fecha, la última acción más rotunda fue la del 17 de agosto. Los dos "expulsados" trabajaban en la embajada de Rusia como agregados militares. Al parecer, las revelaciones hechas por los servicios secretos checos sobre las actividades de espionaje de los dos hombres se consideraron tan graves que la decisión de expulsarles se tomó en unos minutos, aunque se mantuvo en secreto durante varios días. "Se ha determinado que, en la mayoría de los países miembros de la OTAN, los agentes rusos son cada vez más activos. Cuando se nos transmite una petición de visado diplomático para una persona de origen ruso, el nombre se busca en nuestra base de datos y en la de la OTAN, para comprobar si ya ha estado relacionada con una actividad sospechosa. Se puede decir que aproximadamente uno de cada dos nombres figura en las bases de datos", afirma un diplomático checo. Los dos hombres habían establecido una red de informadores extremadamente poderosa. Y con su expulsión no significa en absoluto que la red se haya erradicado.

¿Por qué Rusia se interesa tanto en la República checa?

Rusia tiene un interés especial por la República Checa porque es un país miembro de la Unión Europea y de la OTAN y porque debe acoger parte del dispositivo del escudo americano antimisiles [destinado a contrarrestar un supuesto ataque iraní] que deberá construirse en su territorio. Desde el inicio, los rusos consideran este proyecto ‘hostil’. No tanto porque se sientan amenazados por la República Checa, sino porque consideran que siempre ha formado parte de su ‘esfera de influencia’. Al menos es lo que declaró el pasado marzo el ministro ruso de Asuntos exteriores Sergej Lavrov. De hecho, los rusos se niegan a admitir que la República Checa pertenezca al mundo occidental y que por lo tanto esté condenada a reforzar sus estándares democráticos, algo que para Rusia significa sin duda un debilitamiento de su influencia.

Desde hace años, los servicios secretos checos se mantienen en alerta con respecto a los riesgos relacionados con el aumento de ‘la influencia’ rusa. Así, en su último informe, el Servicio de contraespionaje civil checo (BIS) escribía: "El sector económico o los grupos industriales que se encuentran bajo la influencia de los servicios secretos rusos pueden utilizarse como medios de presión políticos". Hace poco, uno de los principales responsables del BIS admitía a Respekt: "A lo largo de los últimos años, hemos constatado que los empresarios checos, de los que sabemos con certeza que reciben sumas de dinero procedentes supuestamente de Rusia, han intentado en numerosas ocasiones tomar el control de las empresas de telecomunicaciones, de los sistemas de información y de las infraestructuras de transportes, tanto líneas ferroviarias, como aeropuertos e incluso compañías aéreas".