A mediados de enero, cuando la nueva primera ministra danesa, la social-demócrata Helle Thorning-Schmidt suba al hemiciclo del Parlamento Europeo para presentar la presidencia danesa de la UE, quizás sea el comienzo de una dura partida para ella. La eurozona y el espacio Schengen, dos de los principales proyectos políticos de la UE, atraviesan una grave crisis. Y aunque Dinamarca no sea una parte importante en ninguno de los dos asuntos [pues no es miembro de la eurozona] estos influirán en gran medida en la presidencia y en el lugar del país en la UE.

Por lo pronto, ya estamos implicados en la reforma de Schengen. Para satisfacer al Partido Popular Danés [de extrema derecha], el primer ministro saliente, el liberal Lars Løkke Rasmussen, aceptó reforzar los controles aduaneros en las fronteras de Dinamarca,con lo que provocó a los países vecinos y a las instituciones europeas.

La "peligrosa tendencia" de Dinamarca

El 16 de septiembre,la Comisión Europea propuso finalmente exigir la autorización de Bruselas antes de cualquier restablecimiento provisional de los controles en las fronteras por parte de un país. El proyecto, inicialmente incluido en el orden el día de la Comisión del martes anterior, se ha aplazado como por arte de magia al día después de las elecciones legislativas danesas.

Más que preguntarse si se trataba de una iniciativa inteligente o de una estratagema, convendría constatar hasta qué punto la Comisión teme los debates nacionales sobre estas cuestiones. También resulta interesante observar el doble juego en la presentación del proyecto de la reforma de Schengen. Por una lado, se precisa que los controles aduaneros daneses no se encuentran en el origen del proyecto de la Comisión, ya que se trata de controlar la inmigración ilegal; pero, por otro, la comisaria encargada de estos asuntos, la sueca Cecilia Malmström, en privado ha señalado a Dinamarca como ejemplo de una "peligrosa tendencia" hacia el regreso de las fronteras interiores de la UE.

Este doble juego implica dos desafíos para la presidencia de la UE de Helle Thorning. Por una parte, aunque la batalla en las fronteras concierne sobre todo a la inmigración ilegal en Europa del Sur, se asocia inexorablemente a Dinamarca en el debate sobre la política europea; por otra, el ambiente en la UE en general está muy caldeado justo cuando Dinamarca retoma las riendas de Europa, cosa que no hacía desde 2002, durante la fastuosa época de la ampliación hacia el Este. Entonces, sobre todo se trataba de ver cómo la UE podía integrar al máximo número de países miembros posible en el máximo de ámbitos.

Una renegociación difícil de los tratados

Con las crisis dentro del espacio Schengen y la eurozona, actualmente nos preguntamos más bien sobre las condiciones necesarias para excluir a un país. Pero el proyecto presenta también una novedad: un país que no garantiza la seguridad de las fronteras exteriores de la UE debe poder excluirse provisionalmente del espacio Schengen.

En el seno de la Comisión, esta disposición se califica como “cláusula griega”. En principio podría afectar también a Italia u otros países, pero se dirige sobre todo al débil sistema de inmigración de Grecia. Y el círculo se cierra con el otro seísmo político del momento, la crisis de la deuda en la eurozona. Grecia se ha convertido en el símbolo mismo de un caos administrativo y de un endeudamiento cada vez más pesado de soportar para Alemania y los demás países ricos de la eurozona.

Cuando el presidente francés y la canciller alemana aseguraron el 14 de septiembre que no tenían intención de excluir a Grecia de la eurozona, su declaración tuvo casi el efecto inverso al previsto. Porque, el mismo hecho de que Sarkozy y Merkel sintieran que era necesario aclararlo era impensable hace unos años.

Hasta diciembre de 2009, con el Tratado de Lisboa, la UE no dispuso de normas que autorizasen explícitamente a un país a salir de la UE. Sin embargo, no podemos ser excluidos, no más que de la eurozona, a menos que Alemania, Países Bajos u otros estén de acuerdo en realizar una reforma completa de las normas fundamentales. En este caso, la presidencia danesa podría tener que encargarse de una nueva y difícil negociación de los tratados comunitarios.