Durante el IX Seminario de la Oficina de Europa [en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid], hemos tenido la oportunidad de comprobar que las relaciones de la Unión Europea con Rusia, se encuentran en un buen momento. Gracias a la política de vecindad que la Unión Europea está iniciando con los países de la antigua Unión Soviética, parece que hemos aliviado las tensiones que existían provocadas principalmente por la política de ampliación de la Unión y su acercamiento a estos países.

Países como Ucrania, históricamente vinculado a Rusia, ha manifestado su interés en presentar su candidatura para la adhesión a la Unión Europea, y muestra clara de que los 27 sopesan esa posibilidad, es el impulso que ha experimentado el dialogo con este país. La Unión Europea es consciente de que la perspectiva de una posible adhesión es crucial para que estos estados continúen con las reformas internas necesarias para transformarse en democracias activas y sólidas. No obstante, esta posibilidad de adhesión, debe tratarse con cautela y siempre teniendo en cuenta que de producirse el inicio de estas negociaciones sería en un futuro, de momento no muy cercano, y con el previo cumplimiento de los requisitos que imponen los Criterios de Copenhague por parte de estos países.

En el marco del Seminario, tuvimos acceso a las conclusiones de la Asociación Oriental celebrada en septiembre en Varsovia. La Embajada de Polonia manifestó su interés en convertir la AO en una de las prioridades durante su Presidencia, sin embargo, deberá luchar contra el poco interés que manifiestan por ella algunos países más occidentales de la UE, que lo ven más como un foco de “problemas” que una asociación productiva; por otro lado, la ausencia del presidente bielorruso, Alexandr Lukashenko en la cumbre, puso de manifiesto la falta de consenso entre los mismos miembros de la AO, dejando por tanto no muy claro su interés en formar parte de una estructura, donde lo que cuenta es el consenso y no las decisiones unilaterales.

Rusia debe animar a estos países a que solucionen sus problemas internos, no sólo con vistas a que formen parte de la Unión Europea (circunstancia que no sabemos hasta qué punto agrada en el Kremlin) si no por la estabilidad regional, que también les beneficia. En un momento en que se cuestiona hasta donde deben llegar los límites fronterizos de la Unión, y las alianzas sufren reveses inesperados, para estos estados ofrecer una imagen de estabilidad es su mejor moneda de cambio. Nadie quiere en su club a un socio problemático, y mucho menos cuando nos azota una crisis económica que requiere mucho trabajo interno y nos deja poco tiempo para mirar hacia fuera.

La Unión Europea ha comprobado lo que significa incorporar países con los deberes pendientes que no están preparados para tomar parte en la maquinaria europea, y que además ralentizan a los demás países, provocando o más bien, “perpetuando” la Europa a dos velocidades en ámbitos que deberían estar armonizados desde el principio.

La mayoría de los países de la antigua Unión Soviética tienen todavía un gran trabajo pendiente en democratización y lucha contra la corrupción en sus instituciones; este trabajo deben llevarlo hecho a la hora de presentar sus candidaturas y manifestar su interés en formar parte de la Unión Europea, deben ser claros con su intenciones y con las acciones que van a llevar a cabo, y por qué no, tomar ejemplo de Croacia, país que ha cumplido con los requisitos exigidos de manera meticulosa y eficiente; de otro modo, algunos de estos países pueden convertirse en nuevos “eternos candidatos”.

Ana González Marín, LL.M

Coordinadora Oficina de Europa

Secretaria Académica Instituto Robert Schuman

Universidad Francisco de Vitoria