Iba a ser una cumbre histórica porque decidiría el futuro del euro, pero finalmente el Consejo Europeo del 8 y 9 de diciembre será recordado como el del veto de Londres. Así se deduce de los artículos publicados por la prensa española, que se ha remontado hasta la Edad Antigua para explicar la postura de David Cameron en Bruselas.

Para El País, la autoexclusión de Gran Bretaña deja al resto de los europeos “libres de la losa de un socio que vivía de no dejar avanzar a los otros”. Además, debilita la coalición entre conservadores y liberales británicos en una situación aciaga tanto para el Reino Unido como para la Unión Europea según el historiador Timothy Garton Ash. Para Vidal-Folch es el “comienzo de la doble velocidad formal” y el tercer gran avance hacia la unificación económica tras el Informe Werner (1970) y el Tratado de Maastricht (1991).

Ignacio Escolar, columnista de Público, muestra una opinión parecida al considerar que esta “nueva Europa” acaba con el bloqueo de la unanimidad y completa parte de las tareas pendientes desde Maastricht. Un tratado con en el que, según José Antich, director de La Vanguardia, Gran Bretaña inició un camino que ahora puede estar empezando a desandar. Y es que la posibilidad de que el Reino Unido abandone la UE ha dejado de ser algo impensable.

Los periodistas del diario barcelonés han sido los primeros en alejarse algo más en el tiempo para explicar la postura del primer ministro británico. Han mencionado la teoría de George Steiner de que Europa se ha hecho en los cafés del continente, han citado una obra francesa de los años treinta e incluso han recurrido a una cita del duque de Wellington – “Siempre hemos sido, somos y espero que seamos detestados en Francia” – para definir la relación entre David Cameron y Nicolás Sarkozy.

El Mundo también ha tratado la tensa relación entre los dos primeros ministros recogiendo una viñeta publicada en portada por The Times. Además, se ha remontado hasta tiempos de Julio César para explicar la relación amor-odio entre el Reino Unido y la Europa continental, y ha afirmado que la actitud de Cameron constituye un paso más en “la tradicional posición británica”, recordando, al igual que El Periódico, la figura de Margaret Thatcher.

En ABC, Martin Ferrand se ha referido a Winston Churchill para recordar las responsabilidades en el continente de “la pérfida albión”, e Ignacio Camacho ha señalado que las improntas históricas – “el viejo aislacionismo británico, la desconfianza francesa, la vocación de liderazgo alemana, los temores polacos, la inestabilidad italiana, la mirada recelosa de los centroeuropeos hacia los meridionales” – siguen teniendo importancia en los equilibrios de poder de la UE.

Un proceso de integración europea en el que, según ABC, ha comenzado un nuevo capítulo tras una cumbre en la que se ha podido comprobar que hay más países dispuestos a profundizar en la integración que a “quedarse anclados en el espejismo de la defensa de la soberanía nacional”. A pesar de ello, el diario monárquico también ha alertado en un editorial sobre la aparición de un sentimiento anti-británico en el continente y ha afirmado que una vuelta al nacionalismo sería un error, tanto para el Reino Unido como para el resto de Estados miembros.

Álvaro Jimena

Licenciado en Periodismo e Investigador en Historia Contemporánea en la UCM